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PARTE 3

El rey cerró lentamente la puerta del establo.

Quiero saberlo todo.

El consejero respiró profundamente.

Majestad, la joven que está frente a usted no es quien todos creen.

Mary apretó la medalla entre sus dedos.

El rey la miró.

¿Qué significa eso?

El consejero tardó unos segundos en responder.

Su Majestad, Mary pertenece a su propia sangre.

El rostro del rey quedó completamente inmóvil.

¿Qué has dicho?

Mary levantó la mirada.

Yo tampoco lo sabía.

El rey se acercó.

¿Quién eres?

La joven mostró la medalla.

Mi madre se llamaba Elena.

El rey se quedó paralizado.

Por primera vez desde que Mary lo conocía, vio verdadero miedo en sus ojos.

¿Dónde encontraste ese nombre?

En una carta.

El rey tomó la medalla.

La reconoció inmediatamente.

Esta pertenecía a mi padre.

Mary sintió que el corazón le latía con fuerza.

Entonces usted sabía algo.

El rey negó lentamente.

No sabía que estabas viva.

El consejero intervino.

Majestad, debemos contarle toda la verdad antes de que sea demasiado tarde.

El rey asintió.

El consejero comenzó a hablar.

Muchos años atrás, cuando el rey todavía era un niño, su padre descubrió que alguien dentro de la corte planeaba asesinar a varios miembros de la familia real.

El objetivo era tomar el trono.

La madre de Mary descubrió parte de la conspiración.

Pero antes de poder revelar los nombres, desapareció.

El rey apretó la medalla.

Todos creímos que la niña había muerto.

Mary preguntó con voz temblorosa.

¿Y mi madre?

El silencio fue suficiente para darle la respuesta.

Mary cerró los ojos.

El consejero habló suavemente.

Tu madre murió intentando protegerte.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Mary.

Entonces el rey dijo algo que la dejó completamente sorprendida.

Yo la amaba.

Mary levantó la cabeza.

¿Qué?

El rey miró hacia la puerta.

Tu madre y yo crecimos juntos. Antes de ser rey, quería casarme con ella.

Mary sintió que todo comenzaba a encajar.

Entonces usted es...

El rey bajó la mirada.

Tu padre.

El mundo pareció detenerse.

Mary retrocedió un paso.

No.

No puede ser.

El rey intentó acercarse.

Mary levantó la mano.

No se acerque.

El hombre que ella había conocido como el rey era ahora su propio padre.

Y lo peor era que él había prometido casarse con ella sin saber quién era realmente.

El rey estaba devastado.

Durante todos estos años pensé que había perdido a mi hija.

Mary lloraba en silencio.

¿Por qué nunca me buscaron?

Porque quienes te escondieron querían que sobrevivieras.

Entonces alguien golpeó violentamente la puerta.

Todos se quedaron inmóviles.

El consejero sacó su espada.

El rey hizo una señal para que nadie hablara.

Volvieron a golpear.

Esta vez con más fuerza.

La puerta se abrió de repente.

Un soldado cayó al suelo.

Estaba herido.

Majestad.

El rey corrió hacia él.

¿Qué ocurrió?

El soldado apenas podía respirar.

Han descubierto que Mary está aquí.

El rostro del rey cambió.

¿Quiénes?

El soldado tragó saliva.

La guardia privada de la reina madre.

Mary sintió un escalofrío.

La reina madre.

El consejero asintió.

Ella sabía que Mary pertenecía a la familia real.

Y ahora quiere eliminarla antes de que el pueblo conozca la verdad.

El rey se volvió hacia Mary.

No saldrás de este palacio.

Mary lo miró sorprendida.

¿Para protegerme?

Para protegerte y para recuperar a la hija que creí perdida.

Pero entonces se escucharon decenas de pasos.

Soldados.

Muchos soldados.

El rey desenvainó su espada.

El consejero cerró la puerta.

Mary miró al semental.

El animal estaba completamente tranquilo.

Entonces tuvo una idea.

La joven se acercó al caballo y susurró algo en su oído.

El rey la miró.

¿Qué estás haciendo?

Mary respondió.

Lo mismo que hice el primer día.

No voy a luchar contra ellos con miedo.

Voy a hacer que ellos tengan miedo.

Abrió la puerta trasera del establo.

El enorme semental salió corriendo.

Los soldados que se acercaban comenzaron a gritar.

El caballo atravesó el patio y derribó una barrera de madera.

Los hombres retrocedieron.

Mary montó sobre él.

El rey gritó.

Mary, vuelve.

Pero ella no obedeció.

El semental corrió hacia la parte antigua del palacio.

Todos comenzaron a seguirla.

Mary sabía exactamente dónde quería ir.

La torre abandonada.

El lugar donde, según la carta, su madre había escondido documentos antes de desaparecer.

Cuando llegó, desmontó.

Entró en una habitación cubierta de polvo.

Detrás de una piedra encontró un pequeño compartimento.

Dentro había un libro.

Mary lo abrió.

Y su rostro perdió todo color.

No era solamente un diario.

Era una lista.

Una lista de nombres.

Nombres de personas que habían participado en la conspiración para destruir a la familia real.

Mary comenzó a leer.

Entonces vio el último nombre.

Se quedó completamente inmóvil.

No podía ser.

El rey llegó detrás de ella.

¿Qué encontraste?

Mary no respondió.

El rey tomó el libro.

Leyó el último nombre.

Y cayó en silencio.

Porque el nombre que aparecía allí no pertenecía a un soldado.

Ni a un consejero.

Ni siquiera a la reina madre.

Era el nombre del hombre que había entregado el caballo al rey.

El famoso criador de caballos de tierras lejanas.

El hombre que había enviado aquel semental al palacio.

El rey levantó lentamente la mirada.

De repente comprendió algo aterrador.

El caballo nunca había sido enviado para convertirse en una mascota real.

Había sido enviado como parte de un plan.

Y la herida detrás de su oreja tampoco había sido un accidente.

Alguien había querido mantenerlo furioso para que nadie pudiera acercarse lo suficiente como para descubrir lo que llevaba escondido bajo su melena.

Mary recordó la primera vez que había visto al animal.

Él no estaba atacando a las personas.

Estaba intentando escapar.

El rey la miró.

Mary, ¿qué llevaba escondido este caballo?

La joven recordó la pequeña medalla.

Entonces volvió corriendo al establo.

El semental estaba allí.

Mary apartó su melena.

Y encontró una pequeña cápsula de metal escondida dentro del antiguo arnés.

La abrió.

Dentro había un pergamino diminuto.

Mary comenzó a leer.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

El pergamino contenía las últimas palabras de su madre.

Si algún día mi hija encuentra este mensaje, significa que ha llegado el momento de contar la verdad.

Mary apretó el pergamino contra su pecho.

Pero había una última frase.

Y esa frase hizo que el rey sintiera un miedo que nunca había conocido.

No confíes en la persona que te dice que la reina madre es tu enemiga.

Porque el verdadero traidor está mucho más cerca de ti.

Mary levantó lentamente la mirada.

El rey también la miró.

Ambos comprendieron lo mismo.

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La conspiración todavía no había terminado.

Y alguien dentro del palacio acababa de descubrir que Mary había encontrado la verdad.

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