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Prate 2

EL HOMBRE DETRÁS DEL JEQUE

Emma creyó que aquella nota sería el último contacto entre ellos.

Se equivocó.

Tres días después, mientras terminaba su turno en el hospital, una enfermera entró apresuradamente.

Emma levantó la cabeza.

¿Qué ocurre?

Hay dos hombres preguntando por ti.

Emma salió al pasillo.

Reconoció inmediatamente a uno de ellos.

Era uno de los guardaespaldas del avión.

El hombre se acercó.

El señor Omar Al Rashid desea hablar con usted.

Por primera vez, Emma conoció el nombre completo del desconocido sobre cuyo hombro había dormido.

No puedo aceptar más dinero, respondió.

No viene por eso.

Emma lo siguió hasta una sala privada.

Omar estaba junto a la ventana.

Pero aquella vez no llevaba el impecable traje oscuro del avión.

Tenía las mangas de la camisa ligeramente remangadas y parecía agotado.

Emma se detuvo.

Gracias por ayudar a mi padre.

Omar giró lentamente.

¿Cómo está?

Los médicos dicen que podrá recibir tratamiento.

Entonces el dinero sirvió para algo.

Emma negó con la cabeza.

No fue solo dinero.

Mi padre llevaba meses pensando que era una carga para mí. Cuando supo que alguien desconocido había decidido ayudarlo, volvió a tener esperanza.

Omar permaneció en silencio.

Después sacó una fotografía antigua.

Mostraba a una mujer joven vestida de enfermera.

Emma observó la imagen.

¿Quién es?

Mi madre.

Aquella respuesta la sorprendió.

Omar miró la fotografía.

Cuando yo tenía doce años, enfermó gravemente. Mi padre podía pagar cualquier médico del mundo, pero hubo una noche en la que ninguna cantidad de dinero podía hacer que ella dejara de tener miedo.

Una enfermera se sentó junto a su cama hasta el amanecer.

Emma comprendió entonces por qué la había ayudado.

No lo hizo porque me quedé dormida sobre usted.

No.

Entonces, ¿por qué?

Porque cuando me dijiste que eras enfermera, recordé a la mujer que estuvo junto a mi madre aquella noche.

Omar guardó la fotografía.

Durante años he pensado que todo tiene un precio. Tú me recordaste que algunas cosas tienen valor precisamente porque nadie puede comprarlas.

Antes de que Emma pudiera responder, la puerta se abrió.

Uno de los guardaespaldas entró.

Señor, tenemos un problema.

Omar cambió inmediatamente.

Su expresión volvió a ser fría.

¿Qué ocurre?

El hombre miró a Emma antes de responder.

Alguien ha filtrado la información del pago.

Horas después, varios medios hablaban del misterioso gesto del multimillonario.

Pero la historia había sido manipulada.

Algunos afirmaban que Emma había reconocido a Omar en el avión y había fingido quedarse dormida para acercarse a él.

Otros insinuaban que había inventado la enfermedad de su padre.

Cuando Emma salió del hospital, varias personas esperaban fuera.

Preguntas.

Teléfonos.

Cámaras.

Emma retrocedió.

Omar apareció detrás de ella.

Sus guardaespaldas abrieron paso.

En el coche, Emma estaba furiosa.

Yo nunca pedí esto.

Lo sé.

Ahora todo el mundo cree que utilicé a mi padre para conseguir dinero.

Omar miró por la ventana.

Encontraré a quien filtró la información.

Eso no arreglará mi vida.

Aquella frase lo hizo callar.

Por primera vez, Omar comprendió que su ayuda también había convertido a Emma en objetivo.

Entonces sonó su teléfono.

Su jefe de seguridad habló durante pocos segundos.

El rostro de Omar cambió.

¿Estás seguro?

Colgó.

Emma lo miró.

¿Qué pasa?

Omar tardó unos segundos en responder.

La información no salió de mi oficina.

¿Entonces de dónde?

Del hospital.

Emma quedó inmóvil.

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Alguien allí sabía exactamente cuánto había pagado Omar.

Y también conocía detalles privados sobre la enfermedad de su padre.

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