PARTE 3: LA VERDAD QUE VALERIA HABÍA PREPARADO

La nueva grabación había sido tomada cuarenta minutos antes.
Alejandro todavía no había llegado al hotel.
Mateo tampoco.
Valeria aparecía entrando sola en una zona reservada para invitados.
No llevaba su bolso de gala.
Llevaba una pequeña bolsa negra.
La cámara la seguía hasta un pasillo lateral.
Allí se reunía con un hombre.
Alejandro lo reconoció inmediatamente.
Sebastián Cole.
Su director financiero.
Un hombre que había trabajado con él durante seis años.
Un hombre que conocía sus inversiones, sus contratos, sus propiedades y casi todas las cuentas importantes de su empresa.
Alejandro sintió que el pecho se le endurecía.
"Amplíelo."
El responsable de seguridad amplió la imagen.
Sebastián entregaba algo a Valeria.
Ella lo guardaba.
Después hablaban durante casi tres minutos.
No había audio.
Antes de separarse, Sebastián tomaba a Valeria del brazo.
No era un gesto profesional.
Era íntimo.
Mateo miró a su padre.
Alejandro permaneció impasible.
Pero su mandíbula estaba tan tensa que parecía tallada en piedra.
Valeria comenzó a retroceder.
"Eso no significa nada."
Alejandro casi sonrió.
"No he preguntado."
"Sebastián me estaba dando documentos."
"¿Qué documentos?"
"Del evento."
"Sebastián no forma parte de la organización."
Ella guardó silencio.
Alejandro llamó inmediatamente a su abogado.
Después llamó al responsable interno de seguridad de su empresa.
"Bloquea todos los accesos de Sebastián Cole."
Valeria levantó la voz.
"¡Estás perdiendo la cabeza!"
Alejandro continuó hablando por teléfono.
"Correo, cuentas, servidores, tarjetas corporativas, acceso remoto. Todo. Ahora."
Colgó.
"¿Qué crees que vas a encontrar?"
Alejandro volvió a sentarse.
"Eso espero descubrirlo contigo aquí."
Los agentes de policía entraron pocos minutos después.
El plato fue preservado y retirado para su análisis.
Nadie hizo afirmaciones sobre lo que contenía.
Todavía no había resultados.
Pero ya existían suficientes preguntas para iniciar una investigación.
Alejandro entregó voluntariamente las grabaciones.
También explicó los incidentes anteriores con Mateo.
Valeria intentó abandonar el hotel.
No fue arrestada en aquel momento.
Pero uno de los agentes le indicó que necesitarían hablar formalmente con ella.
Antes de salir, Valeria se acercó a Alejandro.
"Cuando descubran que no había nada peligroso, vas a arrepentirte de haber hecho esto."
Alejandro sostuvo su mirada.
"Si no había nada, será una excelente noticia."
Valeria esperó.
Alejandro continuó.
"Pero no explicará por qué llevas meses intentando destruir la confianza entre mi hijo y yo."
Ella no respondió.
Salió del hotel.
Alejandro llevó a Mateo a casa de su hermana aquella misma noche.
No regresaron a la mansión.
Mientras Mateo dormía, Alejandro permaneció en la cocina de su hermana revisando años de documentos.
A las tres de la madrugada recibió una llamada.
Era Daniel Vargas, jefe de seguridad digital de su empresa.
"Encontramos algo."
Alejandro se puso de pie.
"Habla."
"Sebastián descargó archivos financieros hace cuatro semanas."
"¿Qué archivos?"
"Documentos sobre seguros personales, fideicomisos familiares, sucesión accionaria y tus pólizas."
Alejandro permaneció en silencio.
Daniel continuó.
"También revisó documentación relacionada con el control de tus acciones en caso de fallecimiento."
Alejandro sintió un frío inmediato.
"¿Quién recibiría el control?"
"Depende de las circunstancias."
"Daniel."
Hubo unos segundos de silencio.
"Actualmente Mateo es el beneficiario principal de gran parte de tus activos personales."
Alejandro miró hacia el pasillo donde dormía su hijo.
"¿Y quién administraría esos activos mientras fuera menor?"
Otra pausa.
"Según una modificación presentada hace seis meses, Valeria figuraba como administradora propuesta en varios borradores."
Alejandro cerró los ojos.
"Yo nunca autoricé eso."
"Lo sé."
"Entonces, ¿quién preparó los documentos?"
"Sebastián."
Alejandro apoyó una mano sobre la mesa.
Todo comenzó a encajar.
La campaña para hacer parecer problemático a Mateo.
Las conversaciones sobre enviarlo con sus abuelos.
Las preguntas de Valeria sobre matrimonio.
Los documentos de sucesión.
La relación secreta con Sebastián.
Y ahora la cena.
