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PARTE 1

Las puertas de cristal del Hotel Grand Marlow se abrieron lentamente mientras una ráfaga de aire frío entraba desde la avenida.

Afuera, la noche brillaba con destellos dorados.

Una larga alfombra roja descendía desde la entrada principal hasta una fila de automóviles negros estacionados junto a la acera. Fotógrafos, empresarios, políticos y miembros de algunas de las familias más poderosas de la ciudad acababan de asistir a una gala benéfica organizada por la Fundación Hale.

Entre ellos caminaba Daniel Hale.

A sus cuarenta y dos años, Daniel parecía tener todo lo que cualquiera podía desear.

Dinero.

Prestigio.

Una empresa valorada en cientos de millones.

Y a su lado, su hijo Noah.

El niño llevaba un pequeño traje azul marino, camisa blanca y una pajarita negra que parecía demasiado formal para alguien de apenas ocho años.

Pero aquella noche Noah no sonreía.

Caminaba agarrado a la mano de su padre mientras observaba los autos como si estuviera buscando algo.

O a alguien.

Vanessa Cole caminaba al otro lado de Daniel.

Su vestido azul zafiro atrapaba la luz de la entrada del hotel.

Durante toda la gala había sonreído, conversado con empresarios y posado junto a Daniel como si ya formara parte de la familia.

Pero ahora su expresión era diferente.

Había tensión en sus ojos.

Noah levantó la cabeza.

Papá.

Daniel bajó la mirada.

¿Qué pasa, campeón?

El niño dudó unos segundos.

Quiero ver la casa donde vivía mi mamá.

Daniel dejó de caminar.

Vanessa también.

Durante un instante, el sonido de los autos y las conversaciones pareció desaparecer.

Daniel apretó suavemente la mano de su hijo.

No hablaban mucho de Elena Hale.

La madre de Noah había muerto cuatro años antes en un accidente de automóvil.

Al menos eso era lo que todos creían.

Desde aquel día, Daniel había evitado regresar a la antigua casa donde Elena había vivido antes de casarse con él.

Demasiados recuerdos.

Demasiado dolor.

Pero Noah llevaba semanas preguntando por ella.

Cómo era su habitación.

Dónde había crecido.

Qué flores tenía en el jardín.

Dónde guardaba sus fotografías.

Daniel respiró profundamente.

Iremos ahora mismo.

Los ojos de Noah se iluminaron.

Vanessa giró rápidamente.

Voy con ustedes.

Daniel la miró sorprendido.

No es necesario. Será algo rápido.

Vanessa sonrió.

Precisamente por eso.

Noah no vio cómo sus dedos se cerraban con fuerza alrededor de su bolso.

Los tres caminaron hacia los vehículos.

Entonces alguien gritó desde la calle.

¡Daniel!

Un hombre corría entre los automóviles.

Llevaba una camisa clara, el cabello desordenado y una carpeta marrón apretada contra el pecho.

Daniel lo reconoció de inmediato.

Marcus Reed.

Antiguo abogado privado de Elena.

Hacía casi cuatro años que Daniel no lo veía.

Marcus llegó sin aliento.

¡No vayan solos!

Daniel frunció el ceño.

Marcus levantó la carpeta.

¡Alguien llegó antes que nosotros!

Noah miró a su padre.

Vanessa perdió el color del rostro.

Daniel dio un paso hacia Marcus.

¿Quién?

Marcus miró primero a Noah.

Luego a Vanessa.

Su expresión cambió.

No puedo decirlo aquí.

Vanessa soltó una risa nerviosa.

Esto es ridículo.

Marcus la ignoró.

Daniel, encontré algo relacionado con Elena.

Daniel quedó inmóvil.

¿Qué encontraste?

Una carta.

Vanessa interrumpió.

Daniel, vámonos.

Pero Marcus abrió ligeramente la carpeta.

Dentro había fotografías, copias de documentos bancarios y una llave antigua.

Daniel reconoció aquella llave.

Elena llevaba una igual en su llavero.

Marcus bajó la voz.

Tu esposa me entregó esto tres días antes de morir.

Daniel sintió que el pecho se le cerraba.

¿Por qué nunca me lo diste?

Porque Elena me hizo jurar que solo te lo entregaría si alguien intentaba volver a entrar en la casa.

Daniel miró hacia los autos.

¿Volver a entrar?

Marcus asintió.

El sistema de seguridad de la propiedad se activó esta tarde.

Daniel parecía confundido.

La casa lleva años vacía.

Lo sé.

Marcus miró a Vanessa.

Pero alguien utilizó una antigua llave autorizada.

El silencio cayó entre ellos.

Vanessa cruzó los brazos.

¿Y qué estás insinuando?

Marcus finalmente la miró directamente.

No estoy insinuando nada.

Estoy diciendo que la persona que entró conocía a Elena.

Daniel tomó la carpeta.

Noah se acercó.

¿Hay cosas de mamá ahí?

Daniel iba a responder cuando una fotografía cayó al suelo.

Noah se agachó antes que nadie.

La recogió.

Era una imagen antigua.

Elena aparecía frente a la casa, embarazada de Noah.

A su lado había otra mujer.

Una mujer más joven.

Cabello oscuro.

Vestido azul.

Noah miró la fotografía.

Luego levantó los ojos hacia Vanessa.

Tía Vanessa.

Daniel observó la foto.

Su respiración se detuvo.

Vanessa también estaba en aquella imagen.

Daniel giró lentamente hacia ella.

Tú conocías esa casa.

Vanessa tragó saliva.

Claro que sí.

Elena y yo fuimos amigas.

Marcus negó con la cabeza.

No.

Daniel lo miró.

¿Qué quieres decir?

Marcus sacó otra hoja.

Elena nunca describió a Vanessa como su amiga.

Vanessa dio un paso hacia él.

Cállate.

Noah apretó la fotografía.

Daniel frunció el ceño.

Marcus.

¿Qué decía Elena?

Marcus abrió un documento firmado cuatro años atrás.

Decía que si algo le sucedía, debíamos investigar a una persona.

Vanessa retrocedió.

Daniel tomó el papel.

En la parte inferior aparecía la firma de su esposa.

Encima había una sola frase.

Si muero antes de contarle la verdad a Daniel, que empiecen por Vanessa Cole.

Daniel levantó lentamente la mirada.

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Vanessa ya no sonreía.

Y por primera vez en cuatro años, Daniel sintió que quizá el accidente de Elena nunca había sido un accidente.

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