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PARTE 3: EL PISO CINCUENTA Y NUEVE

Mia corrió hacia la puerta lateral antes de que Laura pudiera detenerla.

El pasillo privado estaba cubierto por una alfombra gris y rodeado de paredes de cristal. Al final se encontraba la oficina de Richard.

La puerta estaba cerrada.

Desde el interior se escuchaban golpes.

Thomas llegó detrás de Mia acompañado por un agente.

“Necesitamos una tarjeta de acceso.”

Mia abrió su mochila y sacó un pequeño dispositivo.

Thomas la miró.

“¿Qué es eso?”

“Mi madre lo diseñó para probar sistemas de seguridad.”

Conectó el dispositivo al panel.

La luz roja cambió a verde.

El agente abrió la puerta.

La oficina estaba vacía.

Una pintura enorme se había desplazado y dejaba al descubierto una entrada oculta.

Richard había utilizado un ascensor privado.

Thomas se acercó al panel.

“Va al centro de servidores.”

“¿Dónde está?”

“Dos pisos abajo.”

El agente llamó por radio.

Mia entró en el ascensor.

Laura llegó corriendo.

“No vas a bajar.”

“Conozco el sistema Aurora.”

“También eres una niña.”

Mia se quedó quieta.

Laura se arrepintió de inmediato.

“No quise decirlo así.”

“Todos lo dicen de la misma manera.”

Laura se arrodilló frente a ella.

“Tu madre me pidió que te protegiera.”

“Mi madre también me pidió que protegiera su trabajo.”

El ascensor comenzó a cerrarse.

Laura entró junto a Mia.

“Entonces lo haremos juntas.”

Cuando llegaron al piso cincuenta y siete, las luces parpadearon.

El pasillo estaba vacío.

Las puertas del centro de datos permanecían abiertas.

Richard estaba frente al servidor principal, introduciendo una clave de borrado.

Mia vio una cuenta regresiva en la pantalla.

Tres minutos.

Richard giró.

“Debiste irte cuando te lo pedí.”

Mia avanzó.

“Detenga el borrado.”

“Cuando estos archivos desaparezcan, solo quedarán tus copias. Mis abogados dirán que fueron fabricadas.”

Laura levantó el teléfono.

“Los agentes vienen.”

Richard bloqueó la puerta con un cierre electrónico.

“Llegarán tarde.”

Mia abrió su tableta.

“Puedo detenerlo.”

Richard sonrió.

“Tu madre diseñó una parte del sistema, pero yo pagué por la infraestructura.”

“Usted nunca entendió lo que compró.”

Mia conectó la tableta a un puerto lateral.

El sistema pidió una contraseña.

Richard observó la pantalla.

“Solo tienes dos minutos.”

Mia comenzó a escribir.

Sus dedos se movían con rapidez.

Richard se acercó.

“Tu madre era igual. Siempre creyó que ser inteligente la hacía invencible.”

Mia no respondió.

“Yo le ofrecí dinero.”

“Le ofreció silencio.”

“Es lo mismo.”

“No para ella.”

Richard desconectó uno de los cables.

La pantalla de Mia se apagó.

Laura intentó detenerlo, pero Richard la empujó contra una mesa.

Mia tomó otro cable de su mochila.

“¿De verdad crees que puedes vencerme?”

La niña volvió a conectar el dispositivo.

“No necesito vencerlo.”

Richard frunció el ceño.

“Solo necesito que siga hablando.”

Una luz azul comenzó a parpadear en la memoria negra.

Todo lo que Richard decía estaba siendo transmitido.

Richard comprendió.

Golpeó la tableta.

El dispositivo cayó al suelo.

Mia se arrodilló para recogerlo.

Richard tomó la memoria.

“Esto termina ahora.”

La sostuvo sobre una máquina de trituración de discos.

Mia lo miró sin miedo.

“Esa no es la única copia.”

“Estás mintiendo.”

“Usted dijo que una niña no podía programar un envío automático.”

Richard dudó.

La cuenta regresiva del servidor marcaba cincuenta segundos.

Mia levantó la tableta rota.

La pantalla todavía funcionaba.

Mostraba un mensaje en siete idiomas.

TRANSFERENCIA COMPLETA.

Richard dejó caer la memoria.

“No.”

Mia se puso de pie.

“Mi madre sabía que usted intentaría borrar todo.”

Richard corrió hacia el servidor.

La cuenta llegó a cero.

Las luces se apagaron.

Durante dos segundos, solo se escuchó el ruido de los ventiladores.

Después las pantallas se encendieron nuevamente.

Los archivos seguían allí.

Richard miró el sistema sin comprender.

Mia habló.

“Aurora no permite borrar datos vinculados a una investigación activa.”

“Eso no existía.”

“Mi madre lo añadió antes de morir.”

La puerta del centro de datos se abrió.

Los agentes entraron.

Richard retrocedió.

“Ella no tenía autorización.”

Mia sostuvo su mirada.

“Usted tampoco tenía autorización para robar su trabajo.”

Los agentes esposaron a Richard.

Mientras se lo llevaban, él se detuvo frente a Mia.

“Crees que la empresa te agradecerá esto. No lo hará. Cuando las acciones caigan, te culparán.”

Mia no respondió.

Richard sonrió con amargura.

“Las personas poderosas siempre encuentran a alguien pequeño para cargar con sus errores.”

Mia miró las esposas en sus manos.

“Esta vez, no.”

La noticia se extendió por todo el país aquella tarde.

Richard Sterling fue acusado de fraude, conspiración, manipulación de pruebas y obstrucción de una investigación federal.

Margaret Collins y otros tres ejecutivos fueron detenidos.

La operación para comprar Vantage Technologies quedó cancelada.

Las acciones de Sterling Global cayeron un cuarenta por ciento en dos días.

Cientos de periodistas rodearon el edificio.

Algunos llamaban heroína a Mia.

Otros afirmaban que una niña había destruido una empresa histórica.

Mia regresó a su pequeño apartamento con Laura.

La vivienda estaba casi vacía.

En la cocina había una taza que todavía pertenecía a Evelyn.

Mia la tomó entre sus manos.

Por primera vez desde la reunión, comenzó a llorar.

“No pude salvarla.”

Laura se sentó a su lado.

“No era tu responsabilidad.”

“Ella me enseñó todo porque sabía que podía morir.”

“Te enseñó porque confiaba en ti.”

Mia apoyó la frente sobre la taza.

“Ahora todos hablan de mí. Nadie habla de ella.”

Laura sacó una carta de su bolso.

“Tu madre dejó esto para ti.”

Mia abrió el sobre.

La letra de Evelyn era firme y ordenada.

“Mi pequeña Mia, si algún día debes entrar en una habitación llena de personas que creen ser más importantes que tú, no intentes parecer más grande. Permanece exactamente como eres. La verdad no necesita tacones altos, un traje caro ni una voz fuerte. Solo necesita a alguien que no la abandone.”

Mia leyó la carta dos veces.

Después levantó la cabeza.

“¿Qué pasará con la empresa?”

Laura respiró profundamente.

“La junta necesita elegir un nuevo presidente.”

“¿Y Orion?”

“Legalmente pertenece a los herederos de Evelyn Carter.”

Mia miró la fotografía de su madre sobre la mesa.

“Entonces no permitiré que lo vendan.”

Laura la observó.

“¿Qué quieres hacer?”

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Mia dobló la carta con cuidado.

“Volver a la sala de juntas.”

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