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PARTE 2: LAS IMÁGENES QUE NADIE DEBÍA VER

El salón quedó extrañamente silencioso.

Algunos invitados seguían conversando a lo lejos, sin comprender lo que estaba ocurriendo cerca del pasillo principal.

Daniel desbloqueó la tableta.

Valeria avanzó hacia él.

“Dame eso.”

Daniel retrocedió.

“No, señora.”

“Trabajo con Mateo. Esa casa también es mía.”

“Todavía no.”

Las palabras de Daniel fueron tranquilas, pero contundentes.

Mateo extendió la mano.

“Muéstramelo.”

Daniel giró la pantalla.

La grabación mostraba uno de los pasillos de la residencia de Mateo.

La fecha correspondía a tres semanas atrás.

Elena aparecía entrando por la puerta lateral.

Mateo la reconoció inmediatamente.

Había ido a recoger unas cosas de Sofía.

Entonces Valeria apareció.

Mateo observó cómo ambas mujeres comenzaban a hablar.

No había sonido.

Al principio, nada parecía extraño.

Hasta que Valeria cerró la puerta.

Después se acercó demasiado a Elena.

Elena intentó apartarse.

Valeria la empujó.

Mateo sintió que el estómago se le revolvía.

En la pantalla, Elena levantaba las manos intentando calmarla.

Valeria volvió a empujarla.

Esta vez contra la pared.

Después levantó una mano.

Mateo apartó la mirada durante un segundo.

No necesitaba ver más.

Pero Daniel cambió de archivo.

“Ocurrió más de una vez.”

Valeria reaccionó.

“¡Eso está manipulado!”

Daniel continuó.

La segunda grabación era de otra fecha.

El mismo pasillo.

Elena estaba de pie junto a una mesa.

Valeria apareció detrás.

Comenzaron otra discusión.

Después Valeria agarró a Elena del brazo.

Elena consiguió soltarse.

Mateo miró a Sofía.

La niña tenía la cabeza baja.

De pronto comprendió que Sofía había vivido todo aquello mientras él estaba trabajando, viajando o preparando la boda.

“¿Cuántas veces?”

Daniel permaneció callado.

Mateo levantó la mirada.

“Daniel. ¿Cuántas?”

“Encontramos cinco incidentes.”

Mateo cerró los ojos.

Cinco.

Valeria dio un paso hacia él.

“Mateo, escúchame.”

Él abrió los ojos.

Ya no había sorpresa en ellos.

Solo una frialdad que Valeria nunca había visto.

“Cinco veces.”

“Ella me provocaba.”

Mateo permaneció inmóvil.

Valeria comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.

Daniel bajó lentamente la tableta.

Sofía miró a Valeria.

Mateo habló en voz baja.

“Acabas de admitirlo.”

Valeria abrió la boca.

“No. Yo no quería decir eso.”

“Entonces dime qué querías decir.”

“Ella venía constantemente a nuestra casa.”

“Es la madre de mi hija.”

“Exactamente.”

Valeria perdió el control.

“Siempre será la madre de tu hija. Siempre tendrá una excusa para entrar en nuestra vida.”

Mateo la observó con incredulidad.

“¿Por eso la golpeabas?”

“No sabes cómo me trataba.”

“Estoy viendo cómo la tratabas tú.”

Valeria miró alrededor.

Algunos invitados ya se habían acercado.

Su madre estaba junto a una de las columnas.

Dos damas de honor observaban la escena completamente inmóviles.

Valeria bajó la voz.

“Podemos hablar de esto después de la ceremonia.”

Mateo casi no pudo creer lo que acababa de escuchar.

“¿Después?”

“Sí.”

Valeria intentó tomarle la mano.

Mateo la retiró.

Ella se quedó congelada.

“Mateo, todo el mundo está aquí.”

“Eso es lo que te preocupa.”

“No.”

“Sí.”

Mateo señaló la tableta.

“Has atacado a Elena varias veces. Has asustado a mi hija. Le has hecho creer que no podía contarme lo que estaba pasando. Y lo que te preocupa es que los invitados están esperando.”

Valeria comenzó a llorar.

Pero Mateo ya no podía distinguir si aquellas lágrimas eran reales.

“Te amo.”

Sofía se estremeció al escuchar esas palabras.

Mateo lo notó.

Y entonces tomó una decisión.

No necesitaba más explicaciones.

No necesitaba escuchar otra mentira.

Miró a Daniel.

“Guarda todas las grabaciones.”

Daniel asintió.

“Ya tenemos copias.”

Valeria palideció todavía más.

“¿Copias?”

“Sí.”

“¿Quién te autorizó?”

Mateo respondió.

“Yo soy el propietario de la casa.”

Valeria lo miró con furia.

“¡También iba a ser mi casa!”

Mateo sostuvo su mirada.

“Iba.”

La palabra cayó como una piedra.

Valeria dejó de respirar.

“¿Qué significa eso?”

Mateo miró hacia el altar.

Las flores.

Las velas.

Los invitados.

Todo aquello había costado meses de preparación.

Luego miró a Sofía.

Su hija seguía agarrando su mano.

Y de pronto todo lo demás dejó de importar.

Mateo volvió a mirar a Valeria.

“La boda se acabó.”

Un murmullo atravesó el salón.

Valeria quedó inmóvil.

“¿Qué?”

“La boda se acabó.”

“No puedes hacerme esto.”

“Ya lo hice.”

“Mateo.”

Él no respondió.

Valeria se acercó.

“Escúchame. Estás enfadado. Lo entiendo. Pero no puedes destruir cuatro años por unos videos.”

Mateo la miró fijamente.

“No son los videos.”

“Entonces, ¿qué?”

Mateo señaló a Sofía.

“Es el miedo en los ojos de mi hija cuando te acercas.”

Valeria miró a la niña.

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Sofía inmediatamente se escondió detrás de Mateo.

No hacía falta decir nada más.

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