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Parte 3: La verdad sobre la muerte de Elena

Eli despertó en el hospital varias horas después.

Una bolsa de suero colgaba junto a su cama. David permanecía sentado a su lado, sosteniendo su pequeña mano.

Cuando Eli abrió los ojos, lo primero que preguntó fue:

“¿Lorena está enfadada conmigo?”

David sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.

“No volverá a hacerte daño.”

“Yo no quería romper el plato.”

“Los platos pueden reemplazarse.”

Eli miró hacia la ventana.

“Ella dice que yo arruino la familia.”

David se inclinó.

“Escúchame. Tú nunca arruinaste nada. Yo fui quien no vio lo que estaba ocurriendo.”

“Porque trabajabas.”

“Porque no presté suficiente atención.”

Eli guardó silencio.

Después preguntó:

“¿Mateo y Sofía ya no son mis hermanos?”

David no esperaba aquella pregunta.

“Ellos no tienen mi sangre.”

Eli pensó durante unos segundos.

“Pero Mateo me enseñó a andar en bicicleta.”

“Sí.”

“Y Sofía me dio su manta cuando tuve una pesadilla.”

David apretó la mano del niño.

“Eso también significa ser familia.”

Eli asintió lentamente.

Mientras tanto, en la casa, los investigadores revisaban los documentos de la caja fuerte.

Lorena permanecía sentada en el salón, vigilada por seguridad. Su elegancia había desaparecido. Tenía el maquillaje corrido y el cabello desordenado.

Julián dejó la carpeta azul frente a ella.

“¿Por qué querías la tutela de Eli?”

Lorena no respondió.

“¿Era por la herencia?”

Ella sonrió.

“Siempre fuiste más lento que David.”

Julián golpeó la mesa.

“Ese niño pudo morir hoy.”

“Dramático como siempre.”

“Llevaba más de un día sin comer.”

“No iba a morir.”

“¿Cómo puedes saberlo?”

Lorena apartó la mirada.

Julián abrió el testamento.

Elena Carter había heredado acciones de una empresa tecnológica de su padre. Antes de morir, colocó los fondos en un fideicomiso. Eli recibiría el control cuando cumpliera ocho años.

Faltaban solamente seis semanas para su cumpleaños.

Lorena había planeado convertirse en su tutora legal antes de esa fecha. Después podría manejar la fortuna mientras él fuera menor.

“¿David sabía de esto?”

“No.”

“¿Cómo conseguiste el testamento?”

Lorena sonrió de nuevo.

“Elena me lo mostró.”

Julián frunció el ceño.

“¿Conocías a Elena?”

La sonrisa desapareció.

Lorena había conocido a Elena mucho antes de casarse con David.

Habían trabajado juntas en una organización benéfica. Elena confiaba en ella. Incluso la había invitado a su casa.

“Después del accidente, ayudé a David con los trámites”, explicó Lorena. “Encontré el testamento entre las cosas de Elena.”

“Y lo escondiste.”

“David ya tenía suficiente dinero.”

“El dinero era de Eli.”

“Un niño no necesita millones.”

“Pero tú sí.”

Lorena se levantó.

“Yo construí esta familia. Yo soporté los viajes de David, su obsesión por el trabajo y el recuerdo permanente de su perfecta esposa muerta.”

“Te casaste con él mientras seguías conmigo.”

“Porque tú nunca tuviste el valor de darme la vida que quería.”

Julián retrocedió como si hubiera recibido un golpe.

En ese momento, Rosa entró acompañada por un investigador.

Llevaba una caja metálica.

“La encontré en el garaje.”

Lorena dejó de respirar.

Dentro había pertenencias de Elena que David creía perdidas en el accidente. Fotografías, cartas y un teléfono antiguo.

El investigador consiguió encender el dispositivo.

Había mensajes entre Elena y Lorena.

Al principio eran amistosos.

Después se volvían tensos.

En uno de ellos, Elena decía que había descubierto el romance entre Lorena y Julián. Amenazaba con contarle la verdad a David.

El último mensaje fue enviado la noche antes del accidente.

“Sé lo que intentas hacer. Mañana hablaré con David y le mostraré todo.”

Julián miró a Lorena.

“Dijiste que Elena nunca supo nada.”

Ella no respondió.

El investigador encontró otro archivo.

Era una grabación de voz.

La voz de Elena llenó el salón.

“Si algo me ocurre, revisen los frenos de mi coche. Lorena estuvo en mi casa y tomó las llaves sin permiso. No quiero creer que sea capaz de hacerme daño, pero tengo miedo.”

Julián se puso de pie.

“¿Qué hiciste?”

Lorena retrocedió.

“Ese audio no demuestra nada.”

“¿Tocaste el coche?”

“No.”

“¿Estuviste en su casa?”

“Muchas personas estuvieron allí.”

El investigador informó que el informe original del accidente mencionaba una posible falla en el sistema de frenos, pero el caso había sido cerrado por falta de pruebas.

David recibió una llamada en el hospital.

Al escuchar la grabación, su rostro perdió toda expresión.

Durante años había creído que la muerte de Elena había sido un accidente.

Ahora sabía que Lorena podía estar relacionada.

David salió de la habitación para que Eli no escuchara.

“Llamen a la policía.”

Cuando terminó la llamada, una enfermera se acercó.

“Señor Hayes, su hijo preguntó por usted.”

David regresó.

Eli sostenía una fotografía pequeña. Rosa la había encontrado entre las cosas de Elena y la había llevado al hospital.

En la imagen, Elena abrazaba a Eli cuando era un bebé.

“¿Mamá me quería?”

David se sentó junto a él.

“Más que a su propia vida.”

“Lorena dijo que ella me abandonó.”

David cerró los ojos.

“No. Tu madre murió intentando protegerte.”

Eli miró la fotografía.

“¿De qué?”

David no pudo responder.

En la casa, la policía esposó a Lorena.

Cuando la sacaban por la puerta principal, Mateo y Sofía aparecieron en la escalera.

Sofía corrió hacia ella.

“Mamá, ¿adónde vas?”

Lorena intentó acercarse, pero los agentes la detuvieron.

“Todo estará bien.”

Mateo miró las esposas.

“¿Hiciste algo malo?”

Lorena observó a sus hijos.

Por primera vez, no encontró ninguna mentira útil.

Julián se colocó junto a ellos.

Sofía retrocedió inmediatamente.

“No quiero ir contigo.”

“Soy tu padre.”

“No. Tú eres el hombre que rompió a mi familia.”

Las palabras de la niña hicieron que Julián bajara la cabeza.

La policía llevó a Lorena hacia el vehículo.

Antes de entrar, ella miró a Julián.

“Si yo caigo, tú también caerás.”

Julián palideció.

“¿De qué estás hablando?”

Lorena sonrió.

“Pregúntale a David quién autorizó el viaje de Elena aquella noche.”

Las puertas del vehículo se cerraron.

Julián permaneció inmóvil bajo la lluvia.

Él había olvidado ese detalle.

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El día del accidente, Elena no debía conducir.

Había sido Julián quien la llamó y le pidió que fuera a una reunión urgente.

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