PARTE 3: LA VERDAD DE ELENA

Veinte minutos después, el salón que debía celebrar una boda se había convertido en un lugar lleno de susurros.
Los invitados comenzaban a marcharse.
Valeria permanecía en una habitación privada acompañada por su madre y una amiga.
Mateo estaba en una pequeña sala contigua con Sofía y Daniel.
Daniel había llamado a las autoridades para entregar las grabaciones.
Pero Mateo solo podía pensar en una persona.
Elena.
Sacó el teléfono.
La llamó.
Ella respondió después del tercer tono.
“Mateo.”
Su voz sonaba extraña.
“Necesito hablar contigo.”
Hubo silencio.
“¿Ha pasado algo con Sofía?”
Mateo miró a su hija.
“Ella me contó todo.”
Silencio.
“Elena.”
Nada.
Entonces escuchó un sollozo.
Mateo cerró los ojos.
“¿Por qué no me dijiste nada?”
Elena tardó varios segundos en responder.
“Porque tenía miedo.”
“¿Miedo de qué?”
“De perder a Sofía.”
Mateo sintió un nudo en el pecho.
“No entiendo.”
“Valeria me dijo que si hablaba, utilizaría tus abogados para demostrar que yo estaba creando problemas entre ustedes.”
Mateo apretó el teléfono.
Elena continuó.
“Me dijo que convencería a todos de que yo era una exesposa celosa intentando destruir tu nueva relación.”
Mateo miró hacia la puerta cerrada detrás de la cual estaba Valeria.
“¿Cuánto tiempo?”
“Meses.”
“¿Por qué seguías entrando a la casa?”
“Por Sofía.”
La respuesta fue inmediata.
“Nunca iba por Valeria. Iba porque Sofía me necesitaba.”
Mateo se sentó.
Todo comenzaba a encajar.
Las ocasiones en las que Elena había pedido recoger personalmente la mochila de Sofía.
Las llamadas que terminaban abruptamente.
Los mensajes extrañamente breves.
Los días en que Elena parecía querer decir algo y después cambiaba de tema.
Mateo había interpretado su silencio como aceptación.
Ahora comprendía que había sido miedo.
“Ven aquí.”
Elena dudó.
“¿A la boda?”
“Ya no hay boda.”
Otra pausa.
“¿Qué?”
“La cancelé.”
Mateo escuchó cómo Elena respiraba profundamente.
“No tenías que hacerlo por mí.”
“No lo hice por ti.”
Mateo miró a Sofía.
“Lo hice porque no voy a construir una familia con alguien que hace que mi hija tenga miedo dentro de su propia casa.”
Cuarenta minutos después, Elena llegó.
Cuando entró en el salón casi vacío, Sofía fue la primera en verla.
“¡Mamá!”
La niña soltó la mano de Mateo y corrió.
Elena se arrodilló.
Sofía se lanzó a sus brazos.
Elena la abrazó con tanta fuerza que comenzó a llorar.
Mateo observó desde varios metros.
Por primera vez vio algo que antes no había querido reconocer.
Elena llevaba maquillaje.
Pero bajo la luz lateral podía distinguirse una marca tenue cerca de su pómulo.
Mateo sintió rabia.
No una rabia explosiva.
Algo peor.
Una rabia fría.
Se acercó lentamente.
Elena levantó la mirada.
“Lo siento.”
Mateo frunció el ceño.
“¿Por qué te disculpas?”
“Porque todo esto pasó el día de tu boda.”
Mateo negó con la cabeza.
“No vuelvas a disculparte por lo que ella hizo.”
Sofía seguía abrazando a su madre.
Mateo se agachó junto a ellas.
“Yo soy quien debería pedir perdón.”
Elena lo miró.
“No sabías.”
“Debí haber visto que algo estaba mal.”
“Valeria era muy cuidadosa.”
Mateo bajó la mirada.
“¿Sofía vio todo?”
Elena acarició el cabello de su hija.
“No todo.”
Sofía levantó la cabeza.
“Escuché cuando Valeria te dijo que no podías contarle a papá.”
Elena cerró los ojos.
Mateo sintió que el pecho se le hundía.
Su hija había cargado durante semanas con un secreto que ningún niño debería cargar.
Entonces se abrió una puerta.
Valeria apareció.
Ya no llevaba el velo.
Sus ojos estaban rojos.
La tiara había desaparecido, pero todavía llevaba el vestido de novia.
Cuando vio a Elena, su rostro cambió.
“Claro.”
Mateo se puso de pie.
“Valeria.”
Ella ignoró la advertencia.
“Tenías que venir.”
Elena protegió a Sofía con un brazo.
“Solo vine por mi hija.”
Valeria soltó una risa amarga.
“Siempre es la misma excusa.”
Mateo dio un paso adelante.
“Se acabó.”
Valeria lo miró.
“¿No lo entiendes? Esto es exactamente lo que ella quería.”
Elena permaneció en silencio.
Valeria señaló hacia ella.
“Lleva años esperando que tú vuelvas con ella.”
“Esto no tiene nada que ver con volver con nadie.”
“¡Claro que sí!”
La voz de Valeria resonó por el salón vacío.
Daniel apareció inmediatamente en la puerta.
Mateo levantó una mano indicando que permaneciera allí.
Después miró a Valeria.
“Tú todavía crees que Elena es el problema.”
Valeria respiraba rápidamente.
“Ella nunca nos dejó vivir tranquilos.”
“Es la madre de Sofía.”
“¡Y yo iba a ser tu esposa!”
Mateo guardó silencio.
Valeria señaló su vestido.
“¿Sabes lo humillante que es esto? Todo el mundo me ha visto abandonada el día de mi boda.”
Mateo la observó durante varios segundos.
Después respondió con una calma que hizo que Valeria retrocediera.
“Y todavía no has preguntado si Sofía está bien.”
El rostro de Valeria cambió.
Mateo continuó.
“Desde que todo esto empezó, no has preguntado ni una vez cómo se siente ella.”
Valeria miró a Sofía.
La niña se aferró con más fuerza a Elena.
Mateo vio la respuesta en ese gesto.
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Valeria también.
Y por primera vez, no tuvo nada que decir.
