PARTE 4 : EL HOMBRE QUE DESPERTÓ

La voz de Daniel guio al grupo por los túneles de mantenimiento.
Lena caminaba delante de la camilla.
Adrian avanzaba detrás de ella, incapaz de apartar los ojos de la mujer que tenía el rostro de Evelyn.
Ninguno sabía qué relación los unía ahora.
La paciente podía ser Evelyn.
Podía ser Daniel.
Podía ser ambas personas.
O tal vez no era ninguna.
El túnel terminaba frente a una puerta circular.
No tenía teclado ni lector de huellas.
Solo había un pequeño orificio en el centro.
La voz de Daniel pidió a Lena que colocara el dedo.
Elias le dijo que no lo hiciera.
Adrian preguntó qué había detrás.
Elias respondió que el núcleo de Atlas.
Lena observó el orificio.
Recordó su infancia.
Las pesadillas con habitaciones verdes.
Las voces que repetían números.
Un hombre joven que le prometía que algún día saldría de allí.
Siempre había creído que eran sueños.
Ahora sabía que eran recuerdos.
Colocó el dedo en el lector.
Una aguja atravesó su piel.
La puerta se abrió.
Al otro lado había una sala inmensa llena de cápsulas verticales. Algunas estaban vacías. Otras contenían cuerpos suspendidos en líquido transparente.
Hombres.
Mujeres.
Soldados.
Científicos.
Incluso niños.
Lena avanzó lentamente.
En cada cápsula había una placa sin nombre.
Solo números.
Adrian miró a Elias.
Preguntó cuántos sujetos existían.
Elias dijo que Atlas nunca terminó.
Los gobiernos cambiaron.
Los presidentes murieron.
Los responsables del proyecto continuaron trabajando en secreto.
Durante décadas copiaron recuerdos de soldados, agentes y líderes políticos.
Algunas copias fueron implantadas en cuerpos nuevos.
Otras permanecieron almacenadas.
Lena preguntó cuántas personas fuera del laboratorio no eran quienes creían ser.
Elias no respondió.
Al fondo de la sala, una figura masculina esperaba junto a una consola.
Parecía tener unos cuarenta años.
Era alto, de cabello oscuro y piel extremadamente pálida. Vestía una camisa blanca y pantalones médicos. Varias cicatrices recorrían su cuello y sus brazos.
Lena reconoció su rostro.
Era Daniel.
Exactamente como aparecía en las fotografías tomadas antes de su desaparición.
Daniel sonrió.
Lena no se movió.
Había imaginado aquel encuentro durante quince años.
En sus sueños corría hacia él.
Lo abrazaba.
Le preguntaba por qué la había abandonado.
Pero ahora solo sentía miedo.
Daniel se acercó.
Dijo que la había echado de menos.
Lena levantó el arma.
Le pidió que no avanzara.
Daniel se detuvo.
Miró a la paciente.
Por un momento, su expresión mostró dolor.
La mujer de la camilla pronunció su nombre.
Daniel se aproximó y tocó su mejilla.
Dijo que ella había soportado demasiado.
Adrian se interpuso.
Preguntó quién vivía realmente dentro de aquel cuerpo.
Daniel respondió que Evelyn seguía allí.
También una parte de él.
Y algo más.
Explicó que cuando dos mapas neuronales fueron unidos, surgió una tercera conciencia. Una identidad formada por los recuerdos y emociones de ambos.
La mujer no era una copia.
Era una nueva persona.
Adrian preguntó por qué usaba el nombre de Evelyn.
La paciente respondió que porque aún recordaba amarlo.
Adrian cerró los ojos.
Lena observó a Daniel.
Preguntó por qué había activado el protocolo de limpieza.
Daniel dijo que no lo había activado para matarlos.
Lo utilizó para obligar a los directores de Atlas a revelar su presencia.
Las cámaras de la instalación transmitían todo a un centro externo.
Los responsables ya sabían que Daniel estaba despierto.
Pronto llegarían.
Lena preguntó qué quería de ella.
Daniel señaló las cápsulas.
Dijo que solo Lena podía abrirlas.
