PARTE 2 : LA HIJA DEL ASESINO

El viernes, Samuel permaneció sentado detrás del cristal de la sala de visitas.
Llevaba el uniforme limpio y había peinado cuidadosamente su cabello gris. Sus manos no dejaban de temblar.
Emily apareció al otro lado.
Ya no era una niña.
Tenía veintiocho años, cabello castaño y los mismos ojos que su madre.
Durante varios segundos ninguno habló.
Samuel tomó el teléfono.
“Has crecido.”
Emily no respondió al saludo.
Colocó una fotografía contra el cristal.
Mostraba a Helen abrazándola durante una fiesta familiar.
“Vine porque encontré esto detrás de la foto.”
En la parte posterior había una frase escrita por Helen.
“Si algo me ocurre, busca la caja azul de Richard.”
Samuel perdió el color del rostro.
“¿Dónde encontraste la caja?”
“En el garaje del tío Richard.”
Richard era el hermano menor de Samuel. Después del asesinato, se había convertido en tutor de Emily y había administrado todos los bienes de la familia.
Emily sacó una pequeña grabadora.
“Dentro había cintas, documentos bancarios y fotografías de mamá.”
Samuel cerró los ojos.
“Debes irte de su casa.”
“¿Por qué?”
“Porque Richard mató a tu madre.”
Emily dejó de respirar.
Samuel explicó que su hermano llevaba años robando dinero de la empresa familiar. Helen descubrió transferencias falsas y planeaba denunciarlo.
La noche del incendio, Richard llamó a Samuel diciendo que Helen había tenido un accidente. Cuando Samuel llegó, encontró a su esposa herida junto a la chimenea.
Intentó ayudarla.
Richard lo golpeó por detrás.
Cuando despertó, la casa estaba ardiendo y la policía ya estaba afuera.
“¿Por qué no dijiste nada?”
“Lo dije. Nadie me creyó.”
Emily apretó el teléfono.
“Yo testifiqué contra ti.”
“Eras una niña asustada.”
“Dije que te escuché gritar.”
“Me escuchaste gritar el nombre de tu madre cuando encontré su cuerpo.”
Emily comenzó a llorar.
Durante veinte años había creído que su padre era un monstruo.
Samuel acercó la mano al cristal.
“No fue tu culpa.”
Detrás de Emily apareció Richard.
Llevaba un traje oscuro y una sonrisa fría.
Emily giró horrorizada.
“¿Cómo supiste que estaba aquí?”
Richard colocó una mano sobre su hombro.
“Tu teléfono comparte la ubicación conmigo.”
Samuel se puso de pie.
“¡No la toques!”
Los guardias lo obligaron a sentarse.
Richard tomó el teléfono de Emily.
“Siempre fuiste demasiado sentimental, hermano.”
Samuel golpeó el cristal.
“Si le haces daño, diré todo lo que sé.”
Richard sonrió.
“Ya lo hiciste durante el juicio. Mira dónde terminaste.”
Daniel observaba desde el fondo de la sala.
Vio el miedo en el rostro de Emily.
Vio cómo Richard apretaba su brazo.
Y vio algo caer del bolso de la joven.
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Una cinta de audio.
Daniel la recogió antes de que Richard pudiera verla.