Parte 3 Lo que nadie quiso detener

La cocina estaba más silenciosa ahora. No porque no hubiera ruido, sino porque todo el sonido parecía estar atrapado dentro del miedo.
Rachel respiraba con dificultad. Su cuerpo estaba cada vez más débil. Ethan la sostenía como si pudiera evitar que se desvaneciera solo con sus brazos pequeños.
El teléfono seguía en su mano, olvidado por momentos, todavía conectado.
Abuelo… ven… murmuró Ethan otra vez.
Ya voy respondió la voz con urgencia.
Rachel abrió los ojos y miró a su hijo.
Escúchame… dijo ella con voz débil.
Ethan negó con la cabeza.
No hables mamá por favor.
Rachel tocó su mejilla.
Eres fuerte… ¿sí?
Ethan lloraba sin control.
No quiero ser fuerte quiero que estés bien.
Rachel cerró los ojos otra vez por un segundo. Pero esta vez no los abrió de inmediato.
Ethan entró en pánico.
Mamá no no no por favor mírame.
La sacudió suavemente.
Rachel volvió a reaccionar. Su respiración regresó, pero más débil.
En ese instante Mark finalmente se acercó lo suficiente como para estar dentro del círculo de luz de la cocina.
Ethan lo miró.
Ayúdala dijo con rabia mezclada con miedo.
Mark lo miró.
Su expresión no cambió.
Rachel intentó levantar la cabeza hacia él. Sus ojos lo encontraron por primera vez directamente.
Había algo en esa mirada. Algo que no era solo dolor físico.
Era desconfianza.
Y una pregunta silenciosa.
Pero Mark no respondió a esa pregunta.
El silencio se volvió insoportable.
Ethan apretó más fuerte a su madre.
No entiendo… ¿por qué no ayudas?
Mark finalmente bajó la mirada por un segundo.
Pero aún no se arrodilló.
Rachel apretó la mano de su hijo con lo poco que le quedaba de fuerza.
Si tu abuelo llega… todo estará bien dijo ella casi como una promesa que necesitaba creer.
El sonido de un coche frenando afuera finalmente se escuchó.
Ethan levantó la cabeza de inmediato.
¡Es él! gritó.
Pero Rachel ya no tenía la misma fuerza para reaccionar.
Mark se quedó quieto otra vez.
Como si ese sonido no lo afectara.
El motor se apagó.
Una puerta se cerró afuera.
Pasos rápidos se acercaron a la entrada.
Ethan sintió esperanza por primera vez en minutos.
Pero Rachel seguía en el suelo.
Y Mark seguía de pie.
Sin moverse.
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Sin explicar nada.
Y cuando la puerta principal comenzó a abrirse, la cocina entera pareció contener la respiración, como si el verdadero motivo de todo lo ocurrido estuviera a punto de entrar en la casa.