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PARTE 3 LA CINTA DE AMELIA

Dentro de la bóveda había cajas selladas, cintas de video, carpetas y una pequeña maleta roja.

Arthur reconoció la maleta.

“Pertenecía a Amelia.”

Elena se acercó.

Sobre la tapa había una fotografía pegada con cinta vieja.

Mostraba a una mujer joven de cabello oscuro sosteniendo a un bebé.

Elena reconoció la manta.

Era la misma que Rosa guardaba dentro de su caja de recuerdos.

Arthur tocó la fotografía con los dedos temblorosos.

“Mi hija.”

Gabriel abrió una de las carpetas.

Contenía estados financieros y listas de nombres.

Jueces.

Empresarios.

Funcionarios.

Algunos habían recibido dinero. Otros habían sido grabados en habitaciones privadas del hotel.

Marcus intentó acercarse.

Un agente lo detuvo.

“No puede tocar nada.”

“Soy el gerente de este edificio.”

Arthur lo miró.

“Ya no.”

Marcus apretó los labios.

Gabriel encontró una cinta marcada con una fecha de treinta años atrás.

Los técnicos conectaron un reproductor antiguo a uno de los monitores.

La pantalla mostró interferencias.

Después apareció Amelia Sterling.

Estaba sentada dentro de la misma habitación.

Tenía el rostro cansado y sostenía un bebé envuelto en una manta.

Elena dejó de respirar.

Amelia miró directamente a la cámara.

“Si alguien encuentra esta grabación, significa que Victor descubrió lo que hice.”

Arthur se apoyó en el bastón.

“Papá, sé que estás enfadado porque elegí a Gabriel. Pero necesito que me escuches. Victor ha estado utilizando el casino para lavar dinero y chantajear a nuestros invitados. Construyó esta habitación sin incluirla en los planos.”

La grabación tembló.

Amelia miró hacia la puerta.

“Encontré pagos relacionados con accidentes, incendios y desapariciones. Creo que algunas personas murieron porque intentaron hablar.”

Gabriel bajó la cabeza.

Amelia volvió a mirar a la cámara.

“Mi hija se llama Elena. Si algo me ocurre, Gabriel y Rosa deben sacarla de la ciudad. No permitas que Victor la encuentre.”

Elena comenzó a llorar.

Arthur también.

“Perdóname”, murmuró el anciano frente a la pantalla.

Amelia continuó.

“Victor sabe que el casino pertenece legalmente a mi familia. Si yo muero y Elena desaparece, podrá controlar todo mediante documentos falsos.”

Marcus gritó desde el fondo.

“Esa cinta puede estar manipulada.”

El video siguió reproduciéndose.

Amelia levantó un documento.

“Victor no trabaja solo. Su hijo Marcus ha comenzado a ayudarlo. Tiene quince años, pero ya conoce los códigos de acceso y las cuentas secretas.”

Todos miraron a Marcus.

Su rostro se volvió blanco.

“Era un niño.”

Gabriel apretó los puños.

“Un niño que vigiló la puerta la noche del incendio.”

Marcus negó.

“Mi padre me obligó.”

“Después pasaste treinta años protegiendo su secreto.”

La cinta terminó con Amelia cantando una canción suave mientras sostenía a Elena.

Arthur reconoció la melodía.

Era una canción que había cantado a su hija cuando era pequeña.

Elena cubrió su boca.

Rosa también se la había cantado durante toda su infancia.

En ese momento, todas las luces se apagaron.

La habitación quedó sumida en oscuridad.

Una alarma comenzó a sonar.

Marcus empujó al agente y corrió hacia el panel eléctrico.

Los guardias de seguridad reaccionaron, pero él cerró la puerta de acero desde fuera.

Arthur, Elena, Gabriel y varios policías quedaron atrapados dentro.

“¡Marcus!”, gritó Arthur.

La voz del gerente llegó desde un altavoz.

“Esta habitación fue diseñada para desaparecer.”

Un sonido profundo recorrió las paredes.

Elena sintió gotas de agua cayendo desde el techo.

Gabriel miró el suelo.

“Ha activado el sistema contra incendios antiguo.”

El agua comenzó a entrar por conductos laterales.

“No es un sistema contra incendios”, dijo Arthur.

Gabriel comprendió.

“Es un mecanismo de inundación.”

Marcus planeaba llenar la habitación y destruir las pruebas.

El nivel del agua subió rápidamente.

Los agentes golpearon la puerta, pero el acero no cedía.

Arthur sostuvo la brújula.

“Debe existir otra salida.”

Gabriel miró los planos parciales.

“No aparece ninguna.”

Elena levantó la vista.

Durante meses había limpiado el vestíbulo, los pasillos y las salas inferiores. Conocía los sonidos del edificio.

Escuchó aire moviéndose detrás de una pared.

“Hay un conducto.”

Se acercó a una rejilla.

Era demasiado estrecha para un adulto.

Pero detrás había una palanca.

Elena introdujo el brazo.

No llegaba.

Gabriel encontró el bastón de Arthur.

Elena lo utilizó para empujar la palanca.

Se escuchó un golpe.

Una sección del techo se abrió y dejó caer una escalera metálica.

“Suban”, gritó.

Los agentes ayudaron a Arthur y Gabriel.

Elena tomó la maleta roja y las cintas.

El agua ya le llegaba a la cintura cuando subió.

Salieron por un pasillo de mantenimiento detrás de las máquinas tragamonedas.

Marcus estaba corriendo hacia la salida privada.

Los dos guardias lo vieron.

Él les ordenó abrir la puerta.

“Soy su jefe.”

Uno de los guardias miró a Arthur saliendo del pasillo.

Después se colocó frente a Marcus.

“Ya no.”

Marcus sacó un pequeño dispositivo del bolsillo.

Gabriel lo reconoció.

“Es el control del sistema.”

Marcus sonrió.

“Si no puedo conservar el casino, nadie lo hará.”

Presionó el botón.

Una explosión sacudió el vestíbulo.

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La araña de cristal comenzó a balancearse.

Y debajo del suelo, otras puertas ocultas comenzaron a abrirse.

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