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LAS CAMPANAS DE LA BODA / Chapter 2 / 3

PARTE 2: “¿POR QUÉ TE FUISTE?”

Adrien recorrió el pasillo del hospital casi corriendo.

Todavía llevaba el esmoquin.

La pequeña flor blanca continuaba prendida en su chaqueta.

Solo su cabello desordenado y su respiración agitada revelaban que había abandonado una boda minutos antes.

Encontró la habitación.

La puerta estaba parcialmente abierta.

Camille seguía junto a la ventana.

El bebé dormía contra su pecho.

Adrien se detuvo en el umbral.

Durante varios segundos ninguno habló.

“Camille…”

Ella levantó lentamente la mirada.

Adrien dio un solo paso.

Miró al bebé.

“¿Es... es mi hijo?”

Camille permaneció en silencio.

Adrien sintió rabia.

Miedo.

Esperanza.

Todo al mismo tiempo.

Entonces el bebé movió ligeramente una mano.

Camille acarició la manta.

“¿Por qué te fuiste?”

Adrien levantó la mirada.

“¿Yo?”

No podía creerlo.

“Fuiste tú quien desapareció.”

Camille negó lentamente.

“Eso es lo que te hicieron creer.”

Adrien sintió un vacío en el estómago.

Camille le pidió que cerrara la puerta.

Después señaló una bolsa sobre la pequeña mesa.

“Ábrela.”

Dentro había un teléfono antiguo.

Adrien lo reconoció inmediatamente.

“Ese era tu teléfono.”

“Sí.”

“Dijiste que lo habías perdido.”

“No lo perdí.”

Camille respiró profundamente.

“Victoria me lo devolvió hace dos semanas.”

Adrien se quedó inmóvil.

Camille explicó que nueve meses atrás había descubierto que estaba embarazada.

Había comprado una pequeña caja y dentro había colocado la primera ecografía.

Quería sorprender a Adrien durante la cena.

Pero antes de llegar a casa recibió una llamada.

Era Victoria.

Le pidió reunirse con ella.

Dijo que se trataba de Adrien.

Camille aceptó.

Victoria le mostró fotografías.

Adrien entrando en un hotel.

Adrien abrazando a una mujer.

Mensajes supuestamente enviados desde su número.

En uno podía leerse que llevaba meses intentando encontrar la manera de terminar con Camille.

Camille no quiso creerlo.

Entonces Victoria le mostró algo peor.

Una conversación en la que Adrien supuestamente decía:

“Si estuviera embarazada, sería una tragedia.”

Adrien negó con la cabeza.

“Yo jamás escribí eso.”

“Ahora lo sé.”

Pero aquella noche Camille no lo sabía.

Estaba embarazada, aterrorizada y emocionalmente destruida.

Victoria le dijo que Adrien ya había elegido otra vida.

Y después hizo una propuesta.

Si Camille desaparecía sin provocar un escándalo, Victoria se aseguraría de que nadie la molestara.

“¿Por qué no viniste a preguntarme?”

Los ojos de Camille se llenaron de lágrimas.

“Lo intenté.”

Sacó el teléfono antiguo.

Había decenas de llamadas.

Mensajes.

Correos electrónicos.

Todos enviados a Adrien.

Ninguno había recibido respuesta.

Adrien sintió que sus manos comenzaban a temblar.

“Yo nunca recibí nada.”

“Lo sé.”

Camille había descubierto la verdad dos semanas atrás.

Un técnico logró recuperar información del teléfono.

Alguien había instalado una aplicación de desvío y sincronización meses antes.

Camille recordó exactamente cuándo.

Durante una cena en casa de Adrien, dejó el teléfono sobre la mesa mientras fue al baño.

Victoria estuvo sola junto al dispositivo durante varios minutos.

Pero aquello todavía no explicaba por qué Adrien tampoco había podido contactar con Camille.

Entonces Camille le entregó otro documento.

No era una prueba de ADN.

Era un registro de cambio de número y bloqueo de cuentas.

Varias solicitudes se habían realizado desde la oficina privada de Adrien.

Con credenciales de acceso pertenecientes a su asistente personal.

Adrien cerró los ojos.

Victoria había trabajado temporalmente con aquella asistente durante la enfermedad de su padre.

Había tenido acceso al edificio.

A su agenda.

A algunos dispositivos.

A demasiadas cosas.

“¿Por qué me dijiste que no podías tener hijos?”

Camille bajó la mirada.

“Porque Victoria sabía del embarazo.”

Adrien no entendió.

Camille continuó.

Después de mostrarle las fotografías falsas, Victoria le aseguró que Adrien jamás aceptaría al bebé.

Camille entró en pánico.

Cuando Adrien finalmente consiguió verla brevemente días después, ella ya había decidido marcharse.

Él le preguntó si existía otra razón.

Ella quiso decirle que estaba embarazada.

Pero tuvo miedo.

Así que utilizó la mentira más cruel que pudo imaginar.

Le dijo que nunca podría tener hijos.

Pensó que así Adrien la dejaría ir sin buscarla.

“Cometí el peor error de mi vida”, susurró.

Adrien miró al niño.

“¿Y por qué hoy?”

Camille respondió:

“Porque ayer descubrí que te casabas con ella.”

Adrien se acercó un poco más.

Entonces el bebé abrió los ojos.

Una diminuta mano salió de la manta y se acercó al mentón.

Adrien se inclinó.

Y se quedó completamente inmóvil.

Había algo justo debajo de la oreja izquierda del niño.

Una pequeña marca de nacimiento.

Con una forma inconfundible.

Adrien llevó instintivamente la mano detrás de su propia oreja.

Tenía exactamente la misma.

Su padre también la había tenido.

Y su abuelo.

Camille observó cómo el color desaparecía del rostro de Adrien.

No necesitó preguntarle qué había visto.

Adrien susurró:

“Dios mío…”

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Pero antes de que pudiera decir algo más, la puerta se abrió.

Victoria estaba allí

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