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CAPÍTULO 2: EL HOMBRE QUE MINTIÓ DESDE EL PRINCIPIO

PARTE 1: NO FUE RASHID

El silencio dentro de la habitación subterránea se volvió insoportable.

Maya seguía mirando a Rashid.

Todo parecía señalarlo.

El hombre había fingido su muerte.

Había ocultado cuentas.

Había manipulado la herencia familiar.

Incluso Nour había descubierto que gran parte del poder de los Al Rashid se había construido sobre secretos.

Pero Nour acababa de negar lentamente con la cabeza.

“No fue él.”

Maya sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

“Entonces, ¿quién?”

Nour no respondió inmediatamente.

Miró a Khalid.

Después a los dos guardias.

Finalmente sus ojos se detuvieron en Faris.

El anciano dio un paso hacia atrás.

Maya lo vio.

Un movimiento pequeño.

Pero suficiente.

“Faris…”

Khalid pronunció su nombre con una voz completamente diferente.

Faris levantó ambas manos.

“Su Alteza, puedo explicarlo.”

Maya sintió que la rabia le subía por el pecho.

“¿Explicar qué?”

Nour se acercó.

“Él llevó a Layla fuera del palacio la noche en que desapareció.”

Maya quedó paralizada.

Faris había sido el hombre que desde el principio parecía saber más que todos.

Había reconocido el nombre de Salma.

Había contado la historia de Nour.

Había mostrado el acta de nacimiento.

Había guiado cada descubrimiento.

“¿Tú te llevaste a mi madre?”

Faris cerró los ojos.

“Sí.”

Khalid lo agarró del brazo.

“¿Por orden de mi padre?”

“Al principio, sí.”

Rashid golpeó el suelo con su bastón.

“Cuidado con lo que dices.”

Faris lo miró.

Por primera vez, ya no parecía un servidor.

“Ya hemos tenido suficiente silencio.”

Maya avanzó hasta quedar frente a él.

“Quiero saberlo todo.”

Faris tragó saliva.

“Hace veintiséis años, Layla descubrió documentos que demostraban que ciertas propiedades familiares habían sido transferidas a empresas privadas. Quería acudir al consejo.”

“¿Y Rashid la detuvo?”

“Sí.”

Rashid no lo negó.

Faris continuó:

“Me ordenó llevarla a una residencia fuera de la ciudad durante unos días. Solo hasta que la situación se calmara.”

Maya apretó los puños.

“Pero nunca regresó.”

“No.”

“¿Por qué?”

Faris miró a Nour.

Ella respondió por él.

“Porque alguien cambió el destino del automóvil.”

Khalid frunció el ceño.

“¿Quién?”

Faris sacó lentamente algo del bolsillo interior de su chaqueta.

Una vieja llave.

Pequeña.

Negra.

Maya reconoció inmediatamente el símbolo grabado sobre el metal.

La misma estrella de ocho puntas de su colgante.

“¿Qué abre?”

Faris la sostuvo entre dos dedos.

“Una caja de seguridad que Layla me pidió proteger.”

Maya extendió la mano.

Faris no se la entregó.

“Hay algo dentro que puede destruir a esta familia.”

Rashid dio un paso.

“Faris.”

El anciano lo ignoró.

“Y alguien ha pasado veintiséis años intentando encontrarla.”

En ese momento, uno de los guardias detrás de Khalid sacó discretamente su teléfono.

Nour lo vio.

“¡No!”

Demasiado tarde.

El guardia presionó un botón.

Y desde algún lugar del palacio abandonado comenzó a sonar una alarma.

PARTE 2: LA CAJA DE LAYLA

Khalid reaccionó primero.

Le quitó el teléfono al guardia y lo arrojó contra la pared.

“¿A quién avisaste?”

El hombre no respondió.

El segundo guardia retrocedió confundido.

“Yo no sabía nada, Su Alteza.”

Nour se acercó al primero.

