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PARTE 2

La noticia de que Mary se convertiría en la esposa del rey se extendió por todo el palacio antes de que terminara la noche.

Pero, mientras los sirvientes celebraban y algunos campesinos del pueblo comenzaban a hablar de la increíble fortuna de la joven, dentro del palacio había personas que no estaban felices en absoluto.

La reina madre fue la primera en enterarse.

Cuando escuchó que su hijo había entregado su anillo de oro a una simple ayudante de establo, golpeó con fuerza la mesa.

Una campesina no puede convertirse en reina.

El consejero real, que estaba de pie frente a ella, bajó la mirada.

El rey ha dado su palabra delante de toda la corte.

La anciana apretó los labios.

Entonces tendremos que conseguir que rompa esa palabra por sí mismo.

Aquella misma noche, Mary regresó a la pequeña habitación donde dormía junto a las demás sirvientas.

Había dejado el anillo del rey sobre la mesa.

Lo observó durante mucho tiempo.

No parecía feliz.

Su compañera de habitación, Clara, se dio cuenta.

Mary, ¿por qué estás tan preocupada?

La joven levantó la mirada.

Porque esto no ha terminado.

Clara no entendió.

El rey cumplió su promesa. Ahora serás reina.

Mary negó lentamente con la cabeza.

No sabes lo que ocurrió esta mañana.

¿Qué ocurrió?

Antes de entrar al corral, encontré algo dentro del establo.

Mary abrió una pequeña bolsa de tela que llevaba escondida bajo su vestido.

Dentro había un trozo de tela vieja, casi completamente quemada.

Clara se acercó.

¿Qué es eso?

Lo encontré detrás de una pared de madera.

Mary extendió la tela sobre la mesa.

Había un símbolo bordado en ella.

Era un halcón dorado rodeado por tres pequeñas estrellas.

Clara palideció.

Yo he visto ese símbolo.

Mary la miró sorprendida.

¿Dónde?

En el salón privado del rey.

Durante unos segundos ninguna de las dos dijo nada.

Mary volvió a mirar la tela.

No puede ser una coincidencia.

Pero antes de que Clara pudiera responder, alguien golpeó la puerta.

Las dos jóvenes se quedaron inmóviles.

Tres golpes.

Luego silencio.

Clara caminó lentamente hacia la puerta.

¿Quién es?

Nadie respondió.

Mary apagó la vela.

Clara abrió apenas unos centímetros.

El pasillo estaba vacío.

Pero en el suelo había una pequeña caja de madera.

Mary la recogió.

No había nombre ni sello.

La abrió cuidadosamente.

Dentro había una carta.

Mary comenzó a leerla.

En cuanto terminó las primeras líneas, su rostro cambió por completo.

Clara preguntó qué decía.

Mary no respondió.

Volvió a leerla.

Luego sus manos comenzaron a temblar.

La carta decía que el hombre que había criado a Mary durante toda su vida no era su verdadero padre.

Clara se quedó sin palabras.

Eso es imposible.

Mary siguió leyendo.

Su madre había sido una mujer que trabajó muchos años en el antiguo palacio.

Había desaparecido poco después del nacimiento de una niña.

Una niña que llevaba una pequeña marca de nacimiento detrás de la oreja izquierda.

Mary llevó lentamente la mano hacia su oreja.

Clara abrió los ojos.

Tú tienes esa marca.

Mary sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

No.

No puede ser.

Pero había una última frase.

La niña no murió. Fue escondida para protegerla de quienes querían eliminarla de la línea real.

Mary dejó caer la carta.

Clara la recogió y leyó el final.

La joven no era hija de un campesino.

Era descendiente directa de la antigua familia real.

Y había alguien dentro del palacio que lo sabía.

Alguien que llevaba años buscando el momento adecuado para encontrarla.

Mary apenas podía respirar.

Entonces recordó algo.

El semental.

La herida.

La tela.

El símbolo.

Todo parecía estar conectado.

A la mañana siguiente, Mary fue directamente al establo.

El semental estaba tranquilo.

Pero cuando ella se acercó a la pared donde había encontrado la tela, el animal comenzó a golpear suavemente el suelo con una pata.

Mary se quedó quieta.

¿Qué intentas mostrarme?

El caballo caminó hasta una esquina y golpeó una vieja caja de madera.

Mary abrió la tapa.

Dentro había un objeto envuelto en una manta.

Era una pequeña medalla de oro.

La joven la tomó.

En cuanto vio el símbolo, sintió un escalofrío.

El mismo halcón dorado.

Pero esta vez había algo escrito en la parte posterior.

El nombre de su madre.

Mary sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

De repente, escuchó pasos.

Guardó rápidamente la medalla.

Alguien entró en el establo.

Era el consejero real.

La miró durante varios segundos.

Después fijó los ojos en el caballo.

Y luego en la mano de Mary.

Su expresión cambió.

¿Dónde encontraste eso?

Mary fingió no entender.

¿Encontré qué?

El hombre dio un paso hacia ella.

La medalla.

Mary retrocedió.

El consejero comprendió inmediatamente que había cometido un error.

Durante años, nadie había sabido dónde estaba esa medalla.

Mary lo miró fijamente.

Usted sabe quién soy.

El hombre guardó silencio.

Dígamelo.

El consejero cerró la puerta del establo.

Mary, si quieres seguir viva, debes olvidar lo que acabas de descubrir.

La joven sintió un escalofrío.

¿Quién intentó matarme?

El consejero bajó la voz.

No fue alguien que esté fuera del palacio.

Mary comprendió inmediatamente.

Fue alguien de la familia real.

En ese mismo instante, se escuchó el sonido de unos cascos acercándose.

El consejero se apartó.

El rey entró en el establo.

Vio a Mary.

Luego vio al consejero.

Algo en la expresión de ambos le hizo sospechar.

¿Qué está ocurriendo aquí?

Nadie respondió.

El rey miró a Mary.

¿Por qué estás llorando?

Mary quiso hablar.

Pero el consejero la interrumpió.

Majestad, hay algo que debemos contarle.

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Mary lo miró.

Y entonces comprendió que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

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