Parte 2: El padre oculto

Julián entró en la cocina con la ropa mojada por la lluvia.
Miró primero a Lorena.
Después observó los informes médicos esparcidos por el suelo.
Su expresión confirmó todo antes de que pronunciara una sola palabra.
David apretó a Eli contra su pecho.
“Dime que no es verdad.”
Julián permaneció en silencio.
“Te hice una pregunta.”
Lorena se interpuso.
“David, Eli necesita un médico. Esto no es el momento.”
David miró a Rosa.
“Llama a una ambulancia.”
Rosa tomó el teléfono.
Julián dio un paso hacia Mateo y Sofía, pero Lorena levantó una mano para detenerlo.
Ese gesto fue suficiente.
David miró a su hermano.
“Son tuyos.”
Julián cerró los ojos.
“David, lo siento.”
Mateo observó al hombre que siempre había llamado tío.
“¿Tú eres mi papá?”
Nadie respondió.
Sofía comenzó a llorar.
Lorena corrió hacia ella, pero la niña se apartó.
“Me dijiste que papá era mi papá.”
“Cariño, él siempre será tu padre.”
David miró a Lorena con incredulidad.
“¿Ahora quieres hablar de vínculos familiares?”
Lorena volvió la cabeza.
“Los niños no tienen culpa.”
“Eli tampoco.”
Las palabras la dejaron inmóvil.
David se arrodilló con el niño en brazos.
Eli había recuperado parcialmente la conciencia, pero apenas podía mantener los ojos abiertos.
“Papá”, murmuró, “no te enfades.”
David sintió un dolor profundo en el pecho.
“No estoy enfadado contigo.”
“Puedo esperar para comer.”
“No volverás a esperar nunca.”
La sirena de la ambulancia comenzó a escucharse a lo lejos.
Lorena intentó acercarse.
David levantó una mano.
“No lo toques.”
“Yo también lo he cuidado.”
Rosa soltó una risa amarga.
“¿Cuidarlo?”
Lorena giró hacia ella.
Rosa sacó un pequeño teléfono de su bolsillo.
“Guardé fotografías.”
El rostro de Lorena se endureció.
“¿Qué fotografías?”
“Las del armario donde lo encerraba.”
David dejó de respirar durante un segundo.
Rosa continuó.
“Las de sus brazos después de que usted lo agarrara. Las de sus cenas vacías. También grabé algunas de las cosas que le decía cuando el señor David estaba fuera.”
Lorena corrió hacia ella.
Julián la sujetó antes de que pudiera arrebatarle el teléfono.
“¡Suéltame!”
“No empeores esto”, dijo él.
Lorena lo miró con desprecio.
“¿Ahora vas a fingir que eres una buena persona?”
Julián soltó sus brazos lentamente.
David observó a su hermano.
“¿Sabías lo que hacía con Eli?”
“No.”
“¿Sabías que lo dejaba sin comer?”
“No lo juro.”
Lorena se rio.
“Julián solamente sabe aparecer cuando necesita dinero.”
“Cállate”, respondió él.
“Diles la verdad. Diles por qué viniste esta noche.”
David miró a su hermano.
Julián metió una mano en su chaqueta y sacó una memoria pequeña.
“Vine porque descubrí que Lorena estaba preparando su huida.”
Lorena se abalanzó hacia él.
David protegió a Eli mientras Rosa se colocaba entre ellos.
“¿Qué hay en esa memoria?”
Julián sostuvo el objeto con fuerza.
“Copias de transferencias bancarias, pasaportes falsos y documentos de una casa comprada en otro país.”
David miró a Lorena.
“¿Con qué dinero?”
Ella no respondió.
Julián bajó la mirada.
“Con dinero de la empresa.”
David sintió un escalofrío.
Durante el último año, habían desaparecido grandes cantidades de las cuentas familiares. Lorena siempre culpaba a errores administrativos.
“¿Cuánto?”
“Casi cuatro millones.”
Lorena comenzó a caminar hacia la salida.
En ese momento, dos paramédicos entraron en la casa.
David entregó a Eli con cuidado. Quiso acompañarlo inmediatamente, pero Rosa sujetó suavemente su brazo.
“Señor David, hay algo más.”
“Dímelo en el hospital.”
“No puede esperar.”
Lorena se detuvo.
Rosa sacó una llave pequeña.
“Encontré esto escondido en el dormitorio de Eli.”
David la reconoció.
Era una llave de la caja fuerte del despacho.
Lorena palideció.
Rosa explicó que había visto a Lorena entrar varias noches en la habitación del niño. Al principio creyó que iba a comprobar si dormía. Después descubrió que utilizaba el cuarto para ocultar documentos.
David miró a uno de los agentes de seguridad que acababa de llegar con la ambulancia.
“Que nadie salga de esta casa.”
Lorena abrió mucho los ojos.
“No puedes retenerme.”
“Puedo evitar que destruyas pruebas.”
Julián permaneció junto a la mesa.
Mateo seguía mirándolo.
“¿Por qué nunca me dijiste que eras mi padre?”
Julián se agachó frente a él.
“Porque fui un cobarde.”
“¿Papá David va a dejarnos?”
David escuchó la pregunta desde la puerta.
Se giró.
Mateo y Sofía no eran culpables de la traición de los adultos. Habían crecido llamándolo padre. Había estado presente durante sus primeros pasos, sus cumpleaños y sus noches de fiebre.
Pero en ese momento, David todavía sostenía la mano fría de Eli.
El niño al que Lorena había tratado como basura era el único que realmente compartía su sangre.
Y también era el único al que David había fallado.
“No voy a abandonar a ningún niño esta noche”, dijo.
Lorena pareció aliviada.
David la miró directamente.
“Pero tú no vas a acercarte a ninguno de ellos.”
Acompañó a Eli en la ambulancia.
Rosa subió con él.
Antes de que las puertas se cerraran, David miró a su hermano.
“Abre la caja fuerte.”
Julián asintió.
Cuando la ambulancia se marchó, Lorena permaneció en la cocina bajo la vigilancia del personal de seguridad.
Julián y dos empleados entraron en el despacho.
Usaron la llave encontrada en el dormitorio de Eli.
Dentro de la caja fuerte había dinero, pasaportes y contratos.
También encontraron una carpeta azul con el nombre de Elena Carter, la madre fallecida de Eli.
Julián abrió la carpeta.
En su interior había un testamento que nadie conocía.
Elena había dejado a Eli una herencia millonaria.
Sin embargo, debajo del testamento apareció otro documento.
Era una solicitud de transferencia de tutela.
El nombre de David estaba tachado.
En su lugar aparecía el de Lorena.
Y al final de la página había una firma atribuida a David.
Julián la observó con atención.
La firma era falsa.
Lorena no solamente quería robar la empresa.
Quería quedarse legalmente con Eli.
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Pero no para cuidarlo.
El niño era la única persona que podía acceder a una fortuna que ella llevaba años intentando controlar.