“Él trabaja para Omar.”

Maya recordó al hombre de la mesa 7.

La copa cayendo.

Su rostro al ver el vestido rojo.

“¿Omar Vassal?”

Nour asintió.

“Él no era solo un inversionista.”

Rashid soltó una amarga carcajada.

“Por fin llegamos al nombre correcto.”

Khalid giró hacia su padre.

“¿Tú sabías?”

“Sabía que Omar llevaba años comprando personas dentro de esta familia.”

“¿Y nunca dijiste nada?”

“Porque algunas de esas personas trabajaban para mí antes de trabajar para él.”

Maya sintió náuseas.

Nadie en aquella familia parecía haber vivido sin mentir.

Faris finalmente colocó la llave en su mano.

“Escúchame. La caja no está aquí.”

“¿Dónde?”

“En el antiguo banco de la familia.”

Nour negó.

“No podemos ir. Si activaron la alarma, Omar sabrá que hemos encontrado este lugar.”

“Precisamente por eso debemos movernos ahora”, dijo Khalid.

Maya miró a Nour.

“¿Qué hay en la caja?”

Nour tardó en responder.

“Pruebas de quién era realmente dueño de los activos que intentaron vender.”

“¿Solo eso?”

“No.”

Su voz se debilitó.

“También hay una grabación de Layla.”

Maya dejó de respirar.

“¿Mi madre está viva en esa grabación?”

“Lo estaba cuando la hizo.”

Aquellas palabras bastaron.

Una hora después llegaron al antiguo banco privado de los Al Rashid.

No había empleados.

Khalid utilizó un código familiar para acceder a la bóveda histórica.

La llave de Faris abrió una pequeña caja metálica cubierta de polvo.

Dentro había tres cosas.

Un libro contable.

Un sobre sellado.

Y una cinta de video.

Maya tomó el sobre.

Su nombre estaba escrito en el frente.

Maya.

La letra era idéntica a la de la carta encontrada en el palacio.

Lo abrió.

“Mi hija. Si estás leyendo esto, significa que no pude volver por ti.”

Las manos de Maya comenzaron a temblar.

“Salma te protegerá. Nour recordará quién eres. Pero nunca entregues ambos colgantes a la misma persona.”

Maya levantó la vista.

“¿Ambos?”

Nour llevó una mano a su cuello.

Y sacó el suyo.

Maya hizo lo mismo.

Dos medias lunas.

Dos estrellas.

Faris palideció.

“Júntenlos.”

Los colocaron lado a lado.

Encajaron perfectamente.

En el reverso apareció una serie de números.

Khalid la leyó.

“No es una fecha.”

Faris negó.

“Es una cuenta.”

Khalid abrió el libro contable.

Buscó el número.

Cuando lo encontró, dejó de hablar.

Maya se acercó.

La cuenta no pertenecía a Rashid.

Tampoco a Omar.

Estaba registrada a nombre de una fundación.

Fundación Salma Haddad.

Maya sintió un golpe en el pecho.

“¿Mi madre adoptiva tenía una fundación?”

Faris negó lentamente.

“No.”

Pasó la página.

Debajo aparecía una firma.

Salma Haddad.

Pero Nour miró el documento y retrocedió.

“Esa no es su firma.”

Entonces las luces de la bóveda se apagaron.

Y una voz salió de los altavoces.

“Gracias por abrir la caja por mí.”

Omar Vassal.

PARTE 3: LA MUJER QUE TODOS CREÍAN MUERTA

Las puertas de la bóveda se cerraron.

Khalid corrió hacia ellas.

Bloqueadas.

“Omar.”

Su voz retumbó contra el acero.

“¿Qué quieres?”

La respuesta llegó por los altavoces.

“Lo mismo que todos ustedes. Lo que Layla escondió.”

Maya miró la cinta.

“¿Por qué esperaste tantos años?”

Omar rio suavemente.

