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PARTE 1 EL NOMBRE OCULTO EN EL PIANO

La luz de la mañana entraba a través de los enormes ventanales de Beaumont Pianos, uno de los salones de exhibición más exclusivos de Nueva York. El suelo de madera brillaba como un espejo y los pianos de cola, alineados bajo la luz dorada, parecían piezas de museo.

Claire Beaumont caminaba lentamente entre ellos.

A sus treinta y seis años, era la única heredera de una familia cuyo apellido había estado ligado a la fabricación de pianos durante casi un siglo. Desde niña había aprendido que cada instrumento llevaba una historia en su interior.

Algunos habían pertenecido a músicos famosos.

Otros habían acompañado propuestas de matrimonio, despedidas, funerales y celebraciones familiares.

Pero ninguno era tan importante como el gran piano negro situado en el centro de la sala.

Aquel instrumento había pertenecido a su madre, Eleanor Beaumont, una pianista reconocida que había muerto en un accidente dieciocho años atrás.

Claire se detuvo frente al piano.

Pasó una mano por la superficie brillante y respiró profundamente.

Cada vez que lo tocaba sentía que su madre seguía allí, escondida entre las teclas, esperando que alguien despertara su voz.

Detrás de ella, un niño de unos ocho años avanzaba entre los clientes repartiendo folletos.

Se llamaba Lucas Martin.

Llevaba un suéter verde oscuro, pantalones caqui y una expresión seria que no parecía propia de su edad.

Lucas se acercó a Claire con timidez.

¿Le gustaría un folleto, señora?

Claire se volvió y sonrió.

Gracias.

El niño le entregó el folleto con ambas manos.

Claire lo dejó sobre el borde del piano y levantó lentamente la tapa.

La luz del sol cayó sobre una pequeña placa de latón fijada en el interior.

En ella estaba grabado un nombre.

Eleanor Beaumont.

Claire rozó las letras con los dedos.

Lucas se inclinó un poco para mirar.

Sus ojos se abrieron.

Mi mamá tiene ese mismo nombre dentro de su piano.

Claire levantó la mirada.

Durante un instante creyó haber escuchado mal.

¿Qué dijiste?

Lucas señaló la placa sin tocarla.

Mi mamá tiene un piano viejo. Dentro hay una placa igual. Tiene ese nombre.

Claire sintió una leve presión en el pecho, pero mantuvo la sonrisa.

No, cariño. Este piano pertenece a mi familia.

Lucas frunció el ceño con inocencia.

Entonces, ¿por qué el nombre de mi mamá también está grabado ahí?

La sonrisa de Claire desapareció.

Sus dedos permanecieron sobre la placa.

Una sensación fría recorrió su espalda.

¿Dónde está tu madre ahora?

Lucas bajó la mirada.

En el hospital.

Claire sintió que el ruido de la sala se desvanecía.

Los clientes, los pasos, las conversaciones y el tráfico detrás de los cristales dejaron de existir.

Solo pudo escuchar la voz del niño.

Está muy enferma.

Claire se arrodilló frente a él.

¿Cómo se llama?

Anna Martin.

El nombre no significaba nada para ella.

Sin embargo, cuando Lucas sacó una fotografía de su bolsillo, el mundo de Claire se detuvo.

La imagen mostraba a una mujer delgada, de cabello castaño y ojos verdes, sentada frente a un piano antiguo.

Claire reconoció inmediatamente el collar que llevaba.

Era un pequeño medallón de plata con forma de hoja.

Había pertenecido a Eleanor Beaumont.

Su madre lo usaba en todas las fotografías familiares.

Claire tomó la imagen con manos temblorosas.

¿De dónde sacó tu madre ese collar?

Siempre lo ha tenido.

Claire observó el rostro de Anna.

Había algo familiar en sus ojos.

Algo en la forma de su boca.

Algo que le recordaba demasiado a su propia madre.

Lucas guardó la foto.

Tengo que seguir trabajando. El señor Collins se enoja si no reparto todos los folletos.

Claire miró alrededor.

¿Trabajas aquí?

Solo los sábados. Mi mamá necesita medicinas.

Antes de que Claire pudiera responder, un hombre alto con traje gris apareció al fondo de la sala.

Era Richard Collins, gerente del establecimiento y asesor de confianza de la familia Beaumont.

Había trabajado para el padre de Claire durante más de veinte años.

Richard se acercó con una expresión tensa.

Lucas, te dije que no molestes a los clientes.

No la estaba molestando, respondió Claire.

Richard sonrió de inmediato.

Señorita Beaumont, no sabía que vendría hoy.

Claire le mostró la fotografía.

¿Conoces a la madre de este niño?

Richard apenas miró la imagen.

No.

Pero su mandíbula se tensó.

Claire lo notó.

¿Estás seguro?

Por supuesto.

Richard se volvió hacia Lucas.

Ve al almacén y trae más folletos.

Lucas obedeció.

Cuando el niño se alejó, Claire miró directamente al gerente.

¿Por qué te pusiste nervioso?

No estoy nervioso.

Claire levantó la fotografía.

Esa mujer lleva el collar de mi madre.

Richard soltó una risa incómoda.

Hay miles de collares parecidos.

Este fue diseñado especialmente para ella.

Richard guardó silencio.

Claire se acercó un paso.

Quiero la dirección de Anna Martin.

No puedo darte información privada de una empleada.

¿Empleada?

Richard comprendió demasiado tarde que había cometido un error.

Claire endureció la mirada.

Dijiste que no la conocías.

Richard respiró lentamente.

Trabajó aquí hace muchos años. No pensé que fuera importante.

¿Cuándo?

Hace casi dos décadas.

Claire sintió otro escalofrío.

Eso fue antes del accidente de mi madre.

Richard bajó la voz.

No deberías remover el pasado.

No te pregunté qué debería hacer.

Richard miró hacia el pasillo donde Lucas había desaparecido.

Hay cosas que tu padre quiso mantener en silencio para protegerte.

Claire sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

Mi padre está muerto. Ya no puede protegerme de nada.

En ese momento Lucas regresó con una caja de folletos.

Richard dio un paso atrás y recuperó su sonrisa profesional.

Claire se inclinó hacia el niño.

Lucas, ¿puedes llevarme con tu madre?

El rostro del pequeño se iluminó.

Sí.

Richard intervino de inmediato.

No es una buena idea.

Claire lo miró con frialdad.

No recuerdo haberte pedido permiso.

Tomó su abrigo y caminó hacia la salida junto a Lucas.

Richard permaneció inmóvil.

Cuando las puertas de cristal se cerraron detrás de ellos, sacó el teléfono y marcó un número.

La encontraron, dijo en voz baja.

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Una voz respondió al otro lado.

Entonces asegúrate de que Anna Martin no hable.

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