PARTE 4 EL HOMBRE EN LOS TÚNELES
Daniels, Ruiz, Morgan y Sarah llegaron a la puerta lateral.
Walter estaba intentando romperla con una barra de metal.
Al ver a los agentes, levantó el cuchillo.
“Ella me pertenece.”
Sarah lo miró con horror.
“Emily no te pertenece.”
“Tú tampoco debiste escapar.”
Walter reveló que, después de la desaparición de Lily, había planeado llevarse también a Sarah. La madre de las niñas descubrió parte de la verdad y huyó con Sarah durante la madrugada.
Durante años, la mujer mintió diciendo que Walter había muerto.
Esperaba que nunca las encontrara.
Pero antes de fallecer dejó a Emily el colgante.
Dentro estaba la llave de una caja oculta que contenía pruebas contra Walter.
“Mi madre sabía que seguías vivo”, dijo Sarah.
Walter sonrió.
“Tu madre era una cobarde.”
Daniels avanzó.
“Baje el arma.”
Walter retrocedió hacia la puerta.
“Si no puedo llevármela, nadie lo hará.”
Levantó la barra para golpear la madera.
Todas las linternas se apagaron al mismo tiempo.
El túnel quedó oscuro.
Una voz infantil habló junto al oído de Walter.
“Ahora tú vas a esconderte.”
Walter gritó.
Las linternas volvieron a encenderse.
El anciano estaba mirando hacia un rincón vacío.
Daniels se lanzó sobre él.
Ambos cayeron al suelo.
El cuchillo se deslizó lejos.
Walter golpeó al agente y trató de huir, pero Morgan bloqueó el corredor.
Ruiz consiguió esposarlo.
Sarah corrió hacia la puerta.
“Emily, abre.”
“Hay una llave.”
Emily colocó el colgante dentro de una cerradura escondida en la pared.
Se escuchó un mecanismo.
La puerta se abrió.
Emily salió y abrazó a su madre.
Sarah miró dentro de la habitación.
No había ninguna niña.
Solo un pequeño esqueleto cubierto por un vestido antiguo.
A uno de sus pies permanecía una zapatilla roja.
Sarah cayó al suelo.
“Lily.”
Emily se arrodilló junto a ella.
“Ella nos llevó hasta aquí.”
Walter comenzó a reír.
“Las niñas muertas no hablan.”
Entonces la radio de todos los agentes se encendió.
La voz de Lily llenó el túnel.
“Pero recuerdan.”
Walter dejó de reír.
Morgan lo condujo hacia la salida.
Mientras avanzaban, varias manos pequeñas aparecieron marcadas sobre las paredes húmedas.
No había solo una víctima.
Daniels comprendió que Walter había utilizado los túneles durante años.
Encontraron otras habitaciones.
Dentro había juguetes, ropa infantil, fotografías y objetos pertenecientes a niñas desaparecidas en diferentes estados.
Walter no había regresado únicamente por Emily.
Había vuelto para recuperar las pruebas que la madre de Sarah ocultó antes de morir.
La llave del colgante también abría una caja metálica escondida bajo los restos de Lily.
Dentro había diarios, fotografías y grabaciones realizadas por la madre de Sarah.
En una cinta, Walter confesaba haber castigado a Lily porque descubrió los túneles y vio a otra niña encerrada.
La madre había grabado la conversación en secreto.
Pero Walter encontró la cinta y la ocultó junto al cuerpo de Lily, convencido de que nadie descubriría la puerta.
La policía sacó a Emily y a Sarah de la casa.
Walter fue introducido en un vehículo.
Antes de cerrar la puerta, miró hacia la ventana del dormitorio.
Una niña de vestido blanco estaba detrás del cristal.
Walter comenzó a gritar.
“¡Ella está allí!”
Los agentes miraron.
La ventana estaba vacía.
Walter golpeó el cristal del vehículo.
“¡No dejen que se acerque!”
Daniels cerró la puerta.
“Ahora usted será quien permanezca encerrado.”
Mientras los vehículos se alejaban, Emily observó la casa.
Lily estaba frente a la ventana.
Esta vez no parecía asustada.
Levantó una mano y se despidió.
Emily hizo lo mismo.
Entonces vio otra figura detrás de Lily.
Una sombra alta.
No era Walter.
Emily dejó caer la mano.
“Mamá.”
Sarah se inclinó hacia ella.
“¿Qué ocurre?”
Emily señaló la ventana.
“Lily no estaba escondiéndose de tu padre.”
Sarah miró la casa.
“¿Entonces de quién?”
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La figura alta apagó la lámpara del dormitorio.
La ventana quedó negra.