“Porque necesitaba los dos colgantes.”

Nour se quedó inmóvil.

Maya comprendió.

El vestido.

La mesa 7.

El mensaje.

Todo había empujado a ambas mujeres hacia el mismo lugar.

“¿Fuiste tú quien colocó el vestido para que Khalid lo encontrara?”

Silencio.

Después:

“Por fin alguien hace la pregunta correcta.”

Khalid golpeó la puerta.

“Usaste a Maya.”

“No. Usé tu arrogancia. Sabía que si veías un misterio, intentarías controlarlo.”

Aquello golpeó a Khalid.

Porque era verdad.

Maya tomó la cinta.

“¿Qué hay aquí que te asusta tanto?”

La voz de Omar perdió su tono divertido.

“No la reproduzcas.”

Maya miró a Nour.

Nour encontró un viejo reproductor dentro de un armario de archivo.

Introdujeron la cinta.

La imagen apareció con interferencias.

Una mujer joven estaba sentada frente a la cámara.

Maya reconoció los ojos.

Layla.

Su madre.

“Si alguien encuentra esto, quiero dejar constancia de que Rashid Al Rashid no ordenó mi desaparición.”

Todos miraron a Rashid.

Incluso él parecía sorprendido.

Layla continuó:

“Rashid intentó silenciarme. Eso es verdad. Pero la persona que convirtió mi ausencia temporal en una desaparición permanente fue Omar Vassal.”

Maya apretó los dientes.

“Lo sabía.”

Pero el video continuó.

“Omar necesitaba eliminarme porque descubrí que estaba falsificando firmas y moviendo activos a través de una identidad falsa.”

Layla levantó un documento hacia la cámara.

“La identidad era Salma Haddad.”

Nour susurró:

“Dios mío.”

La fundación.

La cuenta.

La firma falsa.

Omar había utilizado el nombre de Salma.

Pero Layla aún no había terminado.

“Salma descubrió lo mismo. Por eso huyó con Maya.”

La grabación saltó.

Después apareció una segunda imagen.

Más reciente.

Mucho más reciente.

Maya se acercó a la pantalla.

Layla estaba mayor.

Cabello gris.

Rostro cansado.

Pero viva.

La fecha aparecía en la esquina.

Dos meses antes.

Maya comenzó a llorar.

“Está viva.”

Layla habló directamente a la cámara.

“Maya, si algún día ves esto, no me busques en el lugar donde me encerraron.”

Hizo una pausa.

“Me escapé hace siete años.”

Rashid cerró los ojos.

Khalid se volvió hacia Faris.

“¿Tú sabías?”

“No.”

Layla continuó:

“Desde entonces he estado reuniendo pruebas. Pero no podía regresar mientras Omar controlara el dinero y la seguridad de la familia.”

Entonces dijo algo que hizo que Nour soltara el borde de la mesa.

“Nour sabe cómo encontrarme.”

Maya se volvió hacia ella.

“¿Qué significa eso?”

Nour estaba llorando.

“Maya…”

“Tú sabías que mi madre estaba viva.”

“Sabía que podía estarlo.”

“¡Eso no es lo mismo!”

“Ella me hizo prometer que no te llevaría hasta ella hasta que ambos colgantes estuvieran juntos.”

Maya sostuvo su colgante.

“¿Por qué?”

Nour miró la serie de números.

“Porque no es solo una cuenta.”

Presionó las dos piezas unidas.

Una diminuta placa metálica se abrió.

Dentro había una microtarjeta.

Khalid la tomó.

“¿Qué contiene?”

Nour respondió:

“La ubicación actual de Layla.”

Entonces se escuchó un golpe al otro lado de la puerta.

Después otro.

Omar ya no hablaba por los altavoces.

Estaba entrando.

PARTE 4: LA ÚLTIMA PUERTA

La cerradura comenzó a girar desde fuera.

Khalid miró alrededor buscando otra salida.

