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PARTE 2 : EL HOMBRE QUE HABÍA MUERTO DOS VECES

Ethan sostuvo la tarjeta sin comprender.

Daniel Cross había fallecido en un accidente de carretera. La noticia había afectado a toda la empresa. El coche fue encontrado destrozado junto a un barranco y el cuerpo fue identificado por registros dentales.

Ethan incluso había asistido al funeral.

Laura cerró la puerta del dormitorio.

«Baja la voz».

«¿Por qué tienes la identificación de un muerto?»

Ella miró hacia el pasillo.

«Porque Daniel no murió».

Ethan creyó haber escuchado mal.

«Acabo de oír a un hombre aquí dentro».

«Era él».

«¿Dónde está?»

Laura señaló la pared situada detrás del armario.

Ethan la observó con incredulidad.

Laura caminó hasta una estantería, retiró dos libros y presionó un pequeño interruptor oculto. Una sección de la pared se desplazó varios centímetros.

Detrás había un pasadizo estrecho.

Ethan retrocedió.

«¿Desde cuándo existe eso?»

«Desde antes de que compráramos el apartamento».

Una figura salió de la oscuridad.

Era Daniel Cross.

Había envejecido en pocos meses. Tenía barba, ojeras y una cicatriz en la mejilla. Vestía pantalones oscuros y una camisa blanca parcialmente abotonada.

Ethan lo miró de arriba abajo.

«Los zapatos son tuyos».

Daniel asintió.

«Lo siento».

Ethan se volvió hacia Laura.

«¿Desde cuándo escondes a un hombre muerto en nuestra casa?»

«Tres semanas».

«¿Y las risas?»

Laura cerró los ojos.

«Estábamos escuchando una grabación».

Daniel sacó un teléfono del bolsillo y reprodujo un audio. Las mismas voces volvieron a escucharse.

«Eres increíble».

«Tú también».

Ethan reconoció la voz de Laura, pero ahora percibió algo distinto. Sonaba demasiado limpia. Demasiado perfecta.

«Es una grabación manipulada», explicó Daniel. «Queríamos comprobar si podía escucharse desde el pasillo».

Ethan apretó la tarjeta entre los dedos.

«¿Para engañarme?»

Laura negó.

«Para engañar a quien estuviera vigilando el apartamento».

Ethan sintió que la ira daba paso a una inquietud más profunda.

«¿Quién nos vigila?»

Daniel caminó hacia la ventana y cerró las cortinas.

«La empresa».

Ethan soltó una carcajada amarga.

«Trabajo allí desde hace once años. No inventes tonterías para justificar esto».

Daniel lo miró fijamente.

«Tú no trabajas para una empresa normal».

Sacó una memoria de su bolsillo y la colocó sobre la mesa.

«Hace ocho meses descubrí que la compañía estaba lavando dinero a través de contratos falsos. Parte de ese dinero financiaba sobornos, amenazas y desapariciones».

Ethan miró a Laura.

«¿Tú sabías esto?»

«No al principio».

«¿Cuándo lo descubriste?»

«Después del funeral».

Laura explicó que Daniel había contactado con ella porque Ethan estaba a punto de ser ascendido a director regional. El nuevo puesto le daría acceso a documentos comprometidos y lo convertiría en un posible testigo.

O en un objetivo.

Ethan negó con la cabeza.

«¿Por qué acudir a ti y no a mí?»

Daniel respondió.

«Porque tu teléfono está intervenido. Tu correo también. Cada vez que viajas, alguien registra tu habitación».

Ethan recordó una maleta abierta en Boston. Una puerta que parecía no cerrar bien en Seattle. Un hombre que había visto dos veces en aeropuertos distintos.

«¿Quién dirige todo?»

Daniel miró a Laura antes de responder.

«Martin Voss».

El presidente de la empresa.

El hombre que había felicitado a Ethan personalmente por su ascenso.

El hombre que cenaba con ellos una vez al año.

Ethan sintió un frío intenso.

«¿Qué pruebas tienes?»

Daniel señaló la memoria.

«Cuentas, nombres y grabaciones».

«Entonces entrégalo a la policía».

Laura negó.

«Ya lo intentó».

Daniel levantó la manga. En su brazo había una cicatriz larga.

«El detective al que contacté trabajaba para Voss. Dos días después intentaron matarme».

Ethan miró la ventana.

La ciudad seguía brillando bajo el atardecer, completamente ajena a lo que ocurría en aquel dormitorio.

«¿Y fingiste tu muerte?»

«Fue la única manera de seguir vivo».

Ethan caminó hacia Laura.

«Me mentiste durante semanas».

«Intentaba protegerte».

«No. Me convertiste en un extraño dentro de mi propia vida».

Laura comenzó a llorar.

«Si te lo decía, ibas a enfrentarte a ellos. Te conozco».

Ethan guardó silencio.

Ella tenía razón.

Daniel recogió la memoria.

«Debemos irnos. El golpe de la maleta pudo activar el micrófono del pasillo».

Ethan lo miró.

«¿Hay un micrófono en mi casa?»

Daniel se acercó al cuadro abstracto y retiró un pequeño dispositivo de la parte posterior.

Ethan palideció.

En ese momento sonó el timbre.

Los tres se congelaron.

Laura miró la pantalla del portero.

Era Martin Voss.

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Estaba solo, sonriendo a la cámara.

«Ethan», dijo a través del altavoz. «Sé que has vuelto. Tenemos que hablar».

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