PARTE 2 EL PROFESOR QUE HABÍA ROBADO MÁS QUE UN TRABAJO

Victoria Reed caminó hasta el escritorio.
Tomó uno de los documentos que Clark había pisado.
Lo levantó.
Sacudió el polvo.
Después miró a su hija.
“¿Cuánto tiempo llevas investigando esto?”
“Seis meses.”
“¿Y cuándo descubriste el nombre Meridian Education Trust?”
“Hace tres semanas.”
Victoria cerró los ojos durante un segundo.
Clark aprovechó el silencio.
“Esto es absurdo. La señorita Reed ha construido una teoría utilizando documentos fuera de contexto.”
Emily abrió otra carpeta.
“Entonces explíquelos.”
La pantalla mostró una serie de correos electrónicos.
Uno había sido enviado desde la cuenta institucional de Clark a un administrador desconocido.
Decía:
“El fondo puede moverse antes de la auditoría. Necesito que las cifras desaparezcan del informe estudiantil.”
Los murmullos crecieron.
Clark señaló la pantalla.
“Eso puede estar manipulado.”
Emily respondió:
“Los correos tienen metadatos.”
Clark soltó una risa nerviosa.
“¿Y ahora también eres experta forense?”
Emily lo miró.
“No. Pero mi madre sí conoce a personas que lo son.”
Clark miró a Victoria.
“Esto no tiene nada que ver con usted.”
Victoria respondió con una calma aterradora.
“Sí tiene.”
Entonces sacó una tarjeta de identificación de su bolso.
La colocó sobre el escritorio.
El decano, que acababa de entrar al auditorio después de recibir llamadas de estudiantes, se detuvo al verla.
Su rostro cambió.
“Señora Reed.”
Emily miró la tarjeta.
Nunca había visto aquella identificación.
Victoria nunca hablaba de su trabajo con detalle.
Emily sabía que su madre había sido abogada.
Sabía que trabajaba como asesora externa.
Pero nada más.
El decano tragó saliva.
“¿Por qué no nos informó que vendría?”
Victoria respondió:
“Porque no vine como invitada.”
El auditorio quedó en silencio.
Victoria levantó la identificación.
“Soy directora adjunta del comité independiente que supervisa el uso de fondos federales en universidades privadas.”
Clark dio un paso atrás.
Emily la miró sorprendida.
“Mamá.”
Victoria mantuvo los ojos sobre Clark.
“Hace ocho meses recibimos una denuncia anónima sobre transferencias sospechosas en Westbridge.”
El decano palideció.
“Eso no puede ser.”
“Sí puede.”
Clark intervino.
“Está utilizando a su hija para investigarnos.”
Victoria giró lentamente hacia él.
“No sabía qué tema había elegido Emily hasta hace cuatro días.”
“Conveniente.”
“Y usted acaba de golpearla porque descubrió algo que lleva meses intentando ocultar.”
Clark golpeó el escritorio.
“¡Ella robó información confidencial!”
Emily respondió:
“La universidad la publicó en un portal abierto por error durante cuarenta y seis minutos.”
Clark la miró.
“Eso es imposible.”
“Lo descargué todo.”
Victoria miró a Emily.
“¿Todo?”
Emily asintió.
“Contratos. Transferencias. Formularios. Correos. También encontré grabaciones.”
Clark respiró hondo.
El decano preguntó:
“¿Qué grabaciones?”
Emily no respondió.
Miró a Clark.
“Las que él intentó borrar.”
Por primera vez, el profesor pareció realmente asustado.
Emily explicó que tres semanas antes había encontrado una carpeta oculta dentro de un servidor de investigación compartido.
No pertenecía a estudiantes.
Contenía grabaciones de reuniones.
En una de ellas, Clark hablaba con dos administradores sobre un fondo de becas.
El dinero debía ayudar a estudiantes de familias con bajos ingresos.
Pero parte había sido enviado a Meridian Education Trust.