Su sangre contenía la combinación genética de Evelyn, Adrian y el tejido neuronal utilizado para salvarla.
Era la llave biológica del sistema.
Lena comprendió que su vida entera había conducido a aquel momento.
Daniel quería liberar a los sujetos.
Elias quería destruirlos.
Adrian quería recuperar a Evelyn.
Nadie le había preguntado qué deseaba ella.
Lena caminó hasta la consola.
En la pantalla aparecieron tres opciones.
Despertar.
Eliminar.
Transferir.
Daniel le pidió que eligiera despertar.
Elias gritó que no lo hiciera.
Explicó que muchos cuerpos contenían mentes incompletas. Si abría las cápsulas, algunas personas despertarían violentas, confundidas o dominadas por recuerdos ajenos.
Adrian pidió eliminar el sistema.
Daniel lo miró con desprecio.
Dijo que destruir Atlas significaría matar a cientos de personas.
Adrian respondió que aquellas personas ya habían muerto.
La paciente comenzó a incorporarse.
Se quitó los cables del pecho y bajó de la camilla.
Sus piernas temblaban, pero consiguió mantenerse en pie.
Caminó hacia Lena.
Le dijo que no confiara en Daniel.
Daniel la miró sorprendido.
La mujer continuó.
Dijo que la persona frente a ellos no era el Daniel original.
El verdadero Daniel seguía atrapado en el núcleo.
Aquel cuerpo había sido creado seis meses atrás.
Los científicos copiaron los recuerdos almacenados y los implantaron en un organismo nuevo.
El hombre de la camisa blanca era otra réplica.
Daniel negó la acusación.
Dijo que ella estaba confundida.
La paciente levantó el anillo de diamantes.
En el interior había una diminuta ranura.
Adrian la abrió.
Dentro apareció un pequeño dispositivo de memoria.
Evelyn había escondido allí una grabación antes de su accidente.
Adrian introdujo el dispositivo en la consola.
La pantalla mostró a Evelyn en una habitación oscura.
Estaba herida.
Miraba directamente a la cámara.
Dijo que Daniel había descubierto algo peor que la copia de recuerdos.
Atlas no intentaba conservar personas.
Intentaba reemplazarlas.
Los nuevos cuerpos obedecían una señal enviada desde el núcleo.
Cualquiera que despertara dentro de Raven Rock podía ser controlado.
La grabación terminó con una advertencia.
El hombre que algún día dijera ser Daniel no debía abandonar la instalación.
Lena apuntó al hombre de la camisa blanca.
Daniel dejó de sonreír.
Su rostro cambió.
La ternura desapareció.
Dijo que Evelyn siempre había sido demasiado desconfiada.
Las cápsulas comenzaron a abrirse.
Una tras otra.
El líquido cayó al suelo.
Los cuerpos levantaron la cabeza al mismo tiempo.
Todos abrieron los ojos.
Todos miraron a Lena.
Daniel extendió una mano.
Dijo que no necesitaba su permiso para despertarlos.
Solo necesitaba su sangre.
Lena miró su dedo.
La aguja de la puerta había tomado una muestra.
El sistema ya tenía su código genético.
Adrian corrió hacia la consola, pero uno de los sujetos lo arrojó contra una cápsula.
Elias intentó cerrar las puertas.
Otro sujeto lo agarró por el cuello.
La paciente se colocó frente a Lena.
Por primera vez, su expresión no parecía la de Evelyn ni la de Daniel.
Dijo que existía una forma de detenerlos.
Lena preguntó cuál.
La mujer miró el anillo.
Dijo que alguien debía conectar su mente al núcleo y sobrescribir la señal.
Lena comprendió el precio.
La persona conectada perdería sus propios recuerdos.
Tal vez para siempre.
Adrian se levantó con dificultad.
Dijo que lo haría.
La paciente negó con la cabeza.
Solo alguien con la sangre de Lena podía entrar.
Daniel avanzó entre los cuerpos recién despertados.
Les ordenó capturarla.
Lena tomó la mano de la paciente y corrió hacia el núcleo.