Faris señaló una rejilla de mantenimiento detrás de unos archivos.

“Los bancos antiguos tenían una salida de emergencia hacia el corredor técnico.”

El segundo guardia empezó a retirar los tornillos.

Maya guardó la microtarjeta dentro de su vestido.

Nour tomó el libro contable.

Rashid permaneció junto a la puerta.

Khalid lo miró.

“¿Qué haces?”

“Comprando tiempo.”

“Vienes con nosotros.”

Rashid sonrió con cansancio.

“Pasé demasiados años huyendo de las consecuencias de mis decisiones.”

La puerta se abrió unos centímetros.

“Esta vez no.”

Khalid dudó.

Por primera vez Maya vio al hijo detrás del príncipe.

“Padre…”

“Vete.”

Entraron en el corredor técnico segundos antes de que la puerta principal se abriera.

Mientras avanzaban por la oscuridad, Maya escuchó voces detrás.

Omar había llegado acompañado.

Nour le tomó la mano.

“No mires atrás.”

Maya casi rio.

“Todo el mundo lleva veintiséis años diciéndome que no mire atrás.”

“Entonces mira hacia adelante.”

Llegaron a una salida estrecha detrás del edificio.

Un automóvil los esperaba.

Faris encendió una computadora portátil y conectó la microtarjeta.

Solo contenía un archivo.

Una fotografía.

Unas coordenadas.

Y un mensaje.

“Ven sola, Maya.”

Khalid negó inmediatamente.

“No.”

Maya amplió la fotografía.

Era Layla.

De pie frente a una casa blanca junto al mar.

Sostenía un periódico fechado tres días antes.

Viva.

Maya tocó la pantalla.

“Mamá…”

Debajo de la imagen había una segunda frase.

“Si Khalid está contigo, dile que pregunte a Nour por la noche de su compromiso.”

Khalid giró lentamente hacia Nour.

Ella palideció.

“¿Qué ocurrió la noche de nuestro compromiso?”

Nour no respondió.

“Nour.”

La mujer cerró los ojos.

Maya sintió que otro secreto estaba a punto de destruirlos.

“Yo no desaparecí después de nuestro compromiso por culpa de Omar.”

Khalid dejó de respirar.

“Entonces, ¿por qué?”

Nour lo miró.

“Porque descubrí quién había firmado la orden original para encerrar a Layla.”

Maya miró a Faris.

Después a Khalid.

“¿Quién?”

Nour tardó varios segundos.

“Tu madre.”

Khalid quedó completamente inmóvil.

“Mi madre murió cuando yo tenía quince años.”

Nour negó.

“No, Khalid.”

El automóvil quedó en absoluto silencio.

“Eso es lo que tu padre te hizo creer.”

Maya sintió que el corazón volvía a acelerarse.

Rashid había fingido su muerte.

Layla había sido declarada muerta.

Nour había desaparecido.

Y ahora otra persona supuestamente fallecida regresaba a la historia.

Khalid apenas pudo hablar.

“¿Dónde está mi madre?”

Nour miró las coordenadas que Layla había enviado.

Después respondió:

“Con ella.”

Maya volvió a mirar la fotografía de su madre frente al mar.

Amplió la imagen.

Al principio solo había visto a Layla.

Pero en el reflejo de una ventana aparecía otra mujer.

Cabello blanco.

Alta.

Delgada.

Observando a Layla desde dentro de la casa.

Khalid reconoció el rostro antes que nadie.

Se quedó blanco.

“Mamá…”

Y en ese momento Maya comprendió que encontrar a Layla no iba a cerrar la historia.

Iba a abrir el secreto más peligroso de todos.

Porque en aquella casa junto al mar estaban juntas las dos mujeres que las familias Al Rashid llevaban décadas fingiendo que estaban muertas.

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Y una de ellas había firmado la orden que destruyó la vida de Maya.

CONTINUARÁ...

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