Chapter 4: El poder que nadie esperaba

La sombra atravesó la entrada como humo vivo.
No rompió la puerta.
No necesitó hacerlo.
Simplemente pasó.
El aire se volvió pesado.
Mis piernas temblaron, pero no retrocedí.
Durante años había permitido que personas más pequeñas que esa criatura me hicieran sentir débil.
No iba a hacerlo otra vez.
La criatura extendió sus dedos oscuros hacia mi pulsera.
La luz dorada explotó.
Una onda de energía recorrió toda la casa.
Los hombres de negro salieron despedidos hacia atrás.
El hombre mayor permaneció de pie.
Pero su expresión había cambiado.
Ya no veía a una mujer indefensa.
Veía una amenaza.
“—Imposible.””
Lo miré.
“—¿Qué?””
Apretó los dientes.
“—La magia protectora solo debería responder a un guardián entrenado.””
Miré mi mano.
“—Entonces supongo que tendrá que acostumbrarse.””
La sombra rugió.
No era un sonido normal.
Parecía una mezcla de cientos de voces susurrando al mismo tiempo.
Daniel tomó mi brazo.
“—Mamá, tenemos que irnos.””
Lo aparté suavemente.
“—No.””
Me miró sorprendido.
“—¿No?””
“—Toda mi vida huí de problemas que otros crearon. Esta vez no.””
Valeria observaba desde atrás.
Sus ojos estaban llenos de culpa.
“—Eva…”
La miré.
“—Tú sabías que esto podía pasar.””
Ella asintió.
“—Sí.””
“—Y aun así me dejaste sola.””
Valeria bajó la cabeza.
“—Pensé que si vivías una vida normal estarías segura.””
“—Una vida normal donde mi propio hijo me veía como una cuenta bancaria.””
Daniel cerró los ojos.
Esa frase le dolió.
Porque era la verdad.
La sombra volvió a moverse.
Esta vez más rápido.
Levanté mi mano por instinto.
No sabía qué hacer.
No sabía cómo usar la magia.
Pero la pulsera sí.
Una barrera dorada apareció frente a mí.
La criatura chocó contra ella y lanzó un grito.
El hombre mayor dio un paso atrás.
“—Ella no controla el poder.””
Sonrió ligeramente.
“—El poder la controla a ella.””
Sus palabras me preocuparon.
Porque sentí algo dentro de mí.
Una fuerza enorme.
Una parte de mí que no conocía.
La pulsera comenzó a mostrar imágenes.
Ricardo.
Una casa antigua.
Personas de generaciones pasadas usando la misma energía.
Y entonces lo vi.
A mí misma.
Pero no como era ahora.
Como alguien diferente.
Una mujer sosteniendo la misma luz frente a una multitud.
“—¿Qué es esto?”” susurré.
La voz de Ricardo apareció en mi mente.
“No heredaste magia, Eva.””
Cerré los ojos.
“No heredaste una herramienta.””
La luz aumentó.
“Hereditaste una promesa.””
Abrí los ojos.
La criatura seguía frente a mí.
Pero ahora podía verla.
No era solo oscuridad.
Era dolor.
Una energía corrompida por años de odio.
“—Tú también fuiste abandonada,” dije.
Todos me miraron confundidos.
La sombra se detuvo.
El hombre mayor frunció el ceño.
“—No le hables.””
No le hice caso.
Di un paso adelante.
“—Alguien te convirtió en esto.””
La criatura tembló.
Por un segundo, la oscuridad alrededor de su cuerpo disminuyó.
Daniel susurró:
“—Mamá…”
Pero entonces el hombre mayor levantó su mano.
Una marca negra apareció en su palma.
La sombra volvió a gritar.
“—Ella no es tu salvadora.””
Me giré hacia él.
“—¿Qué le hiciste?””
“—Lo mismo que haremos contigo si no entregas la pulsera.””
La rabia reemplazó al miedo.
“—Toda mi vida hubo personas intentando decirme qué hacer.””
La energía dorada cubrió mis brazos.
“—Mi esposo.””
Respiré.
“—Mi hijo.””
Miré a Daniel.
Él bajó la mirada.
“—Ahora ustedes.””
La casa entera comenzó a vibrar.
“—Pero se acabó.””
El hombre mayor sonrió.
“—Todavía no entiende.””
Señaló hacia la ventana.
Afuera, decenas de figuras aparecieron en la calle.
No eran vecinos.
No eran personas comunes.
Todos llevaban la misma marca oscura.
Daniel palideció.
“—No vinieron solo por la pulsera.””
Lo miré.
“—¿Entonces por qué?””
Él tardó en responder.
Y cuando habló, su voz estaba llena de miedo.
“—Porque el verdadero poder nunca estuvo en la pulsera.””
La luz dorada desapareció de repente.
Todos quedaron en silencio.
Daniel miró directamente hacia mí.
“—Mamá… está dentro de ti.””
Y en ese instante, la puerta principal se abrió lentamente detrás de mí.
Alguien más había entrado.
Alguien que conocía mi nombre.
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Alguien que dijo una sola frase que hizo que incluso los Guardianes Oscuros retrocedieran.
“—Eva… por fin despertaste.””