Daniel volvió a hablar.
"Hay más."
"Continúa."
"Encontramos transferencias."
Alejandro abrió los ojos.
"¿De cuánto?"
"Más de dos millones de dólares distribuidos en pequeñas operaciones durante dieciocho meses."
Alejandro tardó varios segundos en responder.
"¿Destino?"
"Empresas pantalla."
"¿Relacionadas con Sebastián?"
"Dos sí."
"¿Y las otras?"
"No lo sabemos todavía."
Alejandro miró su reloj.
Era casi el amanecer.
"Quiero una auditoría completa."
"Ya está en marcha."
"Y Daniel."
"Sí."
"Nadie habla con Sebastián."
"Entendido."
Cuando Alejandro terminó la llamada, escuchó unos pasos pequeños.
Mateo estaba de pie en la puerta.
Llevaba un pijama prestado y abrazaba una almohada.
"Papá."
Alejandro dejó el teléfono.
"¿Por qué estás despierto?"
"Escuché tu voz."
Mateo se acercó.
"¿Valeria quería hacerte daño?"
Alejandro no sabía cómo responder aquella pregunta sin cargar a su hijo con un miedo que no le correspondía.
Se arrodilló delante de él.
"Todavía estamos averiguando qué pasó."
"Pero me crees."
Alejandro sintió que aquellas palabras le atravesaban el pecho.
"Sí."
Mateo lo miró durante varios segundos.
"Antes no."
Alejandro bajó la cabeza.
"No."
No intentó justificarse.
No culpó a Valeria.
No dijo que había sido engañado.
Simplemente aceptó la verdad.
"Antes no te creí cuando debía haberte escuchado."
Mateo dejó la almohada en el suelo.
Alejandro continuó.
"Y eso fue un error mío."
El niño comenzó a llorar.
"Pensé que si decía algo esta noche también ibas a enojarte."
Alejandro lo abrazó.
Mateo escondió el rostro contra su pecho.
"Tuve miedo."
"Lo sé."
"Pero pensé que si comías eso podía pasar algo."
Alejandro apretó los ojos.
Su hijo había tenido miedo de hablar.
Y aun así había hablado.
"Fuiste muy valiente."
Mateo negó con la cabeza.
"Estaba temblando."
"Ser valiente no significa no tener miedo."
Alejandro lo abrazó más fuerte.
"Significa hacer lo correcto aunque lo tengas."
Tres días después llegó el primer informe sobre el plato.
Alejandro estaba reunido con su abogado cuando recibió la llamada de la detective responsable del caso.
Ella habló con cautela.
Los análisis habían encontrado una sustancia que no correspondía a ninguno de los ingredientes habituales del plato.
Se necesitaban pruebas adicionales para determinar exactamente su naturaleza y cantidad.
Alejandro colgó.
No celebró haber tenido razón.
La confirmación parcial solo lo hizo sentir peor.
Su teléfono sonó nuevamente.
Esta vez era Daniel.
"Tenemos a Sebastián."
"¿Dónde?"
"Intentó acceder al servidor desde una propiedad en las afueras."
"¿La policía lo sabe?"
"Sí."
"¿Qué encontraron?"
Daniel respiró profundamente.
"Creo que deberías venir."
En la propiedad, los investigadores habían encontrado documentos financieros, copias de pólizas, fotografías de firmas de Alejandro y varias carpetas con nombres de empresas.
Pero lo que más llamó la atención de Alejandro fue una fotografía impresa.
Mateo.
Saliendo de su escuela.
Alejandro la sostuvo entre los dedos.
Había otras.
Mateo en el parque.
Mateo entrando en casa de sus abuelos.
Mateo acompañado por su niñera.
Alejandro sintió una furia que apenas consiguió controlar.
La detective tomó una de las fotografías.
"Creemos que estaban estudiando sus rutinas."
Alejandro se volvió hacia ella.
"¿Para qué?"
"Eso todavía no lo sabemos."
Uno de los investigadores apareció desde la habitación contigua.
"Detective."
Llevaba una computadora portátil dentro de una bolsa de evidencia.
"Encontramos conversaciones borradas."
La detective lo miró.
"¿Se pueden recuperar?"
"Parte de ellas."
Alejandro no apartaba la vista del ordenador.
Horas después, una frase recuperada de uno de aquellos mensajes cambió completamente la investigación.
No mencionaba ningún plato.
No hablaba de la gala.
No incluía una amenaza explícita.
Solo seis palabras.
Cuando el niño esté fuera, terminamos.
Alejandro leyó la frase tres veces.
Después levantó la mirada hacia la detective.
"Quiero saber qué significa."
Ella guardó silencio.
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Alejandro repitió.
"Quiero saber qué pensaban hacer cuando mi hijo estuviera fuera."