PARTE 3: EL HOMBRE QUE NO HABÍA MUERTO

Las cámaras de seguridad mostraron a Ethan saliendo por una puerta de servicio.
Solo.
Nadie lo arrastraba.
Nadie lo perseguía.
Richard comprendió rápidamente.
Ethan había decidido marcharse.
Probablemente porque había visto algo.
Encontraron otra grabación.
Charles Bennett saliendo del salón pocos minutos después de que Ethan entregara la carta.
Richard llamó al número del viejo teléfono.
Nadie respondió.
Volvió a llamar.
A la tercera vez, escuchó respiración.
«¿Scott?»
Silencio.
«Soy Richard.»
Una voz débil respondió:
«¿Le diste el reloj?»
Richard sintió que las piernas casi le fallaban.
«Sí.»
Scott soltó el aire lentamente.
«Entonces todavía eres tú.»
Richard cerró los ojos.
«¿Dónde está Ethan?»
«Venía hacia mí.»
«No llegó.»
Silencio.
Después Scott dijo algo que Richard nunca olvidaría.
«Entonces nos encontraron.»
La policía localizó el último movimiento del niño cerca de un viejo motel a las afueras de la ciudad.
Richard llegó acompañado por agentes.
Encontraron a Ethan escondido detrás de una máquina expendedora.
Estaba asustado.
Pero vivo.
La sangre pertenecía a una pequeña herida que se había hecho al saltar una verja.
Richard cayó de rodillas frente a él.
«No vuelvas a hacer eso.»
Ethan retrocedió.
Richard recordó inmediatamente la promesa.
No imponer.
No exigir.
Respiró.
«Perdón. Quise decir que me asusté.»
Ethan lo observó.
Después abrió la mano.
El reloj seguía allí.
«No lo perdí.»
Richard sintió que se le quebraba la voz.
«Me importa más que no te haya perdido a ti.»
Desde la habitación número doce apareció un hombre.
Delgado.
Cabello gris.
Una cicatriz ascendía desde su cuello hasta la mandíbula.
Richard lo reconoció antes de que pudiera hablar.
Scott.
Durante varios segundos, ninguno se movió.
Después Richard caminó hacia él.
Scott levantó una mano.
«No.»
Richard se detuvo.
«¿Por qué?»
«Porque todavía no sabes toda la verdad.»
Scott sacó de su bolsillo el segundo reloj.
Idéntico al que Ethan sostenía.
Dos relojes.
Dos hombres.
Diecisiete años.
«La noche del incendio», dijo Scott, «yo te salvé. Pero alguien más intentó volver por nosotros.»
Richard frunció el ceño.
«¿Quién?»
«Tu padre.»
Richard palideció.
«Mi padre había muerto meses antes.»
Scott negó lentamente.
«Eso fue lo que te dijeron.»
El suelo pareció desaparecer.
Scott explicó que Jonathan Hale había descubierto el fraude dentro de la compañía y había fingido una crisis médica para alejarse mientras reunía pruebas.
Pero Victoria y Bennett lo descubrieron.
La muerte oficial de Jonathan había sido real.
Solo que había ocurrido meses después de la fecha que Richard conocía.
Aquella noche estaba cerca del puerto.
Intentó impedir la explosión.
No lo consiguió.
Pero antes de morir entregó a Scott documentos capaces de destruir a Bennett.
Scott había huido con ellos.
«¿Por qué no viniste a buscarme?»
Scott lo miró con tristeza.
«Lo hice.»
Richard dejó de respirar.
«Tres veces.»
Scott sacó tres sobres.
Todos estaban abiertos.
Todos tenían sellos de Hale Maritime.
«Nunca llegaron a ti.»
Richard comprendió quién controlaba su correspondencia durante aquellos años.
Victoria.
«Entonces ¿por qué ahora?»
Scott miró a Ethan.
«Porque estoy enfermo.»
Ethan bajó la cabeza.
«No sé cuánto tiempo me queda.»
Richard miró al niño.
Comprendió entonces por qué estaba tan delgado.
Por qué guardaba comida.
Por qué un niño de diez años había cruzado media ciudad para entrar en una gala.
Scott no buscaba venganza.
Buscaba un lugar seguro para su hijo.
«La promesa no era sobre el reloj», dijo Richard.
Scott sonrió débilmente.
«Nunca lo fue.»
Richard miró a Ethan.
«Era sobre él.»
Scott asintió.
Pero entonces su expresión se endureció.
«Y todavía no hemos terminado.»
Sacó un pequeño dispositivo de memoria.
«Bennett sabe que estoy vivo.»
«¿Cómo?»
«Porque alguien se lo dijo esta noche.»
Richard pensó en Victoria.
Scott negó con la cabeza.
«No fue ella.»
«Entonces ¿quién?»
Scott miró hacia la puerta.
«La única persona de tu círculo que sabía que Ethan iba a entrar en esa gala.»
Richard sintió frío.
Solo una persona había aprobado personalmente la lista del personal temporal y las entradas de servicio.
Su asistente de confianza desde hacía doce años.
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Daniel Cross.
Y Daniel había desaparecido.