PARTE 2

Emma permaneció inmóvil frente a la salida del salón.
Durante unos segundos no supo qué responder.
Alejandro estaba allí sin chofer, sin guardaespaldas y sin aquel aire de hombre intocable que siempre lo acompañaba. Parecía cansado. Incluso vulnerable.
Emma lo observó con atención.
No eres un hombre acostumbrado a pedir permiso, dijo finalmente.
Alejandro bajó la mirada.
No. Y quizá ese ha sido siempre mi problema.
Emma sostuvo su bolso contra el pecho.
Cambiar no significa aparecer aquí y decir unas palabras bonitas.
Lo sé.
Significa aceptar las consecuencias de todo lo que hiciste.
Alejandro guardó silencio.
La joven abrió la puerta del salón.
Entonces empieza por ahí.
Y se marchó.
Alejandro creyó que aquella conversación terminaría así, pero esa misma noche recibió una llamada que cambiaría todo.
Era su abogado.
Alejandro, tenemos un problema.
¿Qué ocurrió?
La policía ha recibido otro paquete relacionado con tu esposa.
Alejandro se quedó inmóvil.
¿Qué clase de paquete?
Documentos bancarios, fotografías y una memoria USB.
¿De dónde vienen?
No lo sabemos. Pero hay algo peor.
El abogado hizo una pausa.
Tu esposa aparece en uno de los videos hablando con un hombre que tú conoces muy bien.
Alejandro sintió que la sangre se le helaba.
Una hora más tarde estaba sentado en el despacho de su abogado viendo la grabación.
La imagen había sido registrada en una cafetería de otro país apenas tres meses antes.
Su esposa, Isabella, aparecía sentada frente a un hombre de unos cincuenta años.
Alejandro reconoció al hombre de inmediato.
Era Víctor Salas.
Durante más de veinte años, Víctor había sido uno de sus hombres de mayor confianza.
Conocía sus empresas, sus propiedades, sus cuentas y muchos de sus secretos.
Pero Víctor había desaparecido poco después que Isabella.
Todos habían supuesto que había huido por miedo a una investigación policial.
Ahora Alejandro comprendía que aquella coincidencia podía no ser casual.
En el video no había sonido, pero Isabella le entregaba una carpeta a Víctor.
Él la guardaba dentro de un maletín.
Después, ambos se levantaban y se marchaban juntos.
Alejandro apretó los puños.
Encuéntralo.
Su abogado negó lentamente.
No puedes actuar como antes. Ahora te están vigilando más que nunca.
Alejandro clavó la mirada en la pantalla.
Entonces averigua dónde está legalmente.
Mientras tanto, Emma intentaba acostumbrarse a su nueva vida.
El escándalo había hecho que algunos clientes del salón la reconocieran.
Unos la miraban con curiosidad.
Otros la juzgaban.
Algunos incluso tomaban fotografías a escondidas.
Pero Emma había pasado años sobreviviendo en lugares mucho peores.
Sabía soportar las miradas.
Lo que no esperaba era recibir una carta.
Aquella tarde, una empleada se acercó a recepción con un sobre blanco.
Esto lo dejaron para ti.
¿Quién?
Una mujer. No quiso dar su nombre.
Emma abrió el sobre.
Dentro solo había una fotografía.
Era una imagen antigua.
En ella aparecía Emma cuando era niña.
Tendría unos siete años.
Estaba junto a una mujer joven que la abrazaba por los hombros.
Emma reconoció a la mujer.
Era su madre.
Pero había alguien más.
Al fondo de la fotografía aparecía Isabella, la esposa desaparecida de Alejandro.
Emma sintió que las piernas le temblaban.
Nunca había visto aquella fotografía.
En la parte posterior había una frase escrita a mano.
Tu encuentro con Alejandro no fue una casualidad.
Emma miró hacia la calle.
Al otro lado había un automóvil oscuro estacionado.
Cuando ella salió del salón, el vehículo arrancó inmediatamente.
Emma llamó a Alejandro.
Necesito verte.
Treinta minutos después se encontraron en una cafetería pequeña, lejos de las zonas donde Alejandro solía moverse.
Emma puso la fotografía sobre la mesa.
Alejandro la tomó.
Su rostro cambió.
¿De dónde sacaste esto?
Alguien la dejó en el salón.
Alejandro observó detenidamente a las tres personas.
Conocía a Isabella, pero no a la madre de Emma.
¿Tu madre conocía a mi esposa?
Eso parece.
Emma respiró profundamente.
Mi madre murió cuando yo tenía doce años. Nunca me habló de Isabella.
Alejandro giró la fotografía.
Cuando leyó la frase escrita detrás, levantó los ojos.
Esto cambia las cosas.
¿Por qué?
Porque alguien sabía quién eras antes de que yo te encontrara.
Emma sintió un escalofrío.
Alejandro recordó el día del viejo mercado.
El semáforo.
La pared abandonada.
Emma parada exactamente donde él podía verla desde el automóvil.
Hasta entonces siempre había creído que había sido una coincidencia extraordinaria.
Ahora ya no estaba tan seguro.
Emma apoyó ambas manos sobre la mesa.
¿Estás diciendo que alguien me puso allí?
No lo sé.
Pero alguien quiere que nos hagamos esa pregunta.
Aquella noche, Alejandro hizo revisar discretamente las cámaras de seguridad de la zona del mercado.
La mayoría habían borrado las grabaciones después de varias semanas.
Sin embargo, una tienda de empeños guardaba copias durante seis meses.
El dueño conocía a uno de los abogados de Alejandro y aceptó entregar las imágenes a la policía.
En una de ellas apareció algo perturbador.
Veinte minutos antes de que Alejandro llegara al semáforo, un automóvil gris se detuvo cerca de Emma.
Una mujer bajó.
Habló con ella durante menos de un minuto.
Después le entregó algo y señaló hacia la esquina.
Emma observó la pantalla junto a Alejandro.
No recuerdo su rostro.
¿La habías visto antes?
No.
Emma se quedó pensando.
Entonces abrió los ojos.
Espera.
¿Qué?
Me dio dinero.
Alejandro giró hacia ella.
¿Qué dinero?
Me dijo que un restaurante necesitaba una persona para limpiar platos. Me dio veinte dólares y me dijo que esperara allí porque alguien vendría a buscarme.
Alejandro sintió un nudo en el estómago.
Alguien había colocado a Emma exactamente en su camino.
Y aquella persona conocía sus horarios.
La policía logró identificar el automóvil gris.
Había sido alquilado con documentos falsos.
Pero las cámaras de una gasolinera habían captado a la conductora con mayor claridad.
Cuando Alejandro vio la imagen, se levantó de golpe.
Era Isabella.
Su propia esposa había colocado a Emma frente a él.
Pero nadie comprendía por qué.
Tres días después, Emma recibió una llamada desde un número desconocido.
Cuando contestó, escuchó una voz femenina.
Emma.
La joven se quedó helada.
¿Quién es?
Isabella.
Emma casi dejó caer el teléfono.
Necesito hablar contigo antes de que Alejandro descubra toda la verdad.
¿Por qué me pusiste en su camino?
Porque necesitaba saber qué haría él al verte.
No entiendo.
Lo entenderás.
Isabella guardó silencio durante unos segundos.
Pero debes venir sola.
Emma miró hacia la puerta del salón.
¿Dónde?
Isabella le dio una dirección.
Un antiguo hotel cerrado desde hacía años.
Y antes de colgar añadió algo que hizo que Emma sintiera un frío insoportable.
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No confíes en Alejandro.
Pero tampoco confíes en mí.