PARTE 2: LA DEUDA DE DIECISIETE AÑOS

Richard ordenó cerrar su despacho privado.
Solo Ethan entró con él.
No llamó a seguridad.
No llamó a Victoria.
Ni siquiera llamó a su abogado.
Pidió comida.
Cuando llegaron los platos, Ethan miró la mesa como si no supiera qué podía tocar.
Richard lo notó.
«Puedes comer todo lo que quieras.»
Ethan tomó un pequeño sándwich.
Después otro.
El tercero lo envolvió cuidadosamente en una servilleta y lo guardó.
«¿Para quién es?»
Ethan bajó la mirada.
«Para mi padre.»
Richard se quedó inmóvil.
«¿Está cerca?»
«Prometí no decirlo.»
Richard sintió frustración, pero la contuvo.
Scott le había confiado a su hijo.
Presionar al niño sería traicionar esa confianza.
«Entonces no te lo preguntaré otra vez.»
Ethan levantó los ojos.
Parecía sorprendido.
Richard señaló el reloj que seguía en su mano.
«¿Tu padre todavía tiene el suyo?»
«Sí.»
«¿Por qué quería que te diera este?»
«Para saber si usted recordaba.»
Richard comprendió.
No era un regalo.
Era una prueba.
Scott había enviado a su hijo a un multimillonario para comprobar qué clase de hombre se había convertido Richard Hale.
«¿Dónde viven?»
Ethan permaneció en silencio.
Richard corrigió la pregunta.
«¿Están seguros?»
El niño tardó en responder.
«No.»
Aquella palabra cambió todo.
Richard se inclinó hacia delante.
«¿Alguien los persigue?»
«Papá dice que llevan años buscándolo.»
«¿Quiénes?»
«No lo sé.»
Ethan metió la mano dentro de su camiseta y sacó una pequeña llave.
«Me dijo que, si usted me daba el reloj, podía entregarle esto.»
Richard tomó la llave.
Tenía grabado un número.
Reconoció inmediatamente el lugar.
Grand Central Terminal.
Una consigna privada.
Una hora después, Richard llegó solo.
La taquilla 317 contenía una carpeta gruesa y un viejo teléfono.
Dentro de la carpeta había copias de transferencias bancarias realizadas diecisiete años atrás.
Pagos de una sociedad fantasma a un inspector marítimo.
Pagos a dos miembros de la tripulación.
Un informe técnico manipulado.
Y finalmente un documento firmado por Richard.
Autorizaba la venta urgente de una participación de la empresa después del incendio.
El comprador era una compañía llamada North Atlantic Holdings.
Richard conocía ese nombre.
Años después había descubierto que pertenecía indirectamente a su propia familia.
La operación había permitido a Victoria obtener el control de una parte de la compañía mientras Richard permanecía hospitalizado.
Pero había algo más.
Scott había descubierto el fraude.
Por eso desapareció.
Richard encendió el teléfono.
Solo contenía un archivo de audio.
La voz de Scott llenó el pequeño espacio.
«Richard, si estás escuchando esto, Ethan llegó hasta ti.»
Richard cerró los ojos.
Diecisiete años.
Y aquella voz seguía siendo la misma.
«No sé cuánto recuerdas de aquella noche. La explosión no fue un accidente. Alguien necesitaba que ese barco quedara destruido para cobrar un seguro y ocultar cargamentos que nunca existieron.»
Richard sintió que el estómago se le cerraba.
«Descubrí los documentos después de salvarte. Intenté entregarlos a la policía. Dos días después intentaron matarme.»
La grabación quedó en silencio durante un segundo.
«Victoria estaba involucrada.»
Richard apoyó una mano contra la pared.
«Pero ella no era la única.»
Eso lo hizo abrir los ojos.
«Si quieres saber quién dio la orden, busca a la persona que convirtió tu supervivencia en una fortuna.»
El audio terminó.
Richard permaneció inmóvil.
Su supervivencia.
El seguro pagado después del incendio había salvado Hale Maritime de la quiebra.
Pero quien había gestionado aquella póliza no era Victoria.
Era Charles Bennett.
El mejor amigo de su padre.
Mentor de Richard.
El hombre que lo había ayudado a construir su imperio.
Y el hombre que aquella misma noche estaba sentado en la mesa principal de la gala.
Richard regresó inmediatamente.
Pero Charles ya se había marchado.
Y Ethan había desaparecido.
Richard encontró a Victoria en el pasillo.
«¿Dónde está el niño?»
«Pensé que estaba contigo.»
Richard vio entonces algo en el suelo.
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La servilleta que Ethan había utilizado para guardar el sándwich.
Y encima de ella había una pequeña gota de sangre.