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PARTE 2: EL SECRETO DETRÁS DEL UNIFORME

El director Valdés reaccionó primero.

¿Inspectora?

Claudia Ferrer lo miró.

Sí, señor Valdés. Inspectora jefe de Asuntos Internos Penitenciarios.

Un murmullo recorrió el patio.

Mara cerró los puños.

De repente, todo tenía sentido.

La postura.

La calma.

La manera de defenderse.

Y, sobre todo, aquella mirada de alguien que ya sabía demasiado.

Lucía había trabajado durante doce años investigando corrupción dentro del sistema penitenciario.

Tres meses antes, una funcionaria llamada Sara Molina había contactado en secreto con Asuntos Internos.

Había descubierto algo extraño en Santa Lucía.

Medicamentos desaparecidos.

Teléfonos entrando ilegalmente.

Dinero entregado a determinadas reclusas.

Expedientes disciplinarios que desaparecían.

Visitas sin registrar.

Todo apuntaba a una red organizada.

Sara había prometido entregar pruebas.

Nunca llegó a hacerlo.

Una noche apareció inconsciente en un almacén.

La versión oficial dijo que había sufrido una caída accidental.

Pero Lucía encontró algo que la policía inicialmente había pasado por alto.

Un mensaje programado por Sara pocas horas antes:

“Si me ocurre algo, mirad a quienes dejan que Mara mande.”

Por eso Lucía había entrado encubierta como una simple funcionaria trasladada.

Necesitaban observar quién intentaría acercarse a ella.

Y Mara lo había hecho en menos de una hora.

Registrad la oficina del director, ordenó Claudia.

Valdés dio un paso atrás.

Esto es absurdo.

Lucía finalmente lo miró.

Tenemos una orden judicial.

Llevo veintitrés años trabajando aquí.

Precisamente por eso debería conocer el procedimiento.

Dos investigadores acompañaron al director hacia el interior.

Mara intentó alejarse.

Tú te quedas, dijo Lucía.

Mara se giró.

No tienes nada contra mí.

Lucía sacó un pequeño sobre de su bolsillo.

Dentro había fotografías.

Una mostraba a Valdés entregándole un paquete a Mara en una zona sin cámaras.

Otra mostraba a un funcionario auxiliar recogiendo dinero de la hermana de Mara.

Las cámaras no grababan allí, murmuró Mara.

Las cámaras de la prisión no.

Lucía señaló la torre de mantenimiento situada fuera del muro.

Pero la cámara municipal de tráfico sí veía parcialmente el acceso lateral.

Mara tragó saliva.

Aun así intentó mantenerse firme.

Eso no demuestra nada.

Tienes razón.

Lucía guardó las fotografías.

Por eso necesitábamos que Valdés creyera que nuestra investigación había terminado.

La puerta volvió a abrirse.

Uno de los investigadores salió sosteniendo una caja.

Dentro había teléfonos móviles, tarjetas SIM, sobres con dinero y varios frascos de medicamentos.

Pero Claudia llevaba algo mucho más importante.

Un pequeño dispositivo de memoria.

Estaba detrás de un falso panel en el despacho, dijo.

Valdés comenzó a gritar desde el pasillo.

¡Eso no es mío!

Lucía conectó el dispositivo a una tableta.

Había decenas de archivos.

Listados de pagos.

Nombres.

Fechas.

Grabaciones.

Y uno de los archivos llevaba las iniciales:

S.M.

Sara Molina.

Lucía lo abrió.

La voz de Sara llenó el patio.

Si alguien encuentra esta grabación, el director Valdés sabe que Mara introduce mercancía a cambio de protección. He intentado denunciarlo. Me han amenazado.

Mara cerró los ojos.

Pero la grabación continuó.

Mara no dirige esto sola. Valdés utiliza a varias internas para controlar a las demás. Si alguna habla, pierde privilegios o acaba castigada.

Lucía observó a Mara.

Esperaba arrogancia.

Encontró otra cosa.

Miedo.

Hay algo más, ¿verdad?, preguntó.

Mara permaneció callada.

Lucía se acercó.

Sara no cayó sola.

Los ojos de Mara se llenaron de lágrimas.

Yo no la empujé.

Entonces dime quién lo hizo.

Mara miró hacia donde se habían llevado al director.

Durante años había sobrevivido obedeciendo una única regla:

Nunca hablar.

Pero ahora comprendía que Valdés iba a culparla de todo.

Fue Ramírez.

Lucía frunció el ceño.

Ramírez era el subdirector.

Y esa mañana no estaba en la prisión.

¿Dónde está?

Mara respiró con dificultad.

Valdés lo llamó hace veinte minutos.

Lucía sacó inmediatamente su radio.

Cierren todas las salidas.

Pero la respuesta llegó demasiado tarde.

Inspectora… el vehículo del subdirector abandonó el recinto hace seis minutos.

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Lucía miró hacia la puerta.

La operación todavía no había terminado.

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