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PARTE 2 EL HOMBRE DETRÁS DE LA PUERTA

La policía y los bomberos llegaron pocos minutos después.

El vestíbulo fue evacuado, aunque Marcus insistió en que los invitados más importantes debían permanecer en las salas privadas.

Arthur rechazó la propuesta.

“Nadie permanece en este edificio hasta que sepamos qué hay debajo.”

Marcus intentó apartarlo.

“Señor Sterling, su seguridad es nuestra prioridad.”

Arthur señaló a Elena.

“Mi seguridad fue prioridad para ella. No para usted.”

Elena permanecía cerca de la abertura.

Todavía no comprendía por qué la voz detrás de la puerta le había resultado familiar.

Los bomberos colocaron una escalera estable dentro del agujero. Confirmaron que la estructura podía soportar el descenso.

Arthur quiso bajar.

El jefe del operativo se negó.

“Primero entraremos nosotros.”

Dos bomberos descendieron con linternas y herramientas.

La puerta seguía cerrada.

“¿Hay alguien dentro?”, preguntó uno de ellos.

Una voz respondió.

“Sí.”

“Aléjese de la puerta.”

Cortaron el candado.

La puerta se abrió hacia afuera.

Un hombre cayó de rodillas.

Tenía unos sesenta años, cabello oscuro mezclado con canas y el rostro cubierto de polvo. Vestía una camisa arrugada y tenía una herida en la frente.

Elena sintió que el mundo desaparecía.

Conocía aquel rostro.

Había una fotografía antigua guardada dentro de una caja en la casa de Rosa.

La imagen mostraba al mismo hombre sosteniendo a Elena cuando ella era una niña pequeña.

“Gabriel”, susurró.

El hombre levantó la cabeza.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

“Elena.”

Ella bajó por la escalera antes de que pudieran detenerla.

Se arrodilló frente a él.

“Me dijeron que estabas muerto.”

Gabriel Cruz levantó una mano temblorosa y tocó su rostro.

“Perdóname.”

Elena se apartó.

“No me toques.”

Gabriel bajó la mano.

Rosa siempre le había dicho que su padre murió en un accidente cuando Elena tenía catorce años. La noticia había llegado mediante una llamada breve. Nunca hubo cuerpo ni funeral.

“¿Dónde has estado?”, preguntó Elena.

Gabriel miró hacia Marcus, que observaba desde arriba.

“Escondiéndome de la familia Reed.”

Marcus dio un paso atrás.

“Ese hombre está confundido.”

Gabriel se puso de pie con ayuda de los bomberos.

“Tu padre construyó esta habitación.”

Arthur descendió lentamente acompañado por un agente.

Cuando vio a Gabriel, perdió el color del rostro.

“Pensé que habías huido.”

“Eso fue lo que Victor quería que creyeras.”

Victor Reed había sido socio de Arthur y padre de Marcus. Murió diez años antes, oficialmente por una enfermedad cardíaca.

Arthur miró alrededor.

La habitación no era una simple cámara.

Había monitores, cajas de archivos, cables conectados a las máquinas del casino y un panel eléctrico moderno. En una mesa se veían restos de comida reciente y una botella de agua abierta.

“¿Quién te encerró?”, preguntó Arthur.

Gabriel señaló a Marcus.

Marcus negó con la cabeza.

“Esto es absurdo.”

“Me encontró aquí hace tres noches.”

“¿Por qué estabas dentro de una habitación secreta?”

“Porque buscaba las pruebas que tu padre ocultó.”

Un policía se acercó a Marcus.

“Señor Reed, no abandone el lugar.”

Marcus levantó las manos.

“No pienso ir a ninguna parte.”

Elena observó a Gabriel.

“¿Qué pruebas?”

Él señaló una pared cubierta por paneles metálicos.

“Registros de pagos, grabaciones y documentos falsificados. Durante años, Victor utilizó esta habitación para controlar las cámaras privadas del hotel, manipular mesas y grabar a invitados importantes.”

Arthur apretó el bastón.

“Eso habría destruido el casino.”

“Por eso lo mantuvo oculto.”

Gabriel miró a Elena.

“Tu madre lo descubrió.”

Elena se quedó inmóvil.

“Mi madre murió cuando yo era pequeña.”

“No.”

La palabra golpeó el aire.

Elena sintió que algo se rompía dentro de ella.

“Rosa me dijo que murió.”

“Rosa te protegió.”

Arthur cerró los ojos.

“Amelia.”

Elena miró al anciano.

“¿Quién es Amelia?”

Arthur abrió la mano.

En su palma estaba la antigua brújula.

“Mi hija.”

La aguja seguía girando hacia Elena.

Gabriel respiró profundamente.

“Amelia Sterling era la madre de Elena.”

Elena miró a Arthur.

Después miró a Gabriel.

“No.”

Arthur avanzó lentamente.

“Mi hija desapareció hace treinta años. Me dijeron que murió en un incendio.”

“Victor organizó el incendio”, respondió Gabriel. “Amelia encontró esta habitación y descubrió sus negocios. Estaba embarazada. Sabía que si Victor descubría al bebé, lo usaría contra ella.”

Arthur miró a Elena como si intentara reconocer el rostro de su hija.

“Eres mi nieta.”

Elena retrocedió.

Marcus comenzó a reír.

Todos lo miraron.

“Una limpiadora aparece de repente y ahora resulta ser la heredera. Qué historia tan conveniente.”

Gabriel avanzó hacia él.

“Tu padre intentó matarnos.”

“Mi padre construyó este imperio mientras Arthur desaparecía para lamentarse.”

Arthur apretó la mandíbula.

“Victor administraba mi empresa. No la construyó.”

Marcus señaló la habitación.

“Esta sala demuestra que usted nunca supo lo que ocurría bajo sus propios pies.”

Elena miró la brújula.

La aguja apuntaba hacia la pared metálica.

Se acercó.

Había limpiado suficientes superficies para notar lo que otros ignoraban. Una parte del panel tenía menos polvo.

“Esto se abre”, dijo.

Gabriel negó.

“Busqué durante tres días.”

Elena observó la brújula.

En la parte trasera había un símbolo grabado.

Tres círculos alrededor de una estrella.

El mismo símbolo aparecía débilmente sobre el panel.

Arthur acercó la brújula.

Se escuchó un clic.

La pared comenzó a abrirse.

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Detrás había una pequeña bóveda.

Marcus dejó de sonreír.

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