Chapter 3: Los guardianes de la sombra

La puerta volvió a golpear.
Esta vez más fuerte.
Las ventanas vibraron y las pequeñas luces doradas que flotaban alrededor de mi pulsera comenzaron a moverse como si sintieran peligro.
Daniel retrocedió.
Por primera vez en muchos años, vi miedo verdadero en los ojos de mi hijo.
No era miedo hacia mí.
Era miedo hacia lo que estaba afuera.
“—¿Quiénes son?”” pregunté.
Daniel no respondió.
“—Daniel.””
Mi voz hizo que levantara la mirada.
Él parecía un niño otra vez.
El mismo niño que una vez se escondió detrás de mí durante una tormenta.
Pero ahora era un hombre adulto que había tomado mis sacrificios como si fueran su derecho.
“—Son los Guardianes Oscuros,” dijo finalmente.
Sentí un escalofrío.
“—¿Guardianes?””
Valeria cerró la puerta con seguro.
“—No son como nosotros.””
La miré.
“—¿Nosotros?””
Ella bajó la mirada.
Ese pequeño movimiento confirmó lo que ya sospechaba.
Valeria sabía más de lo que había admitido.
“—Explícame todo.””
Daniel respiró profundamente.
“—Papá pertenecía a una familia que protegía una fuente de energía antigua. Una magia que existe desde hace siglos.””
Señaló mi pulsera.
“—Cuando él murió, todos pensamos que el poder desaparecería.””
“—¿Todos?””
Daniel no contestó.
Mi corazón se endureció.
“—¿Tú sabías esto y nunca me dijiste?””
Él apretó la mandíbula.
“—Mamá, era peligroso.””
Solté una risa amarga.
“—¿Peligroso? ¿Más peligroso que dejarme pagar tus cuentas durante años?””
La frase lo golpeó.
Por primera vez no tuvo una respuesta rápida.
La puerta volvió a sonar.
Tres golpes lentos.
Como si quien estuviera afuera supiera exactamente cuánto miedo estaba causando.
Entonces una voz masculina atravesó la madera.
“—Eva Morales.””
Sentí que la sangre se me congelaba.
No por escuchar mi nombre.
Sino porque esa voz parecía conocerme desde mucho antes de haberme visto.
“—Sabemos que despertaste el legado.””
Valeria susurró:
“—No abras.””
Miré a Daniel.
“—¿Ellos saben quién soy?””
Él asintió lentamente.
“—Desde hace años.””
Me quedé quieta.
“—Entonces explícame algo. Si sabían que existía esta magia… ¿por qué me dejaron vivir una vida normal?””
Daniel apartó la mirada.
Y esa fue la respuesta.
Había algo que no me estaba diciendo.
“—Porque pensaron que nunca despertarías,” dijo Valeria.
La miré.
“—¿Pensaron?””
Ella tragó saliva.
“—Eva…”
“—No. Habla.””
Valeria se sentó.
Su seguridad de siempre había desaparecido.
“—Cuando Ricardo murió, Daniel fue contactado por ellos.””
Sentí un vacío en el pecho.
Miré a mi hijo.
“—¿Es verdad?””
Él no pudo sostener mi mirada.
“—Me dijeron que mantuviera la pulsera lejos de ti.””
Silencio.
Un silencio que dolía más que cualquier grito.
“—¿Y tú obedeciste?””
“—Mamá, quería protegerte.””
“—No.””
Mi voz salió tranquila.
Demasiado tranquila.
“—Querías decidir por mí.””
Daniel bajó la cabeza.
Porque sabía que era verdad.
Durante años había usado mi amor como una cadena.
Y ahora descubría que también había usado mi ignorancia como protección.
La puerta recibió otro golpe.
Más fuerte.
La madera comenzó a agrietarse.
La luz de mi pulsera se volvió intensa.
Algo dentro de mí cambió.
Antes habría sentido miedo.
Habría buscado una solución para que todos estuvieran cómodos.
Habría intentado arreglar el problema de otros.
Pero esa mujer ya no existía.
“—Aléjense de la puerta,” dije.
Daniel levantó la mirada.
“—¿Qué vas a hacer?””
No respondí.
Caminé hacia la entrada.
Valeria se puso de pie.
“—Eva, no sabes controlar ese poder.””
Toqué la cerradura.
“—Quizás no.””
Miré la pulsera.
“—Pero sé algo.””
La energía dorada recorrió mis dedos.
“—Ya pasé demasiado tiempo dejando que otros decidieran cuánto valgo.””
Abrí la puerta.
Del otro lado había cinco personas vestidas con largos abrigos negros.
No parecían soldados.
Parecían personas normales.
Y eso los hacía más inquietantes.
Al frente estaba un hombre mayor con cabello completamente blanco.
Me miró como si estuviera viendo algo imposible.
“—La heredera despertó.””
Uno de los hombres detrás de él dio un paso adelante.
“—Entréguenos la pulsera.””
Lo observé.
“—No.””
El hombre sonrió.
“—No entiende lo que tiene.””
“—Tal vez.””
Levanté la mano.
“—Pero entiendo algo más importante.””
La energía dorada iluminó el pasillo.
“—No le pertenece a nadie que venga a quitármela.””
El hombre mayor entrecerró los ojos.
“—Ricardo cometió un error al casarse con una mujer sin sangre mágica.””
Mis dedos se cerraron.
La temperatura de la habitación bajó.
“—No vuelvas a hablar de mi esposo.””
Por primera vez, el hombre dejó de sonreír.
Porque vio algo en mí.
Algo que ni yo sabía que existía.
“—Interesante.””
Miró la pulsera.
“—La magia no eligió a la descendiente de sangre.””
Hizo una pausa.
“—Te eligió a ti.””
Antes de que pudiera responder, las luces de toda la casa se apagaron.
Y una sombra enorme apareció detrás de ellos.
Una sombra que no pertenecía a ningún humano.
Daniel gritó:
“—¡Mamá, aléjate!””
Pero ya era demasiado tarde.
Porque la criatura extendió una mano oscura hacia mí.
Y la pulsera respondió.
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No con miedo.
Con furia.