PARTE 1: ALGUIEN DEBAJO DE LA CAMA
La llamada llegó a la comisaría a las once y cuarenta y tres de la noche.
Una mujer hablaba entre respiraciones rápidas. Dijo que su hija no dejaba de gritar, que aseguraba haber visto a alguien debajo de la cama y que se negaba a salir de la habitación.
Cuando los tres agentes llegaron, la casa parecía completamente silenciosa.
Era una vivienda antigua al final de una calle rodeada de árboles. Todas las ventanas estaban oscuras, excepto una en el segundo piso, donde una pequeña lámpara amarilla parpadeaba detrás de unas cortinas semicerradas.
Sarah abrió la puerta antes de que llamaran.
Tenía treinta y cuatro años, llevaba un cárdigan color crema y sostenía el marco de la puerta como si necesitara apoyo para mantenerse de pie.
“Está arriba”, dijo.
El agente Daniels entró primero.
Era un hombre de cuarenta años, tranquilo y experimentado. Detrás de él avanzó la agente Ruiz, seguida por el agente Morgan, que mantenía una mano cerca de su radio.
“¿Ha entrado alguien en la casa?”, preguntó Daniels.
Sarah negó.
“Las puertas estaban cerradas. Las ventanas también.”
“¿Su hija ha tenido pesadillas antes?”
Sarah tardó demasiado en responder.
“Sí, pero nunca así.”
Subieron las escaleras.
Cada peldaño crujía bajo sus pies. En el pasillo había varias fotografías familiares, aunque una de ellas había sido colocada boca abajo sobre una mesa.
Daniels la observó, pero continuó caminando.
La puerta del dormitorio estaba abierta.
Emily estaba sentada en el suelo junto a la cama.
Tenía siete años, el cabello marrón desordenado y el rostro cubierto de lágrimas. Llevaba un pijama rosa y abrazaba sus propias rodillas.
Al ver a los agentes, levantó una mano temblorosa y señaló la oscuridad bajo la cama.
“¡Hay alguien debajo de mi cama!”
Ruiz se arrodilló cerca de ella.
“Emily, soy la agente Ruiz. Estamos aquí para ayudarte.”
La niña negó desesperadamente.
“¡Por favor, créanme!”
“Te creemos. Pero necesito que me cuentes qué viste.”
Emily miró debajo de la cama.
“No lo vi completo.”
“¿Era una persona?”
“Primero vi una mano.”
Sarah dejó escapar un sonido ahogado desde la puerta.
Daniels giró hacia ella.
“¿Ocurre algo?”
“No.”
La respuesta fue demasiado rápida.
Emily continuó.
“La mano estaba muy sucia. Salió despacio y tocó mi manta.”
Ruiz miró la cama.
Las sábanas claras estaban arrugadas. En el borde inferior había una pequeña mancha oscura.
“¿Después qué pasó?”
“Me desperté y pensé que era mi osito. Entonces escuché una voz.”
Daniels se acercó.
“¿Qué dijo?”
Emily comenzó a llorar con más fuerza.
“Dijo mi nombre.”
El agente Morgan encendió su linterna y revisó las esquinas. Había juguetes sobre el suelo, un coche pequeño, muñecas y varios osos de peluche.
Nada parecía fuera de lugar.
Daniels se arrodilló frente a la cama.
“Voy a mirar debajo. Tú te quedarás con la agente Ruiz.”
Emily agarró el brazo de la mujer.
“No deje que se acerque solo.”
Daniels sonrió con suavidad.
“Estaré bien.”
La niña lo miró fijamente.
“No es una sola persona.”
La sonrisa del agente desapareció.
“¿Cuántas hay?”
Emily susurró:
“Hay una niña y hay un hombre.”
Sarah apretó con fuerza el marco de la puerta.
Daniels intercambió una mirada con Ruiz.
Morgan se colocó detrás de él y apuntó su propia linterna hacia el suelo.
Daniels encendió la suya.
El sonido del interruptor pareció demasiado fuerte dentro de la habitación.
Se inclinó lentamente.
Levantó la sábana con una mano.
El haz de luz atravesó el polvo bajo la cama.
Primero iluminó un oso de peluche viejo.
Después un coche de juguete volcado.
Luego una pequeña zapatilla roja que no pertenecía a Emily.
Daniels frunció el ceño.
“Sarah, ¿esta zapatilla es de su hija?”
La mujer no respondió.
El agente avanzó el rostro un poco más.
La linterna recorrió la pared del fondo.
Durante un instante, algo se movió entre las sombras.
Parecía la silueta de una cabeza pequeña.
Daniels detuvo la luz.
“¿Quién está ahí?”
No hubo respuesta.
Morgan se agachó a su lado.
“¿Vio algo?”
Daniels acercó la linterna.
Una sombra pasó rápidamente de un extremo al otro.
La luz se apagó.
La habitación quedó completamente oscura.
Daniels sintió unos dedos fríos cerrarse alrededor de su muñeca.
Tiró del brazo con violencia.
“¿Qué fue eso?”
Emily soltó un grito.
Sarah se cubrió la boca.
Morgan volvió a encender su linterna.
Daniels retrocedió sobre el suelo.
En su muñeca había cinco marcas pequeñas, como si la mano de un niño lo hubiera agarrado.
Ruiz llevó a Emily hacia la puerta.
“Todos fuera de la habitación.”
Entonces la radio de Morgan comenzó a emitir estática.
Una voz infantil apareció entre el ruido.
“Emily no debe quedarse aquí.”
Todos se quedaron inmóviles.
Daniels tomó la radio.
“¿Quién habla?”
La estática aumentó.
La misma voz respondió:
“Él ha vuelto.”
Sarah cayó de rodillas.
Emily la miró.
“Mamá, ella está hablando de la misma persona que tú.”
Daniels se volvió hacia Sarah.
“¿A quién se refiere su hija?”
Sarah levantó el rostro, completamente pálida.
“Mi hermana.”
Ruiz miró la zapatilla roja bajo la cama.
“¿Dónde está ella?”
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Sarah comenzó a llorar.
“Desapareció en esta habitación hace veinticuatro años.”