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CAPÍTULO 13: LA MUJER QUE DESAPARECIÓ

La policía no encontró a Clara.

Su teléfono estaba apagado.

Su automóvil permanecía en el estacionamiento.

Y su cuenta bancaria no había registrado ningún movimiento.

Emily estaba preocupada por su hijo.

“No podemos decirle que su madre lo abandonó.”

“No lo ha abandonado.”

“Entonces, ¿dónde está?”

No tenía una respuesta.

Dos días después recibimos una llamada desde un número internacional.

Era Clara.

“¿Está bien mi hijo?”

“Sí.”

“¿Puedo hablar con él?”

“Claro.”

Le pasé el teléfono.

Después de unos minutos, el niño comenzó a llorar.

Clara también.

Cuando terminó la llamada, Emily me miró.

“¿Por qué se fue?”

Clara volvió a hablar conmigo.

“Tu padre no era el hombre que creías.”

“Eso ya lo sé.”

“No. No lo sabes.”

“Entonces explícamelo.”

Clara guardó silencio.

“Hace quince años, tu padre descubrió que Vanessa estaba robando dinero.”

“¿Vanessa?”

“Sí.”

“¿Y por qué no la denunció?”

Clara respondió:

“Porque no estaba robando sola.”

Sentí que el aire desaparecía de la habitación.

“¿Con quién?”

Clara pronunció un nombre.

Un nombre que jamás habría esperado escuchar.

El antiguo director financiero de la empresa.

Un hombre que había sido considerado uno de los amigos más cercanos de mi padre.

“¿Sigue vivo?”, pregunté.

“Sí.”

“¿Dónde está?”

“Trabajando para tu fundación.”

Me quedé completamente inmóvil.

Clara continuó:

“Su nombre es Richard Cole.”

Emily me miró.

“¿Qué ocurre?”

No respondí.

Porque Richard había sido uno de los primeros hombres que apoyaron nuestra fundación.

Había donado dinero.

Había ayudado a organizar nuestros programas.

Y había sido recibido en nuestra casa.

Clara susurró:

“Tu padre intentó denunciarlo.”

“¿Qué ocurrió?”

“Vanessa lo convenció de que no lo hiciera.”

“¿Por qué?”

Clara respiró profundamente.

“Porque Richard tenía algo contra ella.”

“¿Qué?”

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La respuesta tardó demasiado en llegar.

“Una grabación.”

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