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PARTE 3 LA COPIA QUE NADIE PODÍA BORRAR

Durante tres segundos, el auditorio quedó completamente oscuro.

Después comenzaron a encenderse las luces de los teléfonos.

Ciento cincuenta pequeñas pantallas iluminaron los rostros.

Algunos estudiantes gritaron.

Otros se levantaron.

Clark miró hacia la salida.

Emily lo vio.

“¡No lo dejen salir!”

El profesor corrió.

Dos estudiantes bloquearon el pasillo.

Clark se detuvo.

“¡Apártense!”

Nadie se movió.

Victoria caminó hacia su hija.

“¿La grabación estaba solo en el portátil?”

Emily negó.

“No.”

Sacó la tarjeta MicroSD.

“Esta es una copia.”

Victoria respiró.

“¿Cuántas hiciste?”

Emily respondió:

“Cinco.”

Clark cerró los ojos.

Emily continuó.

“Una está conmigo. Otra está en mi apartamento. Dos están en almacenamiento cifrado. La última se envió automáticamente a un servidor externo cuando inserté esta tarjeta.”

Un estudiante soltó una pequeña risa de alivio.

Clark la miró con odio.

“Sabías que esto iba a pasar.”

Emily respondió:

“No. Pero sabía que usted estaba asustado.”

Las luces de emergencia se encendieron.

Uno de los investigadores habló por teléfono.

“Quiero seguridad en todas las salidas.”

Victoria miró hacia la puerta técnica.

“¿Quién puede cortar la electricidad de esta sala?”

El decano respondió:

“Mantenimiento.”

Emily lo miró.

“¿Quién tiene acceso?”

El decano no respondió.

Clark sí.

“Todo el personal.”

Emily negó.

“No. Usted me enseñó cómo funciona este edificio el semestre pasado. Solo administración y seguridad pueden cortar el circuito de una sala individual.”

El decano comenzó a sudar.

Victoria lo miró.

“Entregue su teléfono.”

“No.”

Uno de los agentes dio un paso adelante.

“No es una solicitud.”

El decano entregó el teléfono.

Había un mensaje enviado hacía menos de un minuto.

“Corta el auditorio. Ahora.”

El destinatario era el jefe de seguridad universitaria.

El auditorio estalló.

El decano cerró los ojos.

Clark lo miró con desprecio.

“Idiota.”

El decano giró.

“¡Tú me metiste en esto!”

“Cállate.”

“¡Me prometiste que Vale nos protegería!”

Victoria levantó una mano.

“Continúe.”

El decano comprendió demasiado tarde lo que había dicho.

Clark se abalanzó sobre él.

Dos agentes lo sujetaron.

Emily observó la escena.

Durante meses había pensado que su investigación trataba sobre dinero.

Ahora sabía que era mucho más grande.

Victoria se acercó al decano.

“¿Quién es Richard Vale?”

El hombre permaneció en silencio.

“¿Quién es?”

Finalmente respondió.

“Presidente de Meridian.”

“Eso ya lo sabemos.”

El decano miró a Emily.

Después bajó la voz.

“También es uno de los principales donantes de Westbridge.”

Victoria frunció el ceño.

“¿Cuánto dinero?”

“Más de cien millones en diez años.”

Emily preguntó:

“¿Y a cambio?”

El decano tragó saliva.

“Influencia.”

“¿Sobre qué?”

“Contrataciones. Becas. Contratos. Admisiones.”

Emily sintió náuseas.

“¿Compraba plazas para estudiantes ricos?”

“No directamente.”

Clark se rio.

“Deja de fingir.”

El decano lo miró.

Clark habló:

“Sí. Vale financiaba edificios y programas. A cambio, ciertas familias obtenían prioridad.”

Los estudiantes comenzaron a grabar más cerca.

Una chica desde la tercera fila gritó:

“¿Cuántas becas quitaron para hacer eso?”

Nadie respondió.

Otro estudiante preguntó:

“¿Cuántos de nosotros estamos endeudados porque ustedes desviaron fondos?”

Clark cerró la boca.

Emily miró la pantalla apagada.

“Quiero volver a encender el proyector.”

Uno de los técnicos llegó.

Restauró la corriente.

La imagen regresó.

Emily abrió la siguiente grabación.

Esta vez aparecía Clark solo con Richard Vale.

Vale tenía unos sesenta años.

Cabello blanco.

Traje claro.

Voz suave.

Parecía más un diplomático que un criminal.

En la grabación decía:

“La universidad no necesita estudiantes brillantes. Necesita estudiantes rentables.”

Clark respondía:

“Las becas mejoran nuestra imagen.”

“Entonces conserva algunas.”

“¿Y el resto?”

“Muévelas.”

“¿A Meridian?”

“Como siempre.”

Emily sintió un nudo en la garganta.

Recordó amigos que habían abandonado Westbridge porque sus ayudas desaparecieron sin explicación.

Recordó a una compañera llamada Sarah que trabajaba de noche para pagar una habitación.

Recordó a Luis, que había dejado la universidad después de perder una beca que llevaba dos años recibiendo.

No eran errores.

Alguien había robado aquel dinero.

Vale continuaba:

“Y sobre Emily Reed.”

Clark preguntaba:

“¿Qué quieres que haga?”

“Primero, cópiale el informe.”

“Ya lo tengo.”

“Después publícalo bajo tu nombre.”

“Eso llevará tiempo.”

“Entonces acúsala antes.”

Clark sonreía.

“Puedo hacerlo.”

Emily bajó la mirada.

Victoria tomó su mano.

La grabación continuó.

Vale dijo algo más.

Algo que hizo que Victoria soltara la mano de su hija.

“Si Victoria Reed interviene, utiliza el archivo de su esposo.”

Emily levantó la cabeza.

“Mamá.”

Victoria quedó blanca.

Clark también miró la pantalla.

Vale decía:

“Ella no querrá que su hija descubra cómo murió su padre.”

Emily dejó de respirar.

Su padre había muerto cuando ella tenía doce años.

Accidente de automóvil.

Eso le habían dicho.

Emily miró a su madre.

“¿Qué significa eso?”

Victoria no respondió.

“Mamá.”

“Emily, ahora no.”

“¿Qué significa?”

Clark sonrió por primera vez desde que aparecieron los investigadores.

“Parece que tu madre también tiene secretos.”

Victoria giró hacia él.

“Cállese.”

Clark rio.

“¿Nunca se lo contaste?”

Emily sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

“Contarme qué.”

Clark la miró.

“Tu padre investigó a Meridian antes que tú.”

Victoria cerró los ojos.

Emily retrocedió.

“No.”

“Sí.”

Clark continuó.

“Y después murió.”

Victoria gritó:

“¡Basta!”

Pero ya era tarde.

Emily miró a su madre.

“Mamá, dime que está mintiendo.”

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Victoria no pudo hacerlo.

Y ese silencio fue peor que cualquier respuesta.

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