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CAPÍTULO 4: LA MANZANA ENVENENADA

Armada con las cartas, Claire se preparó para mostrarle la verdad a Margaret. Pero antes de que pudiera llegar al estudio, las pesadas puertas de roble se abrieron de golpe. Arthur estaba allí, con el rostro convertido en una máscara de furia, sosteniendo una gruesa carpeta manila. Detrás de él, Victoria lucía una sonrisa triunfal y venenosa.

“Arthur, ¿qué pasa?”, preguntó Claire, dando un paso atrás por instinto.

“Se acabó, Claire”, dijo Arthur, con la voz llena de veneno.

Arrojó la carpeta sobre la mesa de café de caoba. Varias fotos se esparcieron por la superficie: imágenes de Claire hablando con un hombre desconocido, estados bancarios y un documento etiquetado como “Investigación confidencial de antecedentes”.

Margaret salió apresuradamente del estudio, mirando de uno a otro.

“Arthur, ¿qué significa esto?”

“Es una estafadora, madre”, declaró Arthur, señalando a Claire. “El investigador privado descubrió que está llena de deudas. ¿Ese hombre de las fotos? Un falsificador conocido. El investigador cree que la prueba de ADN fue manipulada desde el principio. Ella ha estado preparando esto durante meses para asegurarse la herencia de Daniel.”

“¡No!”, gritó Claire, sintiendo que el corazón se le hundía. “¡Eso es mentira! Tengo deudas por las facturas del hospital porque di a luz sola. ¡El hombre de la foto es solo mi arrendador en Ohio!”

Victoria dio un paso al frente y colocó una mano consoladora sobre el hombro de Margaret.

“Margaret, sé que duele. Todos queríamos recuperar una parte de Daniel. Pero esta chica nos engañó. Vio a una madre de luto y se aprovechó de ella.”

“Margaret, por favor”, suplicó Claire, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Metió la mano en el bolsillo para sacar las cartas de Daniel, pero en medio del caos sus manos temblaban tan violentamente que las dejó caer.

Arthur apartó la caja de cedro con el pie.

“Haz tus maletas, Claire. Si no estás fuera de esta casa en una hora, llamaré a la policía y haré que te arresten por fraude.”

Margaret miró a Claire con los ojos destrozados.

La esperanza que la había sostenido durante semanas se evaporó, reemplazada por una traición hueca y devastadora.

“Solo vete”, susurró Margaret, apartando la mirada. “Por favor, toma al bebé y márchate.”

El mundo de Claire se derrumbó.

Había perdido a Daniel, y ahora estaba perdiendo a la única familia que le quedaba a su hijo.

Sollozando, subió corriendo las escaleras, empacó las pocas pertenencias de Leo y lo envolvió con fuerza en su manta.

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Mientras salía por las puertas principales bajo la lluvia torrencial, Victoria estaba de pie junto a la ventana, bebiendo una copa de vino.

Su victoria estaba completa.

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