NO TOQUES A ESE VIEJO”… EL GUARDIA RECONOCIÓ SU TATUAJE Y TODO EL PATIO QUEDÓ EN SILENCIO

Bruno acababa de patear la suciedad que Rafael había barrido durante casi veinte minutos.
Recógelo otra vez, abuelo.
Rafael no respondió.
Agarró la escoba.
Volvió a empezar.
Bruno rio.
Después le quitó la escoba de las manos y la dejó caer sobre el cemento.
Aquí haces lo que yo diga.
Rafael levantó lentamente la mirada.
Entonces procura no darme una orden que lamentes.
Los presos alrededor comenzaron a observar.
Bruno se acercó.
Iba a tocarle el hombro.
Pero Rafael levantó el brazo.
La manga se deslizó unos centímetros.
El capitán Vega vio el símbolo tatuado en su antebrazo.
Y gritó:
¡Bruno, no lo toques!
El patio entero quedó en silencio.
Bruno miró al guardia.
Después al anciano.
¿Quién demonios es este viejo?
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Vega no respondió.
Y eso fue lo que más miedo provocó