PARTE 3 LA HABITACIÓN BAJO LA CASA
Ruiz dejó a Sarah junto a Emily y descendió por la abertura.
La escalera terminaba en un túnel estrecho construido con madera podrida. El aire estaba cargado de humedad y polvo.
Morgan esperaba junto a una pared.
“Daniels estaba delante de mí. La luz se apagó durante un segundo y desapareció.”
Ruiz observó el suelo.
Había marcas recientes.
Alguien había arrastrado algo pesado hacia el fondo del túnel.
“¿Escuchó voces?”
“Una niña riendo.”
Avanzaron.
Las paredes estaban cubiertas con dibujos infantiles. En muchos aparecía una casa negra, una cama y una figura alta sin rostro.
Al final del pasillo encontraron una habitación escondida.
Había una silla, mantas, latas de comida y botellas de agua.
No era un lugar abandonado.
Alguien había estado viviendo allí.
Sobre una mesa improvisada descansaban varias fotografías de Emily tomadas desde el jardín, desde la escuela y desde el pasillo de la casa.
Morgan tomó una.
“Alguien lleva meses vigilándola.”
Ruiz encontró una fotografía más antigua.
Mostraba a Sarah y Lily cuando eran niñas.
En el fondo aparecía un hombre con uniforme de policía.
“Es mi padre”, dijo Sarah desde la entrada.
Había bajado detrás de ellos.
Ruiz se volvió furiosa.
“Le dije que se quedara arriba.”
“Emily desapareció.”
Todos quedaron inmóviles.
“¿Qué quiere decir?”
“La lámpara se apagó. Cuando volvió la luz, ya no estaba.”
Ruiz corrió hacia la escalera, pero un grito surgió desde el fondo del túnel.
Era Emily.
“¡Mamá!”
Sarah corrió hacia la voz.
Morgan la siguió.
Llegaron a una segunda puerta de madera.
Estaba cerrada desde el otro lado.
Ruiz golpeó.
“Emily, somos nosotros.”
La niña lloraba.
“Él está aquí.”
Una voz masculina habló cerca de ella.
“Quédate quieta.”
Sarah perdió el color.
“Conozco esa voz.”
“¿Quién es?”, preguntó Ruiz.
“Mi padre.”
Ruiz la miró.
“Dijo que había muerto.”
“Eso me dijeron.”
La puerta se abrió de golpe.
Un hombre anciano apareció en la oscuridad.
Tenía cabello gris, una cicatriz sobre la frente y sostenía a Emily contra su pecho. En una mano llevaba un cuchillo viejo.
“Bajen las armas.”
Sarah comenzó a temblar.
“Papá.”
Walter Carter sonrió.
“Has tardado mucho en volver a casa.”
Morgan apuntó hacia él.
“Suelte a la niña.”
Walter colocó el cuchillo cerca del cuello de Emily.
“Ella se parece a Lily.”
Sarah dio un paso.
“¿Qué hiciste con mi hermana?”
Walter miró los dibujos de las paredes.
“Lily nunca aprendió a obedecer.”
“¿La mataste?”
El anciano ladeó la cabeza.
“Intenté corregirla.”
Sarah comenzó a llorar.
“Tenía ocho años.”
“Era una mentirosa.”
Emily cerró los ojos.
“Lily dice que usted le tiene miedo.”
Walter se quedó inmóvil.
“¿Qué dijiste?”
La niña miró detrás de él.
“Está parada a su lado.”
Walter giró rápidamente.
No había nadie.
Morgan aprovechó para avanzar, pero Walter arrastró a Emily hacia otro corredor.
Ruiz disparó contra la pared para obligarlo a detenerse.
El sonido sacudió todo el túnel.
Walter desapareció entre las sombras.
Sarah corrió detrás.
El corredor conducía a una zona más profunda bajo la casa.
Encontraron a Daniels atado junto a una tubería. Tenía una herida en la cabeza, pero seguía consciente.
“Walter conoce estos túneles”, murmuró. “Hay una salida en el bosque.”
Morgan liberó sus manos.
“¿Cómo sabe su nombre?”
Daniels mostró un viejo distintivo policial que había encontrado.
Walter Carter había sido expulsado del cuerpo después de la desaparición de otra niña cinco años después que Lily.
Nunca fue acusado por falta de pruebas.
Había desaparecido antes de ser interrogado.
“Llevaba décadas escondido con nombres falsos”, explicó Daniels. “Regresó cuando Sarah heredó la casa.”
“¿Por qué?”
Sarah miró las fotografías de Emily.
“Porque quiere repetir lo que hizo con Lily.”
Desde algún lugar llegó la voz de Emily.
“¡Mamá!”
Todos avanzaron.
El túnel se dividía en tres direcciones.
No sabían cuál elegir.
Entonces una pequeña pelota roja salió rodando desde el pasillo central.
Era uno de los juguetes del dormitorio.
Emily no la había llevado consigo.
Sarah la recogió.
“Era de Lily.”
Una sombra infantil apareció durante un instante al final del corredor.
Después desapareció.
Ruiz levantó la linterna.
“Por ahí.”
Siguieron el camino.
Las paredes se estrechaban.
Walter avanzaba delante de ellos con Emily. Le susurraba que Sarah la había abandonado, que la policía quería hacerle daño y que Lily seguía viva esperando en una habitación secreta.
Emily no le creyó.
“Lily está muerta.”
Walter apretó su brazo.
“No digas eso.”
“Usted la mató.”
El anciano se detuvo.
Emily vio una pequeña mano aparecer desde la pared.
Los dedos señalaron una puerta lateral.
La niña mordió la mano de Walter y corrió hacia ella.
Walter gritó y trató de agarrarla.
La puerta se cerró entre ambos.
Emily quedó sola dentro de una habitación completamente oscura.
Walter comenzó a golpear la madera.
“¡Abre!”
Emily retrocedió.
Detrás de ella, alguien respiraba.
La niña giró lentamente.
Una figura pequeña estaba sentada en el suelo.
Llevaba un vestido antiguo y una sola zapatilla roja.
“¿Lily?”
La figura levantó el rostro.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
“No dejes que encuentre la llave.”
“¿Qué llave?”
Lily señaló el cuello de Emily.
La niña llevaba un pequeño colgante que su abuela le había entregado antes de morir.
Emily lo abrió.
Dentro había una llave diminuta.
Walter dejó de golpear.
Su voz cambió.
“Emily, abre la puerta. Esa niña está mintiendo.”
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Lily se puso de pie.
“Él me dijo lo mismo.”