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CAPÍTULO 2: LA SOMBRA DE LA MANSIÓN

La extensa propiedad de la familia Brooks resultaba intimidante. Las puertas de hierro forjado se alzaban como centinelas que custodiaban una mansión que parecía demasiado grande, demasiado fría y demasiado silenciosa. Para Claire, cruzar aquellas imponentes puertas dobles con el bebé Leo en brazos se sintió menos como una llegada a casa y más como entrar en una trampa.

Margaret Brooks, la madre de Daniel, había insistido en que se mudaran allí.

“Ahora ustedes son familia”, había dicho Margaret, mientras sus ojos recorrían los rasgos familiares del rostro de su nieto.

Pero no todos compartían ese sentimiento.

La tensión en el gran vestíbulo era palpable desde el momento en que llegaron. Junto a la escalera de mármol esperaba Arthur, el hermano mayor de Daniel, un hombre cuya mandíbula marcada y ojos azules helados reflejaban la atmósfera fría de la casa. A su lado estaba Victoria, la ex prometida de Daniel.

Victoria era impactante, vestida con ropa de diseñador impecable, con los labios pintados de un tono carmesí severo. Había permanecido en la vida de los Brooks mucho después de la muerte de Daniel, aferrándose al estatus que el apellido familiar le proporcionaba.

“Así que este es el… niño milagro”, dijo Victoria con tono arrastrado, recorriendo con la mirada la ropa humilde de Claire con un desprecio apenas disimulado. “Margaret, seguramente no eres tan ingenua como para creer que esta aparición repentina es una coincidencia. ¿Una prueba de ADN de una clínica que probablemente ella misma eligió?”

“Victoria, ya basta”, respondió Margaret con dureza, aunque su voz temblaba por el cansancio del dolor. “La prueba fue concluyente. Leo es hijo de Daniel.”

Arthur dio un paso al frente, con la postura rígida.

“Madre, estás vulnerable ahora mismo. Todos extrañamos a Daniel, pero recibir a una desconocida en nuestra casa basándonos en un papel es imprudente. Sabes lo que implica el fondo fiduciario de Daniel.”

Claire apretó a Leo contra su pecho, sintiendo cómo el corazón le golpeaba contra las costillas.

“No vine aquí por un fondo fiduciario”, dijo, con la voz temblorosa pero firme. “Ni siquiera sabía que Daniel venía de todo esto. Vivía en un pequeño apartamento en Ohio. Conducía un coche de diez años. Solo quería que mi hijo conociera a su abuela.”

Victoria soltó una risa aguda y burlona.

“Ah, la clásica defensa de ‘no sabía que era rico’. Qué conveniente.”

Se inclinó hacia ella, y su perfume resultó espeso y sofocante.

“Escúchame bien, niñita. Sé exactamente lo que eres. Y voy a desenmascararte.”

Esa noche, sola en una lujosa suite de invitados que se sentía más como una jaula dorada, Claire no pudo dormir. Las paredes parecían cerrarse sobre ella. Caminó hasta la cuna que Margaret había preparado apresuradamente y observó cómo el pecho de Leo subía y bajaba.

Él era su ancla.

Pero mientras miraba por la ventana hacia los extensos y oscuros terrenos de la propiedad, una sensación creciente de temor se instaló en su pecho.

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Victoria no iba a dejar pasar aquello.

La batalla por el lugar legítimo de su hijo en la familia de su padre apenas acababa de comenzar.

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