PARTE 4: EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

Salvatierra ordenó localizar a Julián inmediatamente.
Pero ya era tarde.
Había abandonado la comisaría antes de que alguien descubriera que no pertenecía al equipo legal de Beatriz.
Lo más preocupante era que había conseguido hablar con ella durante siete minutos.
Siete minutos sin grabación.
Siete minutos suficientes para cambiar un plan.
Alejandro regresó al hospital.
Mateo dormía tranquilamente.
Verlo respirar debería haberle dado paz.
No lo hizo.
Ahora sabía que el ataque junto a la piscina no había nacido de un impulso.
Beatriz conocía la herencia.
Conocía las cuentas.
Conocía los documentos de Elena.
Y quizá había intentado terminar algo que comenzó dos años atrás.
Clara estaba preparándose para abandonar el hospital cuando Alejandro la encontró.
Se detuvo a varios metros.
No quiso acercarse sin permiso.
Clara.
Ella lo miró.
Alejandro habló despacio.
No voy a pedirte que me perdones.
Clara permaneció en silencio.
Solo quiero preguntarte algo sobre Beatriz.
¿Qué?
¿Alguna vez viste a Julián Ferrer en la villa?
Alejandro le mostró una fotografía.
Clara cambió de expresión.
Sí.
¿Cuándo?
La noche anterior al incidente de la piscina.
Alejandro sintió un escalofrío.
¿Qué hacía?
Discutía con Beatriz en el garaje.
¿Escuchaste algo?
Solo una frase.
¿Cuál?
Clara dudó.
Él dijo que después de Mateo ya no habría obstáculos.
Alejandro sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Clara continuó.
Pensé que hablaban de enviarlo a algún internado cuando fuera mayor. Nunca imaginé…
No tienes que justificar nada.
Clara lo observó.
Hay otra cosa.
Alejandro esperó.
Beatriz buscaba constantemente unos documentos azules.
¿La carpeta?
Clara asintió.
La escuché decirle a ese hombre que Elena había dejado una copia.
Aquello explicaba por qué Beatriz había entrado repetidamente en el despacho.
No buscaba recuerdos.
Buscaba pruebas.
Antes de marcharse, Clara se volvió hacia Alejandro.
Proteja a Mateo.
Lo haré.
Y no vuelva a cometer el error de creer primero a la persona con más poder.
Alejandro bajó la mirada.
No lo haré.
Esa misma tarde, Salvatierra recibió una orden para registrar la oficina de Julián.
Encontraron archivadores vacíos.
Discos duros desaparecidos.
Una trituradora todavía llena de documentos recientes.
Pero Julián no estaba.
En uno de los cajones encontraron algo mucho más importante.
Una póliza.
Mateo figuraba como beneficiario de un patrimonio familiar valorado en millones.
Mientras Mateo fuera menor, el patrimonio permanecería protegido.
Pero si el niño moría, una parte considerable regresaría a un fideicomiso secundario.
Salvatierra siguió la estructura societaria.
El fideicomiso estaba relacionado indirectamente con Belmonte Capital.
Alejandro comprendió.
El dinero.
Siempre había sido el dinero.
Pero el inspector levantó una mano.
Todavía no.
¿Qué?
No podemos afirmar que ese fuera el motivo completo.
Entonces encontró otra modificación contractual.
Había sido preparada meses después de la muerte de Elena.
Si Alejandro moría antes de que Mateo alcanzara la mayoría de edad, la persona designada para participar en la administración temporal era alguien que Alejandro nunca había autorizado.
Beatriz.
Alejandro se quedó helado.
Ella no quería simplemente estar contigo dijo Salvatierra.
Quería colocarse entre Mateo y su patrimonio.
El teléfono del inspector sonó.
Contestó.
Su expresión cambió.
¿Dónde?
Colgó.
Encontraron a Julián.
Alejandro se levantó.
¿Dónde está?
Intentando abandonar el estado.
Horas después, Julián estaba sentado en una sala de interrogatorios.
Al principio negó todo.
Las transferencias.
Las firmas.
Las reuniones.
Incluso negó haber conocido bien a Beatriz.
Entonces Salvatierra colocó la carpeta azul frente a él.
Julián perdió el color del rostro.
Después apareció la fotografía del restaurante.
Luego los movimientos bancarios.
Finalmente, la grabación de Elena.
Julián comprendió que el silencio ya no podía salvarlo.
No fue idea mía dijo.
¿De quién fue?
Julián respiró profundamente.
Beatriz quería a Alejandro. Eso era cierto. Pero después descubrió cuánto dinero controlaba Elena.
Alejandro observaba desde otra sala.
Julián continuó.
Al principio solo querían mover dinero.
¿Querían?
Beatriz y yo.
¿Y el accidente de Elena?
Julián guardó silencio.
Salvatierra se inclinó.
¿Quién manipuló su vehículo?
No fui yo.
¿Quién?
Julián comenzó a sudar.
Ella me dijo que solo quería asustarla.
Las mismas palabras.
La misma excusa.
Salvatierra insistió.
¿Quién tocó el coche?
Julián finalmente respondió.
Beatriz pagó a alguien.
¿A quién?
No conozco su verdadero nombre.
¿Y Mateo?
Julián bajó la cabeza.
Eso no estaba en el plan original.
Alejandro sintió que su corazón se detenía.
¿Qué significa eso?
Salvatierra repitió la pregunta.
Julián respondió.
Después de la muerte de Elena, Beatriz pensó que Alejandro terminaría casándose con ella.
Pero no ocurrió.
Él nunca dejó de amar a Elena.
Entonces empezó a culpar al niño.
¿Por qué?
Porque Mateo era lo único que mantenía a Elena presente en aquella casa.
Alejandro cerró los ojos.
La frase de la piscina regresó a su mente.
Ahora él será solo mío.
Todo encajaba.
Pero Julián todavía no había terminado.
Hay algo que ustedes no saben.
Salvatierra lo miró.
¿Qué?
La noche del accidente, Elena no murió inmediatamente.
Alejandro abrió los ojos.
Julián continuó.
Estaba consciente después del choque.
Alejandro salió de la sala de observación y abrió la puerta.
¿Qué acabas de decir?
Los agentes intentaron detenerlo.
Alejandro señaló a Julián.
¿Mi esposa estaba viva?
Julián lo miró aterrorizado.
Sí.
Entonces Alejandro formuló la única pregunta que realmente importaba.
¿Beatriz lo sabía?
Julián bajó la cabeza.
Sí.
¿Y llamó a emergencias?
Silencio.
Alejandro golpeó la mesa con la palma abierta.
¡Contesta!
Julián levantó lentamente los ojos.
No.
Beatriz llegó antes que la ambulancia.
Alejandro dejó de respirar.
¿Para qué?
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Julián respondió con voz casi inaudible.
Para recuperar la carpeta azul.