PARTE 2: LOS CAZADORES REGRESARON POR VENGANZA

Tres semanas después de la detención de los cazadores furtivos, Daniel creyó que todo había terminado.
Se equivocaba.
Dos de los hombres permanecían bajo custodia, pero el líder, Víctor Salazar, había conseguido salir temporalmente mientras avanzaba la investigación.
Daniel recibió la noticia una tarde lluviosa.
El inspector Ramírez llegó personalmente a la estación de guardabosques.
No venía solo para informarle.
Había algo más.
Ramírez colocó una bolsa transparente sobre la mesa.
Dentro había una pequeña pieza metálica cubierta de barro.
Daniel la reconoció inmediatamente.
Era parte de una trampa para osos.
Ramírez explicó que la habían encontrado cerca del lugar donde Daniel había sido abandonado.
Daniel frunció el ceño.
Aquella trampa no estaba allí cuando él fue atacado.
Alguien había regresado.
Esa misma noche, Daniel recorrió los archivos de las cámaras instaladas en distintos puntos de la reserva.
Durante horas no encontró nada.
Ciervos.
Jabalíes.
Zorros.
Nada extraño.
Hasta las 3:17 de la madrugada.
Una cámara situada junto al río había captado un todoterreno oscuro entrando por un antiguo camino forestal.
Daniel congeló la imagen.
Sintió un escalofrío.
Reconocía aquel vehículo.
Era parecido al utilizado por Víctor.
Pero había algo todavía peor.
En la parte trasera podían distinguirse varias cajas metálicas.
Daniel llamó inmediatamente a Ramírez.
A la mañana siguiente organizaron una inspección.
Daniel, Ramírez y dos agentes siguieron el camino hasta una zona profunda del bosque.
A medida que avanzaban, Daniel comenzó a encontrar señales.
Ramas cortadas.
Huellas recientes.
Restos de comida utilizados como cebo.
Finalmente encontraron la primera trampa.
Después una segunda.
Luego una tercera.
Todas estaban colocadas en lugares por donde normalmente pasaban los osos.
Daniel sintió rabia.
Aquello ya no parecía simple caza furtiva.
Parecía una venganza.
Entonces encontró algo que confirmó sus peores sospechas.
En el tronco de un pino había una fotografía clavada con un cuchillo.
Era una fotografía suya.
Había sido tomada desde lejos mientras trabajaba cerca de la estación.
En la parte inferior alguien había dibujado una pequeña cruz negra.
Ramírez observó la fotografía durante varios segundos.
Esto ya no es solo contra los animales.
Daniel no respondió.
Miró hacia el bosque.
Por primera vez en muchos años sintió que alguien lo observaba desde algún lugar.
Los agentes retiraron las trampas y reforzaron la vigilancia.
Pero Víctor no apareció.
Pasaron cuatro días.
Nada.
La quinta noche, Daniel estaba solo en la estación cuando escuchó un ruido afuera.
Miró por la ventana.
No vio a nadie.
Tomó una linterna y salió.
El bosque estaba cubierto por una niebla baja.
Daniel caminó alrededor del edificio.
Todo parecía normal.
Entonces vio la puerta del pequeño almacén abierta.
Estaba seguro de haberla cerrado.
Se acercó lentamente.
Dentro no había nadie.
Pero sobre una mesa encontró un viejo collar de rastreo para animales.
Junto al collar había una fotografía.
Daniel la tomó.
Mostraba a la osa.
Y junto a ella estaba su cachorro.
La fotografía parecía reciente.
Daniel sintió que el corazón se le aceleraba.
Víctor sabía exactamente qué animal había ayudado a salvarlo.
De repente escuchó una voz detrás de él.
Así que era verdad.
Daniel se giró.
Víctor estaba en la puerta.
Tenía el rostro parcialmente cubierto por la sombra.
No llevaba ningún rifle visible.
Solo sonreía.
Daniel retrocedió lentamente.
Víctor continuó hablando.
Todos se ríen de mí.
Dicen que un oso salvó al gran guardabosques.
Daniel mantuvo la calma.
Sal de la reserva, Víctor.
El hombre soltó una risa seca.
No he venido por ti.
Levantó la fotografía de la osa.
He venido por ella.
Daniel dio un paso hacia delante.
No la encontrarás.
Víctor sonrió.
Ya la encontré.
Entonces sacó del bolsillo un pequeño dispositivo.
Una luz roja parpadeaba en él.
Daniel miró el collar de rastreo sobre la mesa.
Comprendió inmediatamente.
Era una distracción.
Víctor ya había colocado otro transmisor.
Pero ¿dónde?
Daniel levantó la mirada.
Víctor había desaparecido.
Corrió hacia afuera.
A lo lejos escuchó el motor de un vehículo.
Daniel llamó a Ramírez mientras corría hacia su camioneta.
Durante los siguientes veinte minutos siguió las marcas recientes de neumáticos.
La lluvia comenzaba a caer con fuerza.
El camino se volvía cada vez más estrecho.
Finalmente llegó a una zona rocosa conocida como Valle Negro.
Apagó el motor.
Silencio.
Después escuchó algo.
Un rugido.
Daniel corrió.
Atravesó unos arbustos y llegó a un pequeño barranco.
Allí vio a la osa.
Una cuerda metálica sujetaba una de sus patas.
El animal luchaba desesperadamente.
Y detrás de ella, escondido entre unas rocas, estaba el cachorro.
Daniel sintió que el tiempo se detenía.
La historia se estaba repitiendo.
Pero esta vez era la madre quien estaba atrapada.
Daniel avanzó lentamente.
Tranquila.
La osa rugió.
Daniel continuó acercándose.
Soy yo.
No sabía si el animal podía reconocer su voz.
Pero después de unos segundos la osa dejó de forcejear.
Daniel se arrodilló junto al mecanismo.
Entonces escuchó un aplauso lento detrás de él.
Víctor salió de entre los árboles.
Muy conmovedor.
Daniel se quedó inmóvil.
May you like
Víctor llevaba un rifle.
Ahora veremos si vuelve a salvarte.
