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PARTE 4 LO QUE OCULTABA EL CASINO

La explosión no destruyó el edificio.

Había abierto varias compuertas bajo el vestíbulo.

El suelo vibró mientras mecanismos antiguos se activaban después de décadas.

Arthur ordenó evacuar todo el hotel.

Los guardias guiaron a empleados e invitados hacia las salidas. Nadie se acercó al agujero.

Marcus intentó escapar, pero uno de los policías lo derribó antes de que alcanzara la puerta privada.

El dispositivo cayó al suelo.

Elena lo recogió.

En la pantalla aparecían cinco números.

Arthur observó el plano general del casino.

“Hay cinco habitaciones.”

Gabriel negó.

“Victor construyó una red completa.”

Los bomberos aseguraron las nuevas aberturas.

Cada una conducía a una zona diferente.

En la primera encontraron cajas con documentos financieros.

En la segunda había equipos antiguos para manipular las cámaras.

En la tercera encontraron objetos personales pertenecientes a personas desaparecidas.

Elena vio relojes, anillos, identificaciones y fotografías.

Arthur cerró los ojos.

“¿Cuántas vidas destruyó Victor?”

Gabriel miró a Marcus.

“Pregúntale a su hijo.”

Marcus permanecía esposado.

“No sé nada de esas habitaciones.”

Elena sostuvo el dispositivo frente a él.

“Llevabas el control.”

“Mi padre me lo dejó.”

“Y lo usaste para encerrarnos.”

Marcus guardó silencio.

En la cuarta habitación encontraron una oficina completa.

Sobre la mesa había registros actualizados.

No eran de treinta años atrás.

Algunos pertenecían a la semana anterior.

El sistema seguía funcionando.

Marcus no había protegido solamente los crímenes de su padre.

Había continuado el negocio.

Había grabado a huéspedes ricos, manipulado deudas y obligado a empleados a transportar dinero sin saberlo.

Elena encontró una lista de nombres.

El suyo aparecía en la última página.

Junto al nombre había una fotografía tomada dentro de la casa de Rosa.

“Me estaba vigilando.”

Gabriel se acercó.

“Descubrió quién eras.”

Arthur miró a Marcus.

“¿Cuándo?”

Marcus sonrió con amargura.

“El día que Elena solicitó trabajo.”

“Entonces la contrataste para vigilarla.”

“Era más seguro tenerla cerca.”

Elena sintió rabia.

“¿Por qué no me mataste?”

Marcus la miró.

“Porque no sabía dónde estaba la brújula.”

Arthur sostuvo el objeto.

“Amelia la escondió con Rosa.”

Marcus asintió.

“Mi padre pasó años buscándola. Sabía que abría la bóveda, pero nunca encontró el mecanismo.”

Gabriel miró a Elena.

“Rosa te entregó la brújula esta mañana.”

Elena recordó el pequeño paquete que Rosa había colocado en su bolso antes de ir al trabajo.

No lo había abierto.

Arthur llevaba otra brújula idéntica.

“¿Por qué existen dos?”, preguntó Elena.

Arthur miró la suya.

“Esta pertenecía a Amelia.”

Gabriel recogió el bolso de Elena, que uno de los agentes había recuperado.

Dentro estaba el paquete.

Elena lo abrió.

Había una segunda brújula.

En la parte trasera tenía grabadas dos palabras.

Para Elena.

Arthur comparó ambas piezas.

Encajaban como dos mitades.

Al unirlas, apareció una pequeña llave en el centro.

Gabriel miró hacia la quinta habitación.

La puerta no tenía cerradura visible.

Solo un símbolo con dos círculos.

Elena colocó las brújulas unidas sobre el metal.

La puerta se abrió.

El interior estaba limpio.

No había polvo.

Una mujer yacía sobre una cama médica conectada a equipos.

Elena sintió que las piernas le fallaban.

La mujer tenía el cabello canoso y el rostro delgado.

Pero era la misma persona de la grabación.

Amelia Sterling estaba viva.

Arthur dejó escapar un sonido ahogado.

Corrió hacia ella.

“Amelia.”

Los médicos entraron.

Confirmaron que estaba sedada, pero estable.

Marcus cerró los ojos.

Elena se volvió hacia él.

“Dijiste que había muerto.”

“Mi padre no pudo matarla.”

“Entonces la mantuvieron aquí durante treinta años.”

“No todo el tiempo.”

Marcus explicó que Victor había trasladado a Amelia entre clínicas privadas bajo nombres falsos. Cuando él murió, Marcus heredó el secreto. Durante años la mantuvo sedada porque era la única testigo que podía destruir la reputación de la familia Reed.

Gabriel avanzó hacia él, pero Elena lo detuvo.

“No le des una excusa para convertirse en víctima.”

Marcus miró a Elena.

“Tu madre no te reconocerá.”

Elena apretó la mandíbula.

“Pero yo la reconoceré a ella.”

Amelia abrió los ojos.

Miró a Arthur.

Luego a Gabriel.

Finalmente observó a Elena.

Sus labios temblaron.

“Mi niña.”

Elena cayó de rodillas junto a la cama.

Amelia levantó una mano y tocó su cabello.

“Rosa cumplió su promesa.”

Arthur comenzó a llorar.

La familia que Victor había destruido estaba reunida dentro de la habitación que él había construido para ocultar sus crímenes.

Sin embargo, Amelia todavía guardaba una última verdad.

Miró a Marcus.

“Él no es el único.”

La policía se quedó inmóvil.

“¿Quién más?”, preguntó Arthur.

Amelia señaló la lista de directores del casino.

“Todos los que firmaron después de tu retiro sabían que estas habitaciones existían.”

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Arthur comprendió que el secreto no terminaba con Marcus.

La junta completa había construido su poder sobre la habitación que no aparecía en los planos.

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