Las puertas comenzaron a cerrarse.
Adrian disparó contra los sujetos para ganar tiempo.
Elias activó una barrera de emergencia.
Lena y la mujer cruzaron justo antes de que la puerta se sellara.
Dentro del núcleo había una silla metálica conectada a cientos de cables.
Lena se sentó.
La paciente colocó los electrodos sobre su cabeza.
Lena le preguntó cómo debía llamarla.
La mujer tocó el anillo.
Dijo que durante años había sido Evelyn.
Durante otros momentos había sido Daniel.
Pero ahora quería elegir su propio nombre.
Se inclinó hacia Lena.
Susurró el nombre antes de activar la máquina.
Las luces se apagaron.
Lena despertó en una casa junto a un lago.
Era un recuerdo.
Evelyn sostenía a un bebé.
Adrian reía a su lado.
Daniel observaba desde una ventana.
Después la escena cambió.
Daniel discutía con Elias.
Decía que Lena no debía ser utilizada.
Otra escena apareció.
Adrian entregaba a su hija a los científicos.
Lena gritó.
No quería seguir mirando.
Pero los recuerdos continuaron.
Vio a su supuesto padre llevándola fuera del laboratorio.
Vio a Daniel siguiéndola durante años.
Vio a Evelyn despertar dentro de la camilla.
Entonces apareció el último recuerdo.
La noche del accidente.
Evelyn no conducía.
Adrian estaba al volante.
Discutían.
Evelyn quería sacar a Lena del proyecto.
Adrian perdió el control del vehículo.
El automóvil chocó.
Adrian sobrevivió.
Evelyn quedó gravemente herida.
Lena comprendió que Adrian no había planeado matarla.
Pero había ocultado la verdad durante dieciocho años.
Una voz habló dentro de su mente.
Era la conciencia del núcleo.
Preguntó qué identidad deseaba conservar.
Lena vio miles de rostros.
Daniel.
Evelyn.
Adrian.
Los sujetos de las cápsulas.
También vio su propio rostro.
Eligió Lena Ward.
Presionó la orden de sobrescritura.
Una explosión de luz recorrió el complejo.
Los sujetos cayeron al suelo.
Daniel gritó.
Su cuerpo comenzó a convulsionar.
La paciente sostuvo la mano de Lena hasta que los monitores se apagaron.
Horas después, equipos militares encontraron el nivel treinta y cuatro abierto.
Adrian estaba inconsciente.
Elias había desaparecido.
Daniel y los demás sujetos yacían inmóviles.
La silla del núcleo estaba vacía.
Solo encontraron el anillo de diamantes sobre el asiento.
Tres días más tarde, Adrian despertó en un hospital.
Preguntó por Lena.
Nadie sabía dónde estaba.
Las cámaras mostraban que había salido caminando del complejo junto a la paciente misteriosa.
Sin embargo, al revisar las imágenes cuadro por cuadro, los técnicos descubrieron algo imposible.
Solo una mujer había abandonado Raven Rock.
Vestía el uniforme de Lena.
Llevaba el anillo de Evelyn.
Y cuando miró directamente a la cámara, sonrió exactamente como Daniel.
Esa misma noche, en una ciudad situada a cuatrocientos kilómetros, una mujer entró en una estación de tren.
Compró dos billetes.
El empleado le preguntó por su nombre.
Ella respondió Lena Ward.
Después miró a la persona que esperaba detrás de ella.
Era una niña de unos diez años con una cicatriz circular en la muñeca.
La mujer le preguntó si estaba preparada para conocer a su padre.
La niña asintió.
A lo lejos, entre la multitud, Elias Voss las observaba.
Sacó de su abrigo una séptima bolsa de sangre.
En ella aparecía el símbolo de Atlas y una inscripción escrita a mano.
Sujeto original.
Elias levantó la vista.
Al otro lado de la estación había un hombre anciano de cabello plateado.
El hombre tenía el mismo rostro que él.
Ambos se miraron en silencio.
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Entonces el desconocido sonrió.
Y todas las pantallas de la estación mostraron durante un segundo el símbolo del Proyecto Atlas.