Una organización aparentemente benéfica.
Emily investigó su dirección.
Era una oficina vacía.
Investigó sus directores.
Uno de ellos era el cuñado de Clark.
Otro era un antiguo ejecutivo de la universidad.
Y el tercero era un nombre que casi nadie conocía.
Richard Vale.
Victoria se quedó inmóvil al escucharlo.
Emily lo notó.
“Mamá.”
Victoria no respondió.
Clark sí.
“Ten cuidado con lo que dices.”
Emily frunció el ceño.
“¿Por qué?”
Clark se acercó al ordenador.
“Porque estás hablando de personas que no entiendes.”
Victoria se interpuso.
“No toque ese portátil.”
Clark sonrió.
“No puede darme órdenes dentro de mi universidad.”
El decano habló.
“Daniel, retrocede.”
Clark lo miró.
“¿Ahora vas a fingir que no sabes nada?”
El decano quedó paralizado.
Los estudiantes comenzaron a murmurar otra vez.
Emily levantó la cabeza.
“¿Qué quiso decir con eso?”
El decano negó.
“Señorita Reed, esto debe discutirse en privado.”
“No.”
Emily miró las cámaras de los teléfonos.
“Me acusaron en público. Me golpearon en público. Entonces la verdad también será pública.”
Algunos estudiantes aplaudieron.
Clark comenzó a perder el control.
“¡Esto no es un tribunal!”
Victoria respondió:
“Todavía no.”
Clark miró hacia la puerta.
Dos guardias universitarios estaban entrando.
Él señaló a Emily.
“Retiren a esa estudiante.”
Nadie se movió.
Clark levantó la voz.
“¡He dicho que la retiren!”
Uno de los guardias miró al decano.
El decano negó lentamente.
Clark comprendió que estaba solo.
Emily abrió la grabación.
En la pantalla apareció una sala privada.
Clark estaba sentado con el decano y un tercer hombre.
Richard Vale.
La imagen era borrosa.
Pero el audio era claro.
La voz de Vale decía:
“Los estudiantes no miran los balances. Nadie descubrirá las transferencias.”
Después Clark respondía:
“Una de ellas está haciendo preguntas.”
El decano decía:
“¿Emily Reed?”
Clark asentía.
“Si presenta el informe, diremos que plagió los datos.”
Un silencio mortal cubrió el auditorio.
Emily dejó de respirar.
No porque acabara de descubrir que Clark había planeado acusarla.
Sino porque su propio decano había estado presente.
La grabación continuó.
Vale preguntó:
“¿Y si tiene copias?”
Clark respondió:
“Entonces destruiremos su reputación antes de que pueda usarlas.”
Emily miró a Clark.
“Eso fue lo que intentó hacer hoy.”
Clark no respondió.
Victoria miró al decano.
“Queda suspendido de toda función administrativa desde este momento.”
Él abrió los ojos.
“Usted no tiene autoridad para hacer eso.”
La puerta volvió a abrirse.
Entraron tres personas.
Dos llevaban credenciales oficiales.
La tercera era una mujer con un maletín negro.
Victoria dijo:
“Ellos sí.”
Clark retrocedió.
El decano se apoyó en una silla.
Pero Emily seguía mirando la pantalla.
La grabación todavía no había terminado.
Richard Vale se inclinaba hacia Clark.
“Hay otra cosa.”
Clark preguntaba:
“¿Qué?”
Vale respondía:
“La madre de la chica trabaja para la comisión.”
Clark permanecía en silencio.
Vale sonreía.
“Si la hija cae, la madre tendrá que apartarse de la investigación.”
Emily sintió un escalofrío.
Todo encajó.
Clark no solo quería robar su trabajo.
Quería utilizarla para destruir a Victoria.
Pero antes de que alguien pudiera reaccionar, las luces del auditorio se apagaron.
La pantalla quedó negra.
El portátil murió.
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Y una voz desde el fondo gritó:
“¡Han cortado la electricidad!”
