CAPÍTULO 2: UNA PRUEBA DE CARÁCTER

A la mañana siguiente, la camarera recibió una llamada inesperada.
Un sedán negro de lujo la esperaba frente a su pequeño apartamento.
Dentro estaba sentado el mismo hombre que la había despedido.
“Te debo una disculpa.”
Ella permaneció de pie.
“No vine por una disculpa.”
Él asintió.
“Lo sé.”
Le entregó un sobre sellado.
Dentro había una oferta de trabajo.
No como camarera.
Sino como directora de Relaciones con los Huéspedes para todos los hoteles que pertenecían a su compañía.
Ella lo miró con incredulidad.
“Apenas me conoce.”
“Sé lo suficiente.”
Él deslizó una tableta sobre el asiento.
Contenía informes de todos los lugares donde ella había trabajado.
Todos los gerentes habían escrito comentarios casi idénticos.
Honesta.
Serena bajo presión.
Siempre protege a los demás antes que a sí misma.
Nunca acepta trato especial.
Él miró por la ventana.
“Construí mi compañía confiando en currículums.”
Luego volvió a mirarla.
“Mi madre me recordó que el carácter dice la verdad mucho antes que los documentos.”
Ella sonrió con cortesía.
“Aceptaré.”
“Pero con una condición.”
Él levantó una ceja.
“Ningún empleado de su compañía debería ser castigado antes de que se conozca toda la historia.”
Después de una larga pausa…
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Él extendió la mano.
“Tiene mi palabra.”