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El Ruido Detrás del Oro

EL RUIDO DETRÁS DEL ORO

Elena caminaba por el largo pasillo de mármol sosteniendo firmemente una pesada bandeja de plata entre las manos.

La brillante luz de la mañana entraba a través de los enormes ventanales de la gran mansión.

Todo en aquella casa siempre parecía limpio y perfecto por fuera.

Elena llevaba casi tres años trabajando como empleada doméstica para la familia Sterling.

Conocía cada rincón de la casa y cada una de sus silenciosas reglas.

Colocó dos costosas copas de cristal sobre la mesa auxiliar junto a la escalera principal.

Muy cerca, un enorme cuadro de la propiedad original colgaba de la pared.

Elena se detuvo al escuchar un sonido muy débil de golpes que parecía provenir del interior del muro.

Contuvo la respiración durante un segundo y acercó el oído al marco.

El sonido volvió a escucharse, como si una pequeña mano estuviera golpeando un trozo de madera seca.

Elena: ¿Hay alguien ahí dentro?

Su voz sonó pequeña bajo los altos techos del pasillo vacío.

Se acercó un poco más y descubrió una diminuta abertura en el borde inferior del marco.

El pesado marco dorado estaba montado sobre una bisagra metálica oculta.

Elena sujetó cuidadosamente un lado del marco de madera con ambas manos y tiró de él.

El enorme cuadro se abrió hacia delante acompañado de un profundo crujido.

Detrás había un pequeño espacio oscuro excavado en el grueso muro de la mansión.

Elena soltó un grito ahogado y estuvo a punto de dejar caer el paño de limpieza.

Una pequeña niña estaba acurrucada sobre el suelo de madera dentro del compartimento secreto.

Sus pequeñas manos estaban atadas con suaves cintas grises.

Una ancha tira de cinta gris cubría completamente su boca.

Las lágrimas se habían secado formando líneas pálidas sobre las mejillas cubiertas de polvo de la pequeña.

Elena: ¡Dios mío, pequeña!

Elena cayó inmediatamente de rodillas sobre el frío suelo de mármol blanco.

Introdujo las manos en el estrecho espacio y retiró cuidadosamente la cinta de la boca de la niña.

La pequeña respiró profundamente con el cuerpo temblando y comenzó a sollozar.

Lily: ¡Por favor, ayúdeme a salir de aquí!

Elena: Voy a sacarte de aquí ahora mismo. No tengas miedo.

Elena desató rápidamente las cintas de tela que rodeaban las pequeñas muñecas de Lily.

La niña rodeó el cuello de Elena con los brazos y se aferró fuertemente a ella.

Elena sacó cuidadosamente a la pequeña del compartimento y la llevó hasta la brillante luz de la mañana que iluminaba el pasillo.

De repente, unos pasos pesados resonaron desde lo alto de la gran escalera.

Victoria Sterling estaba de pie en el escalón superior, vestida con un elegante vestido de terciopelo.

Sus fríos ojos azules se abrieron con furia al ver a Elena arrodillada junto a Lily.

Victoria: ¿Qué crees que estás haciendo ahí, Elena?

Elena: ¡Escondiste a una niña dentro de la pared!

Victoria bajó rápidamente la escalera de mármol con pasos firmes y apresurados.

Al llegar al último escalón, señaló directamente hacia el compartimento abierto.

Victoria: ¡Vuelve a poner ese cuadro en su lugar ahora mismo y aléjate!

Elena: ¡Jamás volveré a cerrar este cuadro con una niña detrás!

Victoria agarró con fuerza el hombro de Elena.

Elena se giró rápidamente y apartó la mano de Victoria.

Una de las copas de cristal que estaba sobre la pequeña mesa se deslizó, cayó y se hizo añicos contra el suelo de mármol.

Elena: ¡Eres un monstruo por hacerle esto!

Victoria: ¡No entiendes lo que esta niña significa para el patrimonio legal de mi familia!

Elena: ¡No existe dinero en el mundo que pueda justificar esto!

Elena sacó rápidamente su teléfono móvil del bolsillo de su delantal negro.

Tomó una fotografía del compartimento secreto abierto en la pared.

Victoria se lanzó hacia delante intentando arrebatarle el pequeño teléfono negro.

Elena retrocedió rápidamente y colocó a Lily detrás de su cuerpo para protegerla.

Elena: ¡Aléjate de nosotras o llamaré inmediatamente a emergencias!

Victoria: ¡Si dices una sola palabra sobre esto, hoy mismo perderás tu trabajo!

Elena: ¡Ya no me importa este trabajo!

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La pequeña Lily se aferró al delantal negro de Elena y escondió silenciosamente el rostro.

Elena mantuvo a la niña protegida junto a ella mientras sostenía la mirada furiosa de Victoria.

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