Parte 3: La firma robada

Emma fue llevada al hospital mientras la tormenta continuaba golpeando la ciudad.
Ryder y Luis siguieron la ambulancia en motocicleta.
No porque ella se lo pidiera.
Porque Ryder había visto demasiado para marcharse.
En la sala de urgencias, los médicos confirmaron que el bebé seguía vivo. Las contracciones habían comenzado, pero todavía podían detenerlas si Emma permanecía tranquila.
Tranquila.
La palabra parecía una broma.
Un agente llamado Harris entró en la habitación con una bolsa transparente.
Dentro estaba la jeringa encontrada en el automóvil.
“Contiene un sedante”, explicó. “Suficiente para dejarla inconsciente durante varias horas.”
Emma cerró los ojos.
Patrick no solamente quería obligarla a firmar.
Había preparado una forma de hacerlo sin su consentimiento.
“También encontramos documentos en la guantera”, continuó Harris. “Algunos tienen su firma.”
“Yo no los firmé.”
El agente colocó fotografías sobre la mesa.
La firma se parecía a la suya.
Pero la fecha correspondía a una mañana en la que Emma había estado en una clínica prenatal.
“Patrick conocía mi firma”, dijo.
Ryder permanecía cerca de la puerta.
No había entrado hasta que Emma autorizó su presencia.
“¿Quién podía validar esos documentos?”, preguntó.
El agente señaló un nombre.
“Un notario privado.”
Emma lo reconoció.
Daniel Mercer.
Era el contador de Patrick.
“Trabaja para él.”
Harris guardó los papeles.
“Entonces tenemos más que investigar.”
El teléfono de Emma sonó.
Era un número desconocido.
Harris contestó y activó el altavoz.
Una voz femenina habló.
“¿Emma?”
“Sí.”
“Soy Rachel Mercer. La esposa de Daniel.”
Emma miró al agente.
Rachel respiraba con dificultad.
“Necesito decirle algo. Mi esposo falsificó esos documentos.”
Harris acercó el teléfono.
“Señora Mercer, ¿dónde se encuentra?”
“No puedo decirlo. Patrick tiene gente vigilando nuestra casa.”
“¿Por qué llama ahora?”
“Porque vi las noticias locales. Vi el vehículo. Vi a Emma.”
Rachel comenzó a llorar.
“Daniel ayudó a transferir la casa y la empresa. Patrick le pagó. También prepararon una declaración médica falsa para decir que Emma no estaba capacitada para tomar decisiones.”
Emma sintió náuseas.
“¿Cuándo?”
“Hace tres semanas.”
“¿Dónde están los originales?”
“En una oficina de almacenamiento cerca del río.”
Harris anotó la dirección.
Rachel continuó.
“Pero hay algo más. Patrick no actuó solo.”
Emma apretó las sábanas.
“¿Quién lo ayudó?”
La línea quedó en silencio durante un instante.
“Su suegra.”
Emma sintió que la sangre abandonaba su rostro.
La madre de Patrick, Victoria Hale, siempre había sido amable en público.
Le enviaba flores.
La llamaba hija.
Pero también había insistido en que Emma debía descansar y dejar que Patrick administrara sus bienes.
Ryder dio un paso hacia adelante.
“¿Por qué querían su empresa?”
Rachel respondió:
“Porque la empresa de Patrick está quebrada. Debe millones. Necesitaban los activos de Emma para cubrir las deudas antes de una auditoría.”
El agente Harris pidió a Rachel que no colgara.
Pero de repente se oyó un golpe.
Después un grito.
La llamada terminó.
“Tenemos que encontrarla”, dijo Emma.
Harris salió de la habitación.
Ryder se acercó.
“Quédate aquí.”
Emma lo miró.
“Rachel arriesgó su vida por llamarme.”
“Y tú tienes que proteger la tuya y la del bebé.”
“Patrick dijo que yo firmé. Si esos documentos se registran antes de que la policía encuentre los originales, puedo perder todo.”
Ryder guardó silencio.
Emma vio algo en su expresión.
“Conoces ese lugar.”
“Tal vez.”
“¿Cómo?”
Ryder bajó la mirada.
“Antes de dirigir el club de motociclistas, trabajé en seguridad privada. Patrick Hale fue cliente de una empresa para la que trabajaba.”
Emma quedó inmóvil.
“¿Lo conocías?”
“Sabía su nombre. Sabía que era peligroso. No sabía quién eras tú.”
“¿Por qué dejaste ese trabajo?”
Ryder tardó en responder.
“Porque una vez protegí a un hombre equivocado.”
La lluvia golpeó la ventana del hospital.
“¿Qué ocurrió?”
“Una mujer pidió ayuda. Mi jefe dijo que era una disputa doméstica. Nos ordenó no intervenir.”
Emma lo observó.
“¿Y tú obedeciste?”
Ryder asintió.
“Ella murió dos días después.”
El silencio llenó la habitación.
“Desde entonces”, dijo Ryder, “cuando escucho a alguien pedir ayuda, no vuelvo a mirar hacia otro lado.”
Emma extendió la mano.
Ryder la tomó.
“Entonces ayúdame a encontrar a Rachel.”
La policía llegó al depósito cuarenta minutos después.
Ryder, Luis y dos miembros del club permanecieron fuera del perímetro.
Dentro encontraron cajas con documentos, grabaciones, sellos falsos y copias de los estados financieros de Emma.
También encontraron a Daniel Mercer atado en una oficina.
Rachel estaba escondida dentro de un armario.
Había sido golpeada, pero seguía consciente.
Según su testimonio, Victoria Hale había llegado con dos hombres para recuperar todos los documentos.
La policía detuvo a uno.
Los otros escaparon.
Victoria no estaba allí.
Cuando Harris regresó al hospital, llevaba una noticia aún peor.
“Victoria sacó a Patrick de la comisaría.”
Emma lo miró sin comprender.
“¿Cómo?”
“Fianza. Sus abogados actuaron muy rápido.”
Ryder se puso de pie.
“¿Dónde está ahora?”
“No lo sabemos.”
En ese momento, las luces del hospital parpadearon.
Después se apagaron.
El generador tardó tres segundos en encenderse.
Tres segundos fueron suficientes.
Una enfermera apareció en la puerta.
“Señora Salazar, hay un hombre preguntando por usted.”
Ryder avanzó.
“¿Qué hombre?”
La enfermera abrió la boca para responder.
Pero detrás de ella apareció Patrick.
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Llevaba ropa seca.
Y sostenía una carpeta